
Lo que debía ser una alfombra para la ida de las semifinales de la Copa del Rey se transformó en una trampa de arena y botes irregulares. El Riyadh Air Metropolitano, uno de los estadios más modernos y vanguardistas de Europa, vivió el pasado jueves una de sus noches más negras en cuanto al estado de su terreno de juego. Y no es la primera vez que sucede...
Las quejas, que empezaron como un rumor en la previa desde el bando colchonero, terminaron estallando tras el error de Joan García que abrió la goleada. No fue un resbalón aislado.
De hecho, durante los más de 90 minutos de partido, la imagen de futbolistas de primer nivel perdiendo el equilibrio fue una constante. El césped, que visualmente presentaba calvas y zonas de distinto color, no logró ofrecer la tracción necesaria, convirtiendo el partido en una prueba de supervivencia física más que en un despliegue táctico.
El "boti-boti" que traicionó a Joan García
La secuencia del 1-0 es el ejemplo perfecto de cómo un campo en mal estado puede alterar el destino de una eliminatoria. Cuando Eric García cedió el balón a su portero, el esférico no rodó de forma lineal. Las cámaras captaron cómo la pelota iba dando pequeños saltos, producto de la falta de uniformidad de la hierba y la inestabilidad de la capa de tierra inferior.
Este comportamiento errático hizo que el balón se elevara unos centímetros justo antes de llegar al pie de Joan García, pasando por debajo de su bota como si de un "conejo" se tratase. En un campo en condiciones óptimas, ese pase habría sido un trámite; en el Metropolitano de este jueves, fue el inicio del fin para el Barça.
😔 TIERRA, TRÁGAME.
Error de Joan García y el Atleti se adelanta en el marcador. #LaCopaMola #LaCasaDelFútbol pic.twitter.com/Z1VDIYfCoR
— Movistar Plus+ Deportes (@MPlusDeportes) February 12, 2026
El "Ladrillo" técnico: ¿Por qué falló el drenaje y la siembra?
El Metropolitano ha sufrido las consecuencias de una combinación letal: el uso intensivo del estadio y las condiciones climáticas de las últimas semanas en Madrid. La humedad acumulada y la falta de horas de sol directo sobre el tapete —dificultada por la propia arquitectura de la cubierta del estadio— han impedido que la resiembra de invierno enraíce correctamente. Por ello, a diferencia de otros campos, el césped del Metropolitano parecía levantarse en "champiñones" al menor contacto, evidenciando una falta de agarre entre la hierba y el sustrato que ni siquiera los potentes sistemas de calefacción del club han podido paliar.
La indignación en el seno del FC Barcelona es total, pero también hay preocupación en el Atlético. Jugar en un campo así perjudica a los "jugones" como Griezmann o Pedri, y aunque el Cholo Simeone supo adaptar su agresividad a las circunstancias, el riesgo de lesiones fue altísimo.
Este episodio pone al Metropolitano en el mismo saco de sospecha que Vallecas. Si bien el estadio rojiblanco no ha sido clausurado, la auditoría de LaLiga tras el partido ha sido severa. En una liga que presume de ser "la mejor del mundo", que su estadio más emblemático presente este aspecto en una semifinal de Copa es un daño reputacional difícil de ignorar.
Una crisis que recorre los estadios de España
Lo ocurrido en el Metropolitano no es un hecho aislado, sino el último capítulo de una crisis que preocupa seriamente a LaLiga.
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El precedente de Vallecas: El pasado fin de semana se suspendió el Rayo-Oviedo por falta de garantías de seguridad.
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El destierro a Butarque: Precisamente por este motivo, el próximo Rayo-Atleti se jugará en Leganés ante la imposibilidad de recuperar el césped a tiempo.
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Resbalones constantes: Durante la semifinal de Copa, los jugadores de ambos equipos se convirtieron en patinadores improvisados, evidenciando que el "tapete" madrileño estaba lejos de su mejor versión.

