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"Llámame Rubi, Ernesto, que me siento más cómodo"

Valverde y Rubi se reencuentran en Barcelona, su ciudad talismán, en el derbi del sábado tras ser técnicos del Espanyol y del filial hace doce años.

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Rubi (i) y Ernesto Valverde (2i) se reencontrarán este sábado en el derbi catalán de Cornellá. | Archivo

Cuentan que en verano de 2006, recién llegado a su nuevo despacho de la Ciudad Deportiva del Espanyol, Ernesto Valverde recibió en aquella sala a Joan Francesc Ferrer Sicilia, técnico del filial. Valverde se encontró delante a un tipo tímido pero notó enseguida, que la persona que tenía enfrente entró en conversación con el que se había convertido en su nuevo jefe. "Llámame Rubi, Ernesto, me siento más cómodo".

Iniciaron entonces una amistad que hoy continúa y que hace muy cómodo que se vea este viernes la foto tradicional de entrenadores antes del derbi en el estadio que alberga el partido, en este caso, Cornellá-El Prat. Este sábado Rubi y Valverde serán enemigos en un derbi que, ultimamente, ha retomado la igualdad perdida. Hubo un tiempo (con Guardiola, Tata Martino, Tito Vilanova) que el Barcelona se paseaba por la casa de su enemigo. Era recibido con alfombra, no había presión ni había competición. Eso ha cambiado y el año pasado el Espanyol no perdió en casa ante su eterno rival (1-0 en la Copa, partido de ida aunque luego fueron eliminados) y 1-1 en la Liga.

Rubi y Valverde salieron de aquella reunión, ese lejano verano de 2006, con sensaciones mutuas muy gratificantes. Rubi había ascendido al filial ese mismo verano a Segunda B y aquella temporada fue magnífica. Valverde venía de un año en paro, dolido por su salida de Bilbao, pero ilusionado con su vuelta (ya fue jugador, y muy emblemático) al club perico. Tan sólo diez meses después, perdió una final europea ante el Sevilla de Juande. Una final impensable, el día de la reunión en el despacho.

Separaron sus caminos en febrero de 2008 cuando a Rubi le destituyeron del filial. Luego tuvo aventuras en Ibiza, Benidorm, Girona (un play off a Primera, incluido), cuerpo técnico del Barcelona a las órdenes de Tito Vilanova y luego de Martino, y Valladolid, donde también clasificó al equipo para un play off. Las últimas aventuras en Levante y Sporting fueron malas, con descensos a Segunda, pero Rubi se desquitó de manera furibunda en Huesca con un ascenso increíble, el año pasado.

Valverde decidió marcharse del Espanyol en verano de 2008 y luego pasó por Grecia, Villarreal, Valencia, otra vez el Athletic, hasta su llegada al Barça. El sábado vuelven a competir en un partido en la ciudad donde a los dos les ha llegado el máximo reconocimiento como entrenadores

Será entonces cuando se puedan contar sus historias, seguro de querer compartir una comida o un café largo en vez del saludo fugaz que les permite la tensión del partido. Sólo eso les daría la posibilidad de hablar largo y tendido de lo que piensan el uno y el otro. Rubi le podría contar a Ernesto que pensó en abandonar el fútbol, allá por 2012, cuando nadie le llamaba. Ernesto a Joan Francesc, que el 30 de junio tiene una duda existencial enorme, marcharse o seguir con su legado en el club. Seguro que recordarían esa primera vez que se vieron y aquella charla en el despacho. En lugar de eso, la competición les cegará durante dos horas. El fútbol corre demasiado y no tiene tiempo para los amigos.

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