
Xabi Alonso es historia en el Real Madrid. Este lunes saltaba la bomba informativa del cese del técnico tolosarra. Una decisión que sorprendió por el momento a muchos, incluso a los propios jugadores que se enteraron por la prensa, pero que desde el club, como informamos en Libertad Digital, venían sopesando desde hace tiempo, quizás demasiado. Como apuntó Guillermo Domínguez este lunes, uno de los detonantes fue el aspecto físico y Antonio Pintus, pero no fue el único ni el principal motivo. Hay varios más.
El club confió en Alonso para darle una nueva identidad al equipo. Un técnico moderno, con una filosofía de trabajo muy diferente a la de Carlo Ancelotti, intervencionista y de gran riqueza táctica. Parecía la pieza perfecta para intentar reactivar a un equipo que se había caído la pasada temporada después de ganarlo todo con el técnico italiano y que necesitaba aire fresco.
El tiempo, casi siete meses y medio, ha terminado por retratar a un entrenador que no ha sido capaz de darle una identidad a su equipo, de hacerlo crecer ni de ser competitivo en la mayoría de citas ante equipos grandes.
La falta de confianza
Los motivos de su despido son varios y muy marcados. El principal: la falta de confianza que había generado en gran parte de la cúpula directiva, incluido un Florentino Pérez que le dio a Xabi algo que no había concedido ni al mismísimo Ancelotti —el técnico más laureado en la historia del club—, el apartar a Pintus —a quien, por cierto, Carlo no aguantaba— para que el vasco pudiera incorporar a su propio preparador físico Ismael Camenforte-López.
Esta falta de confianza se vio generada por varios aspectos: el equipo no transmitía buenas sensaciones, el vestuario enrarecido, con enfrentamientos con varios jugadores, cambios extraños, el trato y la falta de oportunidades que recibió un Endrick, quien es considerado patrimonio del club, la falta de competitividad en las grandes citas... y una sensación en las altas esferas de gran decepción con un Xabi, a quien, debido a su pasado en el Real Madrid, se le presuponía el conocimiento necesario de cómo funciona el club. Muchos hablan de que Alonso pidió el fichaje de un ‘5’, específicamente Zubimendi, y el club no se lo dio. No puede sorprenderse el vasco, porque sabe perfectamente que en el Madrid ficha la dirección deportiva, encabezada por José Ángel Sánchez y Juni Calafat. Alonso aceptó el reto de entrenar al Real Madrid conociendo perfectamente el plantel que iba a tener a su disposición; si consideraba que con lo que tenía no le llegaba -faltan cosas pero sin duda con lo que tenía le daba para mucho más-, no debería haber firmado.
El vestuario y la falta de comunicación
También sabe, él mejor que nadie, el tipo de club que es el Madrid y la importancia que tiene controlar el vestuario. Tú puedes ser el mejor entrenador del mundo, tener las mejores ideas, ser buenísimo, pero si no te haces con el vestuario estás muerto. En el Madrid, en cualquier equipo y en todos los ámbitos de la vida es fundamental cuando lideras un grupo saber transmitir tus ideas, hacer que tu grupo confíe en ellas para que puedan llevarlas a cabo. Una de las cosas que más ha sorprendido y que ha supuesto una enorme decepción en los que siguen el día a día del equipo en Valdebebas ha sido la falta de comunicación de Alonso. Su contraste con la manera de trabajar de Ancelotti es brutal y, para conseguir éxito en los cambios que quieres aplicar, necesitas llegar a los jugadores. Su enfrentamiento a gran parte del vestuario fue una de sus grandes condenas.
Le ha faltado mucha comunicación al ex del Bayer Leverkusen para reunirse con sus jugadores y ganarse su confianza. Eso, en el día a día, genera un desgaste brutal, al igual que el hecho de mandar a tu segundo entrenador o de decirlo delante del grupo para transmitir algún mensaje negativo. Esa ausencia de cercanía con tu grupo es un fallo garrafal de tal calibre que el club le tuvo que pedir que se reuniera con algunos jugadores antes del partido en Atenas contra el Olympiakos. Ya era tarde.
Sin identidad, futbolísticamente no transmite nada
Si en temas de gestión de vestuario ha chirriado enormemente la actitud de Xabi, futbolísticamente no ha conseguido que su equipo transmita nada. El Madrid, en pleno mes de enero, sigue mostrando problemas estructurales. Aún no sabía o no era capaz de transmitir a qué quería jugar su equipo. Intentó en los inicios implantar una presión adelantada que hacía tiempo que ya era historia. El Madrid no era capaz de gobernar los partidos y desequilibrar al rival a través de la posesión —le costaba muchísimo generar ocasiones contra rivales en bloque bajo—; no tenía recursos –de inicio no jugaba un solo delantero capaz de atacar el área– para poder abrir defensas a través de los centros laterales; no había automatismos trabajados en ataque —juego muy estático donde casi nadie tiraba un desmarque—; no había velocidad en la circulación ni en la asociación; por los costados no se aportaba profundidad –donde cada uno hacía la guerra por su cuenta y llamaba la atención los poquísimos jugadores con los que cargaba el área–. La distancia entre líneas, que fue lo primero que corrigió Alonso tras su llegada, era cada vez mayor y la presión tras pérdida ya no tenía ni un ápice de la intensidad que se vio por momentos en este Madrid de Alonso.
Curiosamente fue en la Supercopa donde se vio, al menos, que el Madrid tenía un plan de juego. Defensa en bloque bajo, líneas muy juntas para intentar robar y transitar rápido con Vinícius en punta. Un plan que en el club consideran insostenible a largo plazo y en el que tampoco parece encontrarse cómodo un Xabi Alonso que tiró de este plan de partido siete meses después de su llegada. Muy tarde.
La gestión de la plantilla
Otro de los aspectos que ha sorprendido mucho en la cúpula del Real Madrid ha sido la gestión de la plantilla y los cambios de Xabi Alonso. Ha pasado de ser un técnico muy intervencionista en los partidos en su etapa en la Real Sociedad B y el Bayer Leverkusen, a hacer cambios que parecían impuestos desde casa. Todo el tema de Vinicius con ese cambio en el minuto 72 del Clásico que indignó al brasileño y que no se entendió arriba. La falta de oportunidades para Endrick, uno de los ojitos derechos del presidente Florentino Pérez, y quien es patrimonio del club, fue algo que no sentó nada bien. Choque frontal con pesos pesados del vestuario como el propio Vinicius o Fede Valverde... Se le echa en cara también el escaso protagonismo que ha dado a la cantera. A pesar de las múltiples bajas no ha sido capaz de dar la alternativa nada más que a un Valdepeñas que jugó en Vitoria ante el Deportivo Alavés de lateral -es central- y al que Xabi retrato en la rueda de prensa posterior al encuentro, un feo gesto que no gustó nada en el club.
Desastre físico
Antes apuntábamos que a Xabi Alonso se le concedió el deseo que ni siquiera al bueno de Carlo Ancelotti se le brindó: prescindir de Pintus y dar paso a una nueva era en la preparación física del equipo con el hombre de confianza de Alonso —Ismael Camenforte-López—. Un cambio que no ha funcionado. La plantilla no ha estado, en ningún momento de la temporada, en un estado físico óptimo; se registraron muchísimas lesiones y pocos jugadores consiguieron estar a su mejor nivel. El club quería que Pintus -que se quedó como halcón de Florentino Pérez- volviera a ganar protagonismo en el día a día de la preparación física, algo a lo que se negó en rotundo Xabi.
El momento
El Real Madrid decidió prescindir de Alonso tras terminar la Supercopa. El anuncio pilló por sorpresa, pero en el club tenían claro que de nada servía estirar una cuerda cuando se había perdido totalmente la confianza en el capitán del barco. Y cuando en la plantilla tampoco confiaban en él, ¿qué sentido tenía seguir? Queda toda la segunda vuelta, el Madrid está vivo en las tres competiciones y el club considera que o había un cambio radical o las posibilidades de éxito esta temporada con Alonso a los mandos eran nulas.
El pasado 8 de diciembre, Libertad Digital adelantó el descontento y la pérdida de confianza de gran parte de la cúpula con Xabi Alonso. Raúl González Blanco era el nombre por el que apostaban figuras relevantes dentro del club. Finalmente, igual que Xabi Alonso fue una apuesta de José Ángel Sánchez, se ha impuesto ahora el criterio de Florentino Pérez y Álvaro Arbeloa será el nuevo comandante de la nave merengue.
En el fracaso de Xabi Alonso como entrenador del Real Madrid no hay un único responsable -los jugadores deberían mirarse un poco el ombligo después del adiós de Ancelotti y el propio Alonso, la plantilla tiene carencias estructurales importantes como la ausencia de un relevo de Toni Kroos-, pero sin duda de su despido él es el máximo culpable.
