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Una Ryder para Seve

Europa ha conseguido la Ryder Cup en suelo americano tras una remontada histórica en el último día.

Europa ha conseguido la Ryder Cup en suelo americano tras una remontada histórica en el último día.
Sergio García celebra con Poulter la Ryder. | EFE

Aún resuena en el green del 18 del Medinah Country Club de Illinois, Chicago, el canto de los seguidores europeos, ante el milagro materializado, dando la vuelta a un marcador escalofriante a favor de los americanos, en un día realmente espectacular, inmenso, rebosante de emoción, espectáculo y esplendor.

Después de la jornada del sábado en la que USA se imponía con claridad aplastante, se atisbó una reacción de los europeos en la tarde, que se ha visto refrendada por la enorme actuación de los nuestros en el día decisivo, históricamente favorable a los americanos, y que los jugadores europeos han sabido remontar, y dar una lección de garra, de espíritu, de lucha y de juego, donde el apoyo intrínseco de la figura de Seve ha estado más presente que nunca.

Poulter, con su actuación, ha mantenido con vida al equipo europeo junto con el debutante Nicolas Colsaerts, estado que ha permitido al resto del equipo ejecutar en suelo americano una remontada, soñada por una parte, pero muy complicada, que a fuerza de tesón y garra se ha materializado. La Ryder vuela de nuevo a Europa.

Los emparejamientos tenían un guión perfectamente diseñado por nuestro capitán José María Olazábal, pero todo dependía de la actuación final de los jugadores sobre el campo. Un campo preparado, como es lógico, para los intereses de los americanos, sin prácticamente rough, que permitía recuperar los errores y con unos greenes a una velocidad endiablada. Todo estaba a favor para que los estadounidenses recuperaran la copa, pero no lo han conseguido.

Donald, Poulter, McIlroy, Lawrie y Rose ponían los cinco primeros puntos en el casillero europeo en los primeros cinco partidos. La situación daba un vuelco interesante, pero aún faltaba mucho por hacer y mucho por sufrir.

Dustin Johnson y Zach Johnson ponían los nervios a flor de piel contrarrestando con dos puntos a favor de los intereses americanos, pero pronto Lee Westwood, que no había aparecido en toda la Ryder, ponía el sexto punto favorable a nuestros intereses. Solo faltaban dos más. El milagro estaba al alcance.

A pesar de todo el sufrimiento, Sergio García nos daba en el mismo hoyo 18 el séptimo punto, mientras Jason Dufner colocaba al equipo americano algo más cerca. Todo estaba en manos de Martin Kaymer y Francesco Molinari, que venía pegándose a brazo partido, siempre figuradamente, con el mismísimo Tiger Woods.

Y el éxtasis llegó en el hoyo 18, como no podía ser de otra forma, cuando Kaymer, tras una recuperación excepcional en el 17, se había colocado 1 arriba. Podía ser el punto definitivo, pero aún quedaba sufrimiento.

La situación parecía muy ventajosa, pero un mal putt del alemán abría una ventana de esperanza a Steve Stricker y en consecuencia a los estadounidenses. Stricker metió su putt y Kaymer tenia ante sí un putt de gloria o de fracaso de unos dos metros y medio. Y estalló el éxtasis. La bola entraba y daba el triunfo a Europa. La mirada al cielo y la rotura en lágrimas de José María Olazábal lo dice todo. Gracias Seve.

Tiger completó la fiesta europea al conceder el hoyo a Molinari, tras fallar su putt, dando medio punto más a los europeos, que solo refrendaba el sacrificio, el trabajo en equipo y, como el propio Olazábal les dijo en la noche del sábado cuando se dirigió a su equipo: "Estáis capacitados para ganar, solo tenéis que creer en vosotros, yo sí creo en vosotros, a por ello".

La Ryder es así, por eso es la competición más significativa, y qué mejor prueba de ello que los casi 200.000 espectadores que han podido contemplarla en directo en Chicago.

Seve, esta Ryder va por ti.

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