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Un Tour para escaladores

Se pasarán los cinco macizos montañosos, con especial protagonismo para Los Alpes, juez de carrera. Habrá sólo dos cronos, de 13 y 23 kilómetros.

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Se pasarán los cinco macizos montañosos, con especial protagonismo para Los Alpes, juez de carrera. Habrá sólo dos cronos, de 13 y 23 kilómetros.
Ceremonia de presentación del Tour de Francia en Düsseldorf (Alemania). | EFE

"El mayor reto de mi carrera". Así resume Chris Froome lo que se va a encontrar a partir de esta sábado. Un Tour de Francia donde acapara rivales y terreno como para que le compliquen la vida. Llega con el casillero de victorias a cero en este 2017, con una preparación que le hace llegar más corto de kilómetros. Quizá pensando, a diferencia de años anteriores, en aguantar una posible tercera semana dura, con los Alpes y la crono final.

Pero rebobinemos en el mapa de la ronda gala y vayamos al inicio que está, precisamente, en Alemania, donde este sábado arranca el Tour con una crono de 13 kilómetros. Tony Martin, Roglic o el español Jonathan Castroviejo, entre otros, apuntan a conseguir el primer maillot amarillo de esta edición. La otra contrarreloj, de 23, será en la penúltima etapa, en Marsella. Una crono prácticamente llana menos un kilómetro brutal al 18 por ciento. Aunque todos creen que a esa jornada ya se llegará con todo decidido, a diferencia de lo ocurrido hace un mes en Milán en el Giro de Italia.

Tras la crono, llegan esos días para velocistas donde el riesgo estará en las posibles caídas de los últimos kilómetros, fruto de los nervios y la lucha por entrar en los primeros puestos y no perder tiempo. Se pasará por Bélgica, con meta y salida de etapa, y se cruzará Luxemburgo. A partir de ahí, toda Francia, incluyendo, por vez primera en un cuarto de siglo, los cinco macizos montañosos del país galo: Los Vosgos, el Jura, Pirineos, el Macizo Central y los Alpes.

La montaña llega pronto, en la quinta etapa

Segunda etapa llana; tercera con un final que pica hacia arriba, mas propio para la pelea entre Sagan, Gilbert y Van Avermaet que para ver a los favoritos tratan de pescar en río revuelto. Para ver a los que optan al amarillo final habrá que esperar a la quinta etapa, con el primer final en alto en La Planche de Belles Filles. Ya se impuso en el año 2012 en esa cima Chris Froome, el día que Wiggins cogió el amarillo y no lo soltó hasta Paris.

Por eso, quizá, llegar corto de forma no sea la mejor opción. En cinco días, una crono (que no prólogo) y un duro final en alto. La sexta y séptima etapas vuelven a ser terreno de los mejores sprinters. Estarán todos menos el colombiano Gaviria, ganador de cuatro etapas en el Giro. Y quienes no faltarán son Cavendish, Kittel, Kristoff, Greipel, Degenkolb, Démare, Bouhanni, Matthews, Colbrelli y, por supuesto, el hombre que quiere ganar su sexto maillot verde, Peter Sagan.

Pero la octava, el segundo fin de semana, vuelve a acabar en alto. Aunque el final no es de una manera clara al coronar, ya que de la cima del último puerto a meta habrá un terreno de falso llano donde las alianzas entre favoritos puede descartar a aquel que haya sufrido lo más mínimo.

Y al día siguiente la gran etapa de montaña del primer bloque, en el Jura, con siete puertos, tres de ellos HC (fuera de categoría), aunque el último se corona a 26 de meta. Otro día, sin duda, para que un segunda espada, como los valientes Bardet o Chaves, se la jueguen. O, incluso, para que el propio Froome repita su exhibición del pasado año en el descenso.

El segundo bloque, marcado por los Pirineos

Ya se habrá empezado a clarear la parte noble de la general. Aunque no habrá, o no debería haber, un claro dominador, sí sabremos que ciclista no opta a ese preciada prenda de color amarillo.

La segunda semana, tras la jornada de descanso del lunes día 10, arranca con dos citas más para velocistas, donde el viento puede ser peligroso. Pero en la duodécima etapa llega la gran jornada pirenaica. 214 kilómetros y seis puertos, incluyendo los primeras de Menté, Balés y Peyresourde, con breve descenso para afrontar Peyragudes, cima donde se situará la meta. Una etapa similar, aunque bastante más corta, supuso la victoria de Valverde en ese 2012, en su vuelta a la ronda gala. Y supuso también el día en el que el mundo del ciclismo vio que entre los dos británicos del Sky, el bueno era Froome. Ese día, Wiggins se hartó a gritarle a su compañero porque le sacaba de rueda.

Y al día siguiente, etapa de rodillo. Esto significa que el pelotón, los favoritos, deben empezar con las piernas calientes. La etapa es corta, apenas 101 kilómetros, pero con tres puertos de primera. Sólo se sube y se baja. Y para darle más picante al día, es 14 de julio, fiesta nacional francesa. Y los locales querrán celebrarlo de alguna forma.

Para el fin de semana, raro en el Tour, no hay etapa dura de montaña aunque sí dos jornadas de media montaña. Y esto, aunque pueda parecer que son dos días de relativa calma, que ninguno se confíe porque el ejemplo de Formigal está ahí. No era el día más duro, y Contador y Quintana reventaron a Froome y su Sky. Puede que la situación en el Macizo Central, sobre todo el domingo 16, camino de Le Puy-En-Velay, sea más enrevesada de lo que muchos esperan.

Los Alpes y la crono de Marsella

Y tras un nuevo lunes de descanso, turno para la tercera y decisiva semana. De donde tiene que salir el podio. Lo hecho hasta ahora será un paso en el camino. Queda lo importante, cruzar la meta de los Campos Elíseos con el amarillo en la espalda.

Para ello, el que lo haga tiene que superar la fase decisiva con Los Alpes. Primero arranca la semana con una jornada rápida, con más de la mitad de la etapa en descenso. Día para que la escapada y el pelotón vuelen.

Pero al día siguiente el ritmo será bien distinto. 183 kilómetros con cuatro puertos. Los tres últimos, de los que quitan el hipo y hacen que un día de ciclismo sea recordado por mucho tiempo: La Croix de Fer, Télégraphe y Galibier. Y de ahí, descenso vertiginoso a meta.

Acto seguido, al día siguiente, final en el techo de esta edición, el Izoard con sus 2.360 metros. Por vez primera, este coloso alpino se final de etapa. Y todos tiene marcado ese día como el más importante del Tour de 2017.

Aunque quedarán los 23 kilómetros de crono. Entre el Izoard y la lucha individual contra el reloj, otra etapa mal llamada de transición para que los equipo que no han mojado en este Tour tengan su penúltima oportunidad. Porque tras la crono de Marsella sólo quedará opción para los velocistas.

Ese último domingo, el 23 de julio, dos triunfarán: el que levante los brazos en los Campos Elíseos; y el que suba a lo más alto del podio final. 3.526 kilómetros —36 de ellos de crono—, 23 puertos de montaña, cuatro países, 198 corredores y un solo ganador.

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