
El esperado regreso de Conor McGregor a la UFC terminó convertido en una auténtica pesadilla. El luchador irlandés, una de las mayores estrellas de la historia de las artes marciales mixtas, apenas pudo permanecer un minuto y nueve segundos sobre el octágono antes de lesionarse la rodilla derecha en su combate frente al estadounidense Max Holloway, correspondiente a la velada UFC 329 disputada en Las Vegas.
The Notorious, que no competía en la organización desde hacía cinco años, sufrió el percance prácticamente en su primera acción ofensiva. Al lanzar una potente patada sobre Holloway, apoyó de forma defectuosa la pierna derecha al caer y la articulación cedió de inmediato. Incapaz de continuar y con evidentes gestos de dolor, el irlandés quedó tendido sobre la lona mientras intentaba protegerse de los ataques de su rival.
El árbitro comprobó rápidamente que McGregor no estaba en condiciones de seguir peleando y decidió detener el combate, otorgando la victoria por lesión a Holloway.

Un regreso frustrado
La imagen dejó helados a los miles de aficionados que abarrotaban el recinto de Las Vegas, donde se esperaba con enorme expectación la vuelta de uno de los iconos de la UFC. Sin embargo, el combate terminó antes incluso de que pudiera desarrollarse, privando al público del esperado duelo entre dos de las figuras más mediáticas de la compañía.
Horas después, McGregor expresó su enorme decepción a través de sus redes sociales, asegurando que la lesión apareció de manera completamente inesperada.
"Se me ha fundido el motor. Destruido. No tenía ninguna lesión antes de la pelea. Estaba lanzando patadas, plantando y saltando durante todo el campamento y también detrás del escenario antes del combate. Esto salió de la nada. Estoy más que deprimido. Solo puedo describirlo como el infierno", escribió el irlandés.
Para Holloway, la victoria supone un importante impulso después de haber perdido recientemente frente al brasileño Charles Oliveira el cinturón simbólico BMF ('Baddest MotherFucker'), reconocimiento honorífico que distingue al peleador considerado más duro de la compañía.
Pimblett también deja su sello
La UFC 329 también dejó otra actuación destacada con el espectacular triunfo del británico Paddy Pimblett. El inglés necesitó únicamente cincuenta y dos segundos para imponerse al francés Benoit Saint-Denis mediante una contundente sumisión al cuello.
La llave fue tan efectiva que Saint-Denis terminó inconsciente sobre la lona, obligando al árbitro a detener inmediatamente el combate y confirmando una de las victorias más rápidas y contundentes de la velada.
