
L D (EFE) La de este domingo será, además, la tercera final del año en la que se enfrentarán Federer y Nadal, con victoria del español en las dos anteriores: Dubai (superficie rápida) y Montecarlo (tierra batida). La semifinal entre Nadal y Monfils, ambos con diecinueve años -el español es tres meses mayor-, resultó un monólogo del manacorí ante un rival al que ya había batido en Montecarlo 2005 y que, este año, en su primera aparición en el torneo romano, se ha convertido en la revelación del mismo.
Aunque entre ambos hay tan sólo tres meses de diferencia, la calidad tenística entre uno y otro es abismal a favor de Nadal. Ello, aunque Monfils -número 35 mundial- es un jugador de golpes interesantes, con potencia, aunque a veces alterna fallos claros y demasiadas dobles faltas. Lo evidenció ante Nadal, y el francés salió a correr todas las bolas y a devolverlas como fuera, esperando que el español fallara. Esto se produjo, especialmente, en los primeros compases del partido, en los que el manacorí se fue a un cómodo 3-0. Nadal vencía fácil en el marcador sin poner en juego su selección de golpes, pero cometía errores no habituales en él. Monfils, a los veintidós minutos de partido, logró su primer juego (3-1). Pero el set se fue rápido, y sobre saque del francés, del lado del ganador este año en Dubai, Montecarlo y Barcelona, por 6-3.
La segunda manga se inició con la primera ruptura del partido de Monfils sobre Nadal. Su ventaja duró sólo hasta el siguiente juego, pues el español se desquitó después. Una nueva rotura en el sexto (4-2), dejó ya al manacorí en la frontera de anotarse el partido. Algo que Nadal hizo nuevamente en el noveno juego e, igualmente, sobre el saque del rival. Ahora le espera, una vez más, Federer y la ocasión histórica de igualar el récord de 53 triunfos consecutivos sobre tierra batida en poder del mítico Guillermo Vilas. De momento, está a sólo uno.
Aunque entre ambos hay tan sólo tres meses de diferencia, la calidad tenística entre uno y otro es abismal a favor de Nadal. Ello, aunque Monfils -número 35 mundial- es un jugador de golpes interesantes, con potencia, aunque a veces alterna fallos claros y demasiadas dobles faltas. Lo evidenció ante Nadal, y el francés salió a correr todas las bolas y a devolverlas como fuera, esperando que el español fallara. Esto se produjo, especialmente, en los primeros compases del partido, en los que el manacorí se fue a un cómodo 3-0. Nadal vencía fácil en el marcador sin poner en juego su selección de golpes, pero cometía errores no habituales en él. Monfils, a los veintidós minutos de partido, logró su primer juego (3-1). Pero el set se fue rápido, y sobre saque del francés, del lado del ganador este año en Dubai, Montecarlo y Barcelona, por 6-3.
La segunda manga se inició con la primera ruptura del partido de Monfils sobre Nadal. Su ventaja duró sólo hasta el siguiente juego, pues el español se desquitó después. Una nueva rotura en el sexto (4-2), dejó ya al manacorí en la frontera de anotarse el partido. Algo que Nadal hizo nuevamente en el noveno juego e, igualmente, sobre el saque del rival. Ahora le espera, una vez más, Federer y la ocasión histórica de igualar el récord de 53 triunfos consecutivos sobre tierra batida en poder del mítico Guillermo Vilas. De momento, está a sólo uno.
Federer se venga de Nalbandian cinco meses después
Horas antes, el número uno mundial se tomaba la revancha ante Nalbandian de la final de la última Copa Masters de Shanghai se revolvió del lado del suizo merced al saque: en especial, los 9 directos de Federer y las 8 doble faltas del argentino. Lo que no se esperaba, habida cuenta de la calidad tenística de ambos, es que el duelo estuviera plagado de errores no forzados (27 de Federer y 33 de Nalbandian, en los dos primeros sets). No obstante, de ello se aprovechó en la primera manga Federer, quien tras un inicio que ya presagiaba un partido discreto (dos roturas por parte en los cuatro primeros juegos), al menos supo estar más centrado en la fase final y, con una tercera ruptura del saque de Nalbandian en el quinto juego, no desaprovechó luego la ocasión para cerrar con su saque, remontando un adverso 0-40.
El segundo set tuvo un inicio distinto a su precedente. Nalbandian fallaba menos y el argentino adquirió una ventaja de 4-1. Parecía que el ganador de Estoril se iba en el marcador, y así fue porque se hizo con la manga a base de mantener su servicio. En el tercer set la calidad aumentó y Nalbandian se puso rápido con un 2-0, pero Federer, con sus mejores golpes remontó y se situó con un favorable 4-2. Incluso Federer, con su saque, dispuso de tres bolas (40 a 15 y una ventaja) para el 5-2. No las aprovechó y pagó los golpes de un ahora más agresivo Nalbandian que igualó la contienda (5-5). Después, cada uno conservó su saque y se fue al desempate.
El segundo set tuvo un inicio distinto a su precedente. Nalbandian fallaba menos y el argentino adquirió una ventaja de 4-1. Parecía que el ganador de Estoril se iba en el marcador, y así fue porque se hizo con la manga a base de mantener su servicio. En el tercer set la calidad aumentó y Nalbandian se puso rápido con un 2-0, pero Federer, con sus mejores golpes remontó y se situó con un favorable 4-2. Incluso Federer, con su saque, dispuso de tres bolas (40 a 15 y una ventaja) para el 5-2. No las aprovechó y pagó los golpes de un ahora más agresivo Nalbandian que igualó la contienda (5-5). Después, cada uno conservó su saque y se fue al desempate.
Ahí, prosiguió la igualdad hasta que un excelente y ajustado resto de Federer le puso con un favorable 5-3, y luego el suizo cerró el partido en la segunda bola de que dispuso para ello. Federer se llevaba un partido que, en ciertos momentos, tuvo perdido y donde siguió sin mostrar el buen tenis que atesora. Pero su saque, su mayor calidad, le dieron su séptima final del año: ganó el Doha, Australia, Indian Wells y Miami; y cayó en Dubai y Montecarlo, ambas antes Nadal.
