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Todas las novedades, datos y análisis de la espectacular nueva temporada NBA

Todos contra los Warriors, el lema de una nueva temporada NBA llena de novedades

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I love this game | Libertad Digital

Una nueva temporada NBA está en marcha. Una campaña en la que los Warriors son de nuevo el equipo a batir, en la que se han consolidado los Big Three -juntar a tres superestrellas en una misma franquicia-, a cambio de romper el habitual equilibrio en una liga en la que cada vez hay más distancia entre unas franquicias y otras.

Una nueva era se gesta en la mejor liga de baloncesto del mundo. Numerosos cambios, algunos ya impuestos en este curso baloncestístico y otros que están de camino.

Adiós al tradicional partido de las estrellas entre conferencias

El mítico Este contra Oeste del All Star llega a su fin por primera vez desde 1951. Adam Silver, comisionado de la NBA, decidió cambiar la composición de los equipos. A partir de esta temporada serán los dos jugadores más votados -el año pasado ese honor recayó en Curry y LeBron- los que elijan a sus compañeros de equipo independientemente de la conferencia en la que jueguen. Todo lo que sea modificar el formato de un partido de las estrellas que en los últimos años se había convertido en aburrido y sin chicha, hay que considerarlo una buena noticia. El All Star de este año se celebra en Los Ángeles.

¿Cambio radical al formato actual de los Play Offs?

La diferencia de talento entre los equipos de la conferencia Oeste y los de la conferencia Este no ha dejado de crecer en los últimos años motivo por el cual la NBA estudia seriamente un cambio radical en el sistema de competición. En vez de clasificarse para los Play Offs los ocho mejores equipos de cada conferencia, se tendría en cuenta el número de victorias totales de cada equipo independientemente de la conferencia en la que jueguen. Es decir, podríamos ver, por ejemplo, que 10 de los 16 equipos que disputen los Play Offs fueran de la conferencia Oeste.

Silver asegura que el posible cambio no llegaría solo, ya que implicaría una reforma mayor en temporada regular para que todos los equipos jueguen el mismo número de partidos contra los rivales de las dos conferencias.

Revolución de las camisetas

Tras más de una década con Adidas, Nike ha desembarcado en la NBA y ha traido de la mano una auténtica revolución en cuestión de marketing: la inclusión de publicidad en los uniformes de las franquicias.

Una publicidad que ha levantado un serio debate. Muchos lo ven como un ultraje a lo clásico. Otros, los ejecutivos de traje y corbata, defienden la modernidad y lo consideran inevitable para adaptarse a los nuevos tiempos. Ojo a la primera propuesta de esta nueva era. Las camisetas, con un innovador sistema de transpiración, incluirían un chip que permitiría a los aficionados más frikis, tener información privilegiada y de primera mano de sus ídolos, a cambio de comprar una camiseta oficial.

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Las nuevas camisetas Nike de la NBA

Se reducen los tiempos muertos

Con la idea de hacer más dinámicos los partidos para los espectadores, la NBA ha decidido limitar el número de tiempos muertos en un partido a 14. Han reducido en 4 -hasta el año pasado eran 18 por encuentro- el número total de 'time out'. La duración única será a partir de esta temporada de 75 segundos. Cada equipo podrá solicitar siete (dos en los últimos tres minutos del cuarto final).

Calendario menos comprimido

Tras las quejas de las grandes estrellas -algunos como LeBron amenazaron con no jugar los back to back -dos partidos consecutivos con viaje incluido en dos días naturales-, la NBA se puso manos a la obra para dar mayor oxígeno a sus jugadores.

En la presente temporada se empieza antes que nunca (el 17 de octubre) con el objetivo de reducir los mencionados 'back to back'. El número de partidos durante la liga regular (82 por cada franquicia) no se reduce (las televisiones mandan).

¿A qué aspiran los españoles?

Tras la vuelta de Sergio Rodríguez a Europa, enrolado en las filas del CSKA de Moscú, España seguirá paladeando su edad de oro en la NBA, con aún nueve representantes en las canchas americanas que tendrán, eso sí, muy diferentes perspectivas. El gran referente volverá a ser un Pau Gasol que, tras 17 años en Estados Unidos, sumará su segundo en San Antonio, con la intención de sumar su tercer anillo de campeón. La tarea será completa, no cabe duda, pero, fuera de los Warriors, pocas franquicias podrían asegurar más a Pau Gasol seguir compitiendo a alto nivel que San Antonio. Además, tras un año con Popovich, pocas dudas hay de que, si le respeta el físico, el ya legendario pívot de Sant Boi volverá a demostrar de qué es capaz.

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La inteligencia de Pau, imprescindible para Popovich

El otro gran aspirante al anillo será, sorprendentemente, José Manuel Calderón. Enrolado en los Cleveland Cavaliers, el extremeño está ante su gran oportunidad de ganar el título de la NBA. Aunque en los últimos años su carrera ha venido un poco a menos, su veteranía le podría hacer ser pieza clave de un vestuario complicado, y de su certeza en el lanzamiento dependerán sus minutos. De lo contrario, será difícil que pueda gozar de mucha importancia en Ohio.

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¿Conseguirá Calderón poner el broche de oro a su carrera con un anillo?

No pintan demasiado bien las cosas para Marc Gasol. Convertido casi en un one franchise man, uno de esos jugadores implicados hasta el tuétano en el equipo en el que han hecho carrera, sus avisos durante el verano no sirvieron para que los Grizzlies retengan algunas de sus piezas importantes. Con la renovación a la vuelta de la esquina, se hace difícil pensar que un Marc Gasol de 32 años y convertido en uno de los mejores pívots de la NBA, no se plantee en algún momento salir del equipo y la ciudad en los que se ha convertido en un auténtico mito.

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Marc puso el grito en el cielo por la política de fichajes de los Grizzlies

Tampoco lo tendrá fácil Ricky Rubio, todo un veterano de la liga pese a tener solo 26 años aún. Tras dejar atrás Minnesota, su llegada Utah le cargó de moral, rápidamente descargada con la salida de Salt Lake City del alero Gordon Hayward. Los Jazz pelearán por volver a playoffs, y parecen un buen sitio para que Rubio, más estabilizado en lo emocional, tenga la confianza necesaria para dar algún paso adelante. Pero las expectativas del de El Masnou cuando llegó al estado mormón por excelencia están alejadas de las que realmente son ahora.

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Ricky cambia Minneapolis por el estado mormón

Otro que quiere mirar hacia arriba es Serge Ibaka. Con la balanza de poder a priori desnivelada hacia el Oeste, los Raptors parecen, junto a Wizards y Bucks, las únicas alternativas de poder reales a la tiranía que Cleveland Cavaliers y Boston Celtics deberían ejercer en el Este. En Canadá, donde los Raptors mantienen el bloque liderado por Kyle Lowry y DeMar DeRozan, Ibaka debería volver a ser ese valladar interior que fue en Oklahoma, toda vez que su experiencia como referente ofensivo en Orlando Magic resultó, cuanto menos, decepcionante.

A partir de ahí, el resto de españoles en la liga no deberían hacer sino crecer en la NBA, aunque en distintos escenarios. Mientras Nikola Mirotic, que lo primero a lo que debe aspirar es a recomponerse la cara que su compañero Portis le partió tras una acalorada discusión, debería aprovecharse individualmente el inicio de la durísima reconstrucción que sufrirán los Chicago Bulls, Juancho Hernangómez amenaza con seguir evolucionando en los pujantes Denver Nuggets hacia ese alero total que sea el mejor garante de la selección española del medio plazo.

Por su parte, su hermano Willy gozará de muchísimos minutos en los Knicks en el `año 1 tras Carmelo Anthony, donde Kristaps Porzingis se convertirá en una superestrella de la liga, Bien haría el madrileño en convertirse en el poli malo que escolte al letón. Convertirse en un `bad boy´ sería la mejor noticia posible para el ex jugador del Real Madrid.

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Willy tendrá una gran oportunidad de crecer este año en los Knicks

Finalmente, Álex Abrines está ante una oportunidad única de demostrar que todo lo que se dijo de él está justificado. No le sobrarán minutos, pero en sus manos está aprovecharlos para dar el ansiado paso adelante que todo el mundo espera de él y convertirse, como poco, en un tirador de referencia de unos Thunder que quieren aspirar al anillo. Aunque al balear seguramente se le debería exigir más todavía, pues potencial le sobra para ser un jugador completísimo. A tiempo está de demostrarlo.

Análisis de ambas conferencias

Conferencia Oeste: cuando lo de salvaje se queda corto

No se puede negar que todo lo que no sea que el mejor equipo de la Conferencia Oeste sean los Golden State Warriors sería una sorpresa. Y sin embargo, probablemente estemos ante una de las mayores conjunciones de talento que se hayan dado en la historia en el lado del país que termina desembocando en el Océano Pacífico. A los potentes San Antonio Spurs, que seguirán a buen seguro retando todas las leyes de la naturaleza y manteniéndose a buen nivel, se unen nuevas conjunciones de potencia baloncestística en Houston, Oklahoma City, y hasta Minnesota. Todas ellas han sido franquicias capaces de aunar para sus intereses a varias estrellas ya consagradas en la liga.

Pero pese a todo ello, los Warriors parece que sigan un escalón, si no dos, por encima del resto de la humanidad. El equipo de Steve Kerr, más aún desde la llegada hace un año de Kevin Durant, amenaza sencillamente con reinventar el baloncesto tal y como se ha conocido hasta ahora, un proceso que ya está sin duda en marcha. Jugar sin un pívot claro durante la mayor parte del encuentro, haciéndolo con quintetos `bajitos´, o mover la pelota en ataque a la velocidad de un rayo son evoluciones de lo ya conocido que han llegado para quedarse.

Acostumbrarse a irse muy por encima de los 100 puntos en cualquier partido, incluso en los más decisivos en las pasadas finales, es algo que todavía deja a cualquiera asombrado, toda vez que el nivel defensivo a estas alturas del siglo XXI hace francamente improbable lograr esa matemática. Pero estos Warrios, en los que Stephen Curry hace a las defensas tener que marcarle a nueve metros del aro, porque si no no tendrá problema en lanzar desde ahí con un alto porcentaje de acierto, en los que Kevin Durant se ha consolidado sin duda como la mejor máquina de hacer puntos del planeta Tierra, o en los que el irascible Draymond Green desde sus dos metros ha reinventado la posición de pívot están ya en no pocas quinielas que debaten si son, sencillamente el mejor equipo de la historia. Habrá a quien esto le parezca exagerado, pero ese es el debate que hay sobre la mesa. Porque en la Bahía de Oakland, pese a juntar en la cancha a Curry o Durant, el mejor tirador se llama Klay Thompson. Porque han logrado renovar a su pegamento, Andre Iguodala, y sumar más capacidad ofensiva con el israelí Omri Casspi y el díscolo Nick Young. Asusta lo que estos Warriors pueden lograr sobre el parqué si Steve Kerr, si su maltrecha espalda le permite hacer rodar perfectamente a su arsenal, logra llevar a su equipo a su máximo rendimiento.

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La cuadrilla de la bahía: el Big Four de los Warriors

La gran alternativa de poder en el Oeste a los californianos debería llegar desde Texas. Las apuestas ponen casi al mismo nivel las opciones de San Antonio Spurs y Houston Rockets. Comenzando por los segundos, fueron sin duda la más grata sorpresa del curso pasado, con su tercer puesto en el Oeste con un balance de 55 triunfos y 27 derrotas que este año amenazan con dejar corto.

La llegada de Mike D´Antoni provocó una revolución en el juego del equipo, convertido en una de las más claras muestras del run and gun de la liga. Correr y disparar. Llegar volando al campo contrario y acribillar, mayormente desde el perímetro, a la defensa oponente. James Harden convertido a una suerte de base que dominaba el ataque por completo, siendo capaz de entrar en la carrera por el MVP, con sus más 29 puntos por partido y sus 11´2 asistencias por juego. En las alas esperaban algunos de los tiradores más certeros de la liga, como Ryan Anderson, Eric Gordon, o Trevor Ariza. Con ellos, en Houston escribieron una oda a la anotación exterior… Que este año deberá reinventarse. La llegada de Chris Paul, uno de los mejores bases de la competición, parece que hará cambiarse necesariamente esa idea. Paul es una superestrella, pero necesita tener el balón en sus manos para crear. De la compatibilidad del base con James Harden, y cómo tapar las carencias del juego interior, donde el tosco Clint Capela y el veterano Nene Hilario son los mejores argumentos, dependerá el éxito de los de D´Antoni.

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James Hardeny Chris Paul: pareja de cerebritos en Houston

¿Quién se atrevería a dudar de los San Antonio Spurs, por más que el pasaporte de sus integrantes se empeñe en hacerlo? El enésimo proyecto de Gregg Popovich volverá a contar con una pléyade de veteranos garantía de muchas cosas, y un más que serio candidato a ser el mejor jugador de la liga: Kawhi Leonard, el tipo de las manos enormes que casi nunca sonríe, es la gran esperanza spur. Y es que, si hablamos de la capacidad de dominar a un partido en los dos lados de la cancha, seguramente sea el único capaz de toserle a día de hoy a LeBron James.

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Leonard es un jugador monstruoso, con una ética de trabajo y una inteligencia en la pista difícilmente igualable. Si su cerebro y el de Popovich engranan, y hay pocas dudas al respecto, en San Antonio volverán a aspirar a casi todo. A su alrededor, el recientemente renovado LaMarcus Aldridge deberá dar un paso adelante respecto a su nivel del pasado curso. Ello, junto al rendimiento del fichaje más sonoro del verano, el del alero Rudy Gay, un tipo habitualmente egoísta sobre la cancha al que Popovich deberá convencer de que el colectivo está por encima del ego, serán la clave del máximo nivel en San Antonio. Porque sobre Leonard no hay dudas, como tampoco acerca del bloque de veteranos, que se dosificarán para ser importantes en momentos puntuales. Ahí estarán Pau Gasol y Ginóbili, y veremos si un Tony Parker que ya el año pasado dio alguna muestra de flaqueza, y al que no extrañaría que el australiano Patty Mills le comiera la tostada definitivamente. Atención también al as en la manga que tenga Popovich, acostumbrado a convertir en millonarios a jugadores semidesconocidos. El año pasado le tocó a Jonathon Simmons. Este año, veremos.

Se hace difícil apostar por hacia dónde puede salir el equipo de Oklahoma City. En su vestuario se han juntado tres estrellas exteriores de la liga, con el MVP Russell Westbrook recibiendo a Paul George y Carmelo Anthony. Jugadores capaces por sí mismo de liderar cualquier proyecto, que se juntan ahora para devolver a los Thunder a las finales que pisaron en 2012 y que, con la salida de Durant hace un año, parecían alejarse durante muchos años. Empero, Sam Presti ha vuelto a demostrar ser uno de los mejores ejecutivos de la liga, adquiriendo dos piezas de enorme valor en el mercado a las que el entrenador Billy Donovan deberá hacer funcionar juntas, algo que podría resultar complejo. Westbrook, amo y señor el curso pasado, difícilmente podrá igualar sus registros, y habrá de mostrar si está realmente preparado para llevar a un equipo al siguiente nivel.

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Paul George, Russell Westbrook y Carmelo Anthony, nuevo Big Three de los Thunder

Carmelo Anthony, por su parte, dejó clara su mentalidad en la llegada a un nuevo equipo, cuando soltó una carcajada al ser cuestionado sobre si se imaginaba saliendo desde el banquillo. La simbiosis entre ambos caracteres será, incuestionablemente, la que marque la temporada del equipo de Álex Abrines, al que, convertido cada vez más en un especialista en el tiro, le costará tener muchos minutos. Lo que es seguro es que el balear cohabitará esta temporada con dos de las personalidades más potentes de la NBA. No sería raro que escuchara más de una voz en esas cuatro paredes en los próximos meses, y sin embargo, como la liga estadounidense es así, poder llegar lejísimos en la competición. Estos Thunder son, seguramente, el mayor melón por abrir de la liga.

Donde empieza a llegar la hora de la verdad es a Minnesota. Tras una de las reconstrucciones más complicadas de los últimos años, los Wolves deben volver este año a unos playoffs que no pisan desde los años de Kevin Garnett. Y ya ha llovido. Con el estudioso Tom Thibodeau en el banquillo, y la llegada de una estrella como Jimmy Butler, los Wolves comenzaron a lanzar avisos. Tras el ex de los Bulls, aterrizaron en la fría Mineápolis valores muy seguros en la liga, como el base Jeff Teague, el talentosísimo anotador exterior Jamal Crawford, y un currante de los tableros como Taj Gibson. Añadan a eso a dos de los mejores jóvenes de la liga, como el alero canadiense Andrew Wiggins y el sensacional pívot Karl-Anthony Towns y tendrán a un muy serio aspirante a seguir jugando a finales de mayo, época en que recientemente el baloncesto en Minnesota sólo se vio por televisión.

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Los Wolves son un equipo con mucho talento, quizá aún verde para aspirar a un anillo, pero en el camino de convertirse en una auténtica potencial del Oeste. Si su vestuario no termina convertido en Fargo, la famosa serie rodada precisamente en el estado en el que juegan los Wolves, este equipo sonará mucho en los próximos meses, denlo por hecho.

Apunten también este nombre para seguirlo de forma inminente: Nikola Jokic, serbio de 22 años, va a ser en breve una superestrella de la NBA. El `Joker´ es uno de esos jugadores totales en la cancha. Su maduración física y de juego el año pasado empezó a mostrar cosas que podría quedar en nada este año si todo cuaja como esperan los Denver Nuggets, otra franquicia que vuelve a mirar alto tras años duros desde la marcha de Carmelo Anthony. A su gran valor europeo han sumado uno de los valores más sobrios de la NBA: el ala pívot Paul Millsap, de poca estridencia pero enorme efectividad ya con una década en la liga. Completan un buen juego interior el larguísimo Mason Plumlee y esa fuerza de la naturaleza llamada Keneth Faried.

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Sin embargo, en el exterior hay más dudas sobre el rendimiento de los de Colorado, hecho que bien podría aprovechar un Juancho Hernangómez crecido tras su fantástico Eurobasket para comenzar a consolidarse como candidato a una larga carrera en Estados Unidos. A poco que le vayan bien las cosas, este año el madrileño se estrenará en los playoffs, siendo además una pieza de valor en su equipo.

A quien parece que el arroz de aspirar al anillo se le pasó definitivamente es a Los Ángeles Clippers. La salida de Chris Paul supone el definitivo cierre de un ciclo del que siempre pareció esperarse más. La época dorada de los Clippers supo a poco, y sin embargo esta transición podría dejar cosas de gran valor. Paul se fue, sí, pero Blake Griffin renovó, llegaron anotadores exteriores como Danilo Gallinari o Lou Williams, y el puesto de base se renovó con el contrastado Patrick Beverley y el ansiado salto a la NBA de ese genio llamado Milos Teodosic, que ya ha mostrado en pretemporada que su cabeza sigue viendo el baloncesto tan fácil en aquel lado del Atlántico como lo hacía en este. En el fondo, la vida no pinta tan mal para los Clippers, sin su gran referente de la última década.

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Extraño sería que estos equipos nombrados hasta ahora no estuviesen en la pelea por el anillo. Pero la Conferencia Oeste no se queda ahí. Quedan más aspirante a incordiar al poder establecido. En Portland esperan que su letal pareja exterior, formada por Damian Lillard y CJ McCollum, vuelva a poner patas arriba el Rose Garden, y llevando a los Blazers a cotas donde su potencial a priori no debería permitírselo.

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McCollum y Lillard, dos jugones en Portland

Otra pareja que deberá mostrar ser compatible es la de los Pelicans, pues en esta época de small ball, DeMarcus Cousins y Anthony Davis aún no han probado que aquellos que dijeron que serían las nuevas torres gemelas, hecho que parece anacrónico en 2017, tuvieran razón.

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Davis y Cousins, ¿las nuevas torres gemelas?

La fiabilidad la volverán a poner los Utah Jazz, un equipo por excelencia, sin su referente reciente Gordon Hayward, pero que con un Ricky Rubio con mayor moral y el dominio interior del arácnico Rudy Gobert volverán a aspirar a la postemporada. Quién sabe si algo parecido ocurrirá en Memphis, aunque, después de que Marc Gasol tocara a rebato en verano por la sangría de talento sufrida en los Grizzlies, Mike Conley y el pívot Sant Boi se han quedado demasiado solos, y llegar a las eliminatorias, casi tradición en Memphis, parece quimérico a estas alturas.

A partir ahí, la incertidumbre marca el camino. Franquicias en reconstrucción, en las que ver detalles pero esperar pocos resultados. Los Lakers, que esperan con ansia el próximo verano, soñando con reclutar a LeBron James y Paul George, entregarán sus llaves al mediático Lonzo Ball, esperando que Brandon Ingram termine por explotar en lo que se espera de él.

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En Dallas casi cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque volverá a apurar un sorbo de ese gran vino llamado Dirk Nowitzki seguro que merecerá la pena. Sacramento Kings, franquicia sin rumbo durante más de 15 años, buscará encauzarse entregándose a veteranos con Zach Randolph o Vince Carter, por lo que la apuesta no será muy segura, y quizá lo más interesante sea la primera oportunidad en la NBA de esa joya europea llamada Bogdan Bogdanovic. Y en Phoenix se alargará una travesía por el desierto que amenaza por eternizarse salvo que ese descollante anotador que pretende ser Devin Booker decida lo contrario.

Definitivamente, apriétense los cinturones. Aquello del `wild, wild, West´ (salvaje, salvaje, Oeste), podría quedarse muy corto esta temporada.

Conferencia Este, ¿es la peste?

La Conferencia Este, esa conferencia que para algunos es como la peste por el escaso nivel de muchas de sus franquicias, parece cosa de dos: Cavs y Celtics. Celtics y Cavs. Curiosamente, un traspaso entre ambas franquicias es lo que ha hecho que la corona de King LeBron y su corte ya no esté tan clara.

Tras finalizar la temporada, saltó la bomba. Kyrie Irving, uno de los bases TOP de la mejor liga de baloncesto del mundo, y el mejor escudero de LeBron, lo dejó claro "No quiero jugar más aquí". ¿El motivo? Su supuesta mala relación con el resto de sus compañeros y, en especial, con LeBron.

Los Cavs, tras rastrear el mercado, aceptaron la propuesta de los Celtics. Traspasaron a Irving por Isaiah Thomas, Jae Crowder y una segunda ronda del draft del próximo año. Del mal, el menos. Cleveland estaban entre la espada y la pared. A pesar de reforzar a su máximo rival de conferencia, había que hacer todo lo posible para contentar a James, que termina contrato al final de esta temporada.

Cuando Kyrie solicitó el traspaso, los nubarrones se asomaron por el estado de Ohio. Sin embargo, tras conseguir a la diminuta 'termita' Isaiah Thomas (1,74) -el escolta con cuerpo de base, uno de los mejores anotadores de la liga, se fue el año pasado hasta los 29 puntos de media-, a la roca Jae Crowder -enorme defensor- en el traspaso con los Celtics, y fichar a Wade, parece que empieza a descampar en Cleveland. Aunque la baja de Irving es una perdida capital que parece que deja sin opciones de anillo a los Cavs, con LeBron al mando, todo es posible.

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Los Celtics, que además de Irving, consiguieron hacerse con los servicios de Gordon Hayward, uno de los jugadores con más talento innato de toda la NBA, y con parte de la sólida base del año pasado: los Marcus Smart, Jaylen Brown o Horford tienen talento a raudales, partían como gran alternativa a los Cavs en el Este. La perdida de Thomas -ídolo de la afición Celtic-, Kelly Olynyk, Avery Bradley y Jae Crowder restan fondo de armario y la terrible lesión de Hayward, se destrozó su tobillo izquierdo en el debut ante los Cavs y puede perderse toda la temporada, es un duro golpe a sus aspiraciones. Pero sin duda si hay un equipo y un entrenador que pueden conseguir hacer de la tragedia una virtud -consiguiendo fortalecer el bloque y que el resto de los jugadores den lo mejor de sí mismos para tapar la importantísima baja de Gordon- esos son los Celtics y Brad Stevens -probablemente el mejor entrenador de la NBA-.

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Irving cambió Cavs por Celtics

Los tres aspirantes a meterse en la pelea

Aunque muchos sean escépticos, en el Este hay vida tras Cavs y Celtics. Tres equipos, los Bucks, los Wizards y los Raptors, que han elegido la continuidad como bandera, tienen mimbres suficientes para colarse en la final de la NBA.

Los Bucks, liderados por Giannis Antetokounmpo, uno de los grandes favoritos para ser MVP al final del curso -increíble la historia del griego: de ser vendedor ambulante de pañuelos a tener la oportunidad de marcar una época en la NBA-, han sabido rodear muy bien a su superestrella. Con un anotador como Khris Middleton ya totalmente recuperado, con el mejor rookie del año pasado, Malcon Brogdon, dirigiendo las operaciones, consumados tiradores de tres como Teletovic, uno de pívots con mejor juego de pies de toda la NBA como es Greg Monroe y un Tom Maker que puede ser el factor X: el africano es un excelso defensor que con sus enormes brazos cortocircuita el juego del ataque rival y las penetraciones en la pintura, los Bucks pueden tumbar a cualquiera. Si recuperan al mejor Jabari Parker -volverá en febrero tras romperse los ligamentos de su pierna izquierda por segunda vez consecutiva-, ojo con estos Bucks.

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En Washington se respira ilusión. Al fin los Wizards han sabido dar continuidad a un roster. Su BIG THREE con John Wall, uno de los bases más completos de la liga, Bradley Beal , si le siguen respetando las lesiones por físico, capacidad anotadora y talento debe ser un habitual del All Star y Otto Porter -renovación millonaria este verano de uno de los aleros más completos-, los de Washington tienen uno de los mejores backcourt de la mejor liga de baloncesto del mundo. Es cierto que por dentro andan más escasos, aunque Gortat sigue aportando intensidad y fuerza en la pintura, pero en conjunto tienen una gran plantilla que puede optar a todo en el Este esta temporada.

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EL Big Three de los Wizards: Porter, Wall y Beal

Los Raptors seguirán siendo ese equipo rocoso y difícil de hincar el diente. Dirigidos con maestría por Kyle Lowry, con DeMar DeRozan ametrallando el aro rival e Ibaka aportando su músculo en la pintura, los canadienses son un fijo de la postemporada. E

Tres caramelos golosos

A partir de aquí, se abre un brecha importante. El resto de equipos del Este dan un bajón evidente con respecto al Oeste. Aun así, hay franquicias interesantes en el horizonte. Charlotte Hornets es una de ellas. El proyecto pivota una vez más sobre Kemba Walker -el gangsta que se tira hasta las zapatillas-, al que en esta ocasión Michael Jordan -propietario de los Hornets- a emparejado con Dwight 'Superman' Howard. Del nivel que pueda dar el que hasta hace no tanto era considerado el mejor pívot de la liga, dependerán buena parte de las opciones de Play Offs del conjunto de Carolina del Norte, un equipo en el que la clase obrera -Marvin Williams, Cody Zeller, Batum o Jeremy Lamb- aportan mucho más de las camisetas que venden.

Mención especial para Philadelphia. Los Sixers son el equipo yé- yé de esta temporada. Con el recién renovado Embiid como líder, si le respetan las lesiones el pívot africano dominará la NBA en los próximos años, Ben Simmons (número 1 del draft del curso pasado), Markelle Fultz (número 1 del presente), Saric -estuvo cerca de ser nombrado rookie del año la temporada pasada- y la metralleta JJRedick -un veterano de la guerra del Vietnam que no ha perdido un ápice de puntería a distancia- son argumentos de peso para apostar por el crecimiento de una franquicia que lleva muchos años en el lodo. Talento le sobra para ser la gran revelación del Este.

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Otra franquicia a la que da gusto ver jugar es Miami Heat. Con Goran Dragic como director de orquesta, el equipo dirigido desde los despachos por Pat Riley ha optado por la continuidad en vez de la reconstrucción. Las buenas prestaciones que dieron los de Florida al final de la temporada pasada -llegaron a meterse en Play OFF tras una increíble racha de victorias- inclinaron la balanza. El talento que atesoran Hassan Whiteside -un pívot de 2,13 que pasó de jugar a la X Box en China a ser una estrella de la liga, y que es uno de los grandes especialistas en el arte de los pinchos de merluza -tapones-, con buena mano y gran movimiento de pies-, Justice Winslow -un alero todoterreno- y la evolución del recién renovado Josh Richardson -jugón con mano- hacen tener grandes esperanzas de cara al futuro ganador de la franquicia.

La llegada de Olynyk o las renovaciones de Tyler Johnson y Dion Waiters, son otras de las noticias destacas de un equipo dinámico y con fondo de armario para firmar una digna temporada. Riley y Spoelstra, ganadores y grandes sabuesos del talento, que saben de esto un rato, confían en los suyos. Los Heat darán más de una sorpresa esta temporada.

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Dragic y Whiteside, los líderes de los Heat

Ni frío ni calor

En tierra de nadie hay tres franquicias que no generan nada de ilusión esta temporada. En Indiana pintan bastos. Larry Bird dejó de ser el Presidente de los Pacers y en cierto modo parece que todo ha ido a peor, esté relacionado o no. La traumática salida de Paul George, el adiós de Jeff Teague y los fichajes nada ilusionantes de Oladipo 'el Calipo' y Lance 'pandillero' Stephenson, dejan un panorama desolador. Un tremendo desierto de talento con un solo oasis. Myles Turnes. El ala-pívot será la referencia de un equipo que ni come ni deja comer: tendrá complicado meterse en los Play Off pero no tiene pinta que con el 'Sargento de Hierro' McMillan en el banquillo, sean de los peores equipos, por lo que seguramente se quedará en tierra de nadie y, en principio, no conseguirá una elección alta de draft -que suele garantizar un proyecto de estrella- la próxima temporada. Malos tiempos los que se vislumbran en el horizonte para los Pacers.

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Otro de los equipos que ni fu ni fa son los Pistons. El proyecto de Stan 'Bigotón' Van Gundy se marchita. El estancamiento de sus tres estrellas, Drummond , Reggie Jackson y Tobias Harris, ha dejado a la franquicia de Detroit a medio camino. La llegada de Avery Bradley les da más calidad en el perímetro, pero no la suficiente como para optar a nada serio. Lucharán por meterse en Play Off, pero la ilusión en el estado de Míchigan está bajo mínimos.

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El oso pardo Andre Drummond

Los Magic, que ficharon como general Manager a John Hammond, ex de los Bucks, tienen mimbres de calidad: el rookie Jonathan Isaac, el talentoso pero indolente Vucevic, Fournier y sobre todo, Aaron Gordon, una bestia parda que esta temporada jugará en su puesto, de cuatro, tras la salida de Ibaka. Además han sumado a Jonathon Simmons, un buen fichaje pero que en el engranaje del equipo no parece aportar más que una nueva suma a ese monstruo de roster sin ningún equilibrio que deambula por Florida. Hammond, que puede presumir de por vida de ser el general mánager que seleccionó en el draft a Giannis Antetokounmpo, tiene mucho trabajo por delante.

La reconstrucción como bandera

En Nueva York hay debate. ¿Quién es la peor franquicia de los últimos años? Los Knicks y los Nets mantienen una lucha encarnizada por ese dudoso honor. Realmente, ambos tienen mucho mérito. Es difícil hacerlo tan mal. Ni aposta.

Los de Brooklyn han mejorado algo su paupérrimo nivel del año pasado con la llegada de D’Angelo Russell -su tremendo talento es directamente proporcional con su nivel de pocas luces-, Mozgov, DeMarre Carroll y Allen Crabbe, aunque su margen salarial mengua considerablemente. La baja de Brook López -un atípico pívot que tiene buena mano, es un taponador nato, pero que tiene alergia al contacto en la pintura y menos sangre que un mosquito-, que ha puesto rumbo a Lakers, llegaría tarde o temprano, y en cierto modo no parece que haya salido mal. Su futuro, sin rondas de draft este curso, sigue siendo negro como el tizón.

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Por su parte, los Knicks cierran con más pena que gloria la era Carmelo. También se ha puesto punto y final a la nefasta era Phil Jackson. El traspaso de Anthony a los Thunder a cambio de prácticamente nada supone un reseteo para un equipo que lleva demasiado tiempo sin rumbo. Lo malo, que fue Jackson quien eligió al base Ntilikina en el Draft, seguramente una mala elección para cimentar una reconstrucción ya que parece más bien encaminado a ser un jugador de rotación.

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Lo bueno, que Kristaps Porzingis tiene todo el margen para crecer junto con Willy Hernangómez. De hecho, en ese sentido, la sanción por dopaje de Joakim Noah ayuda a que los jóvenes, y solo los jóvenes con la ayuda de Kanter, tengan cabida en el conjunto de Jeff Hornacek, ahora bajo la batuta en los despachos del nuevo GM Scott Perry. Si Michael Beasley vuelve centrado, como parece, también va a ser entretenido de ver, además de observar si Doug McDermott, hasta ahora sin suerte en la liga, consigue consolidarse.

Por último los Bulls inician su reconstrucción. La salida Jimmy Butler y de Wade oxigena a un equipo que sabe que necesita estrellas para intentar volver a optar a ganar un anillo y que el mejor camino para conseguirlo es a través del draft. Ver como crecen o se consolidan jóvenes como Portis, LaVine y Dunn -ambos llegaron de los Timberwolves en el traspaso de Butler-, Valentine o el rookie Lauri Markkanen, suponen el único aliciente de una franquicia al que le quedan muchos años de barro.

La conferencia Este no tendrá franquicias con tanto talento como las del Oeste, cierto, pero hay mimbres de sobra para dar espectáculo a raudales.

Partidos

14 de Junio
Golden State Warriors 110-114 Toronto Raptors

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