
Los Angeles Lakers atraviesan uno de sus momentos más delicados de la temporada. Cuatro derrotas en los últimos cinco partidos han encendido todas las alarmas en una franquicia acostumbrada a vivir bajo la exigencia del éxito inmediato. Pero lo preocupante es que el equipo dirigido por JJ Redick no solo pierde, sino que lo hace dejando una sensación de desconexión colectiva, falta de intensidad y escasa capacidad de reacción. Dentro de la crisis general del equipo, en el centro del debate aparece Luka Doncic, llamado a ser el gran referente del proyecto, pero ahora señalado por su actitud dentro y fuera de la pista.
La derrota ante los Detroit Pistons fue el último episodio de una dinámica negativa que empieza a pasar factura. Tanto que Los Lakers, que hace apenas unas semanas ocupaban la segunda posición de la Conferencia Oeste, han caído hasta la quinta plaza y ven cómo rivales directos como los Timberwolves se acercan peligrosamente.
Doncic y los árbitros: un mensaje incómodo
Tras el último tropiezo, Luka Doncic sorprendió con unas declaraciones poco habituales en él cuando las cosas funcionan. El esloveno apuntó directamente al criterio arbitral como uno de los factores que explican la derrota: "Ya vieron que los árbitros lo dejaron pasar, así que deberíamos jugar más físicos", afirmó, dejando entrever que su equipo no supo adaptarse a un listón más permisivo en el contacto.
Doncic insistió en que no se trató de acciones puntuales, sino de una tendencia sostenida durante todo el encuentro, lo que generó frustración en la pista y en el banquillo. Un discurso que, lejos de cerrar filas, ha alimentado la sensación de nerviosismo y ha abierto el debate sobre su liderazgo en momentos de dificultad.
Más allá de las palabras de su estrella, la realidad es que los Lakers no están ofreciendo el nivel esperado. La defensa hace aguas, el ataque se vuelve previsible en los momentos clave y la sensación general es que las estrellas no están apareciendo cuando más se las necesita. Doncic sigue firmando buenos números individuales, pero su impacto no se traduce en victorias, mientras que LeBron James, aunque aporta soluciones, ya no puede sostener al equipo como en el pasado.
Por todo ello, la afición comienza a señalar una falta de compromiso y respeto hacia los rivales, una crítica que también se escucha en los análisis de exjugadores y especialistas. La imagen de un equipo que baja los brazos con facilidad resulta especialmente dolorosa para una franquicia con el peso histórico de los Lakers.
Críticas externas: "No respeta a nadie"
Las declaraciones más duras llegaron desde fuera del vestuario. Emmanuel Acho, exjugador de la NFL y ahora analista, fue contundente al cuestionar la actitud de Doncic hacia su entrenador. "Luka no respeta a nadie", aseguró, recordando que ya tuvo una relación tensa con Jason Kidd, a quien considera superior a JJ Redick tanto como jugador como entrenador.
Estas palabras han tenido un gran eco en Estados Unidos, alimentando la narrativa de que Doncic tiene dificultades para aceptar la autoridad cuando las cosas no marchan bien. Una acusación grave para un jugador llamado a liderar un proyecto campeón.
Redick no se muerde la lengua
Lejos de rebajar la tensión, JJ Redick también ha sido muy crítico con sus jugadores. Tras una de las derrotas, el técnico fue tajante: "Somos un equipo terrible. No nos importa lo suficiente como para ser profesionales". Un mensaje directo que evidencia el malestar del entrenador y la necesidad de una reacción inmediata.
Con la temporada aún en marcha, los Lakers tienen margen para corregir el rumbo, pero el tiempo empieza a apremiar. La decepción actual puede convertirse en un punto de inflexión o en el inicio de una crisis mayor. Doncic, como líder indiscutible, tiene ahora la responsabilidad de transformar la frustración en carácter competitivo y devolver el respeto perdido a un equipo que todavía busca su identidad.

