
Se cumple un año de uno de los traspasos más impactantes de la historia reciente de la NBA: la llegada de Luka Doncic a Los Ángeles Lakers. Doce meses después de abandonar Dallas Mavericks en una operación que sacudió la liga, el base esloveno sigue demostrando que su talento está fuera de toda discusión, aunque el éxito colectivo todavía no ha alcanzado la dimensión que se espera de una superestrella de su calibre.
La efeméride coincidió con un escenario simbólico, el Madison Square Garden, donde Doncic firmó otra actuación de líder con 30 puntos, 15 rebotes defensivos y 8 asistencias. Sin embargo, la derrota ante los New York Knicks (112-100) volvió a reflejar la dualidad que ha acompañado este primer año: brillo individual constante, pero resultados irregulares del equipo en momentos exigentes.
It has been one year since the trade that broke the internet 😳
Luka Doncic is a Laker. Anthony Davis is a Maverick 😦 pic.twitter.com/9n6nqbLfPa
— ESPN (@espn) February 2, 2026
Un traspaso que cambió la NBA
Cuando los Lakers lograron incorporar a Doncic hace un año, la operación fue recibida con sorpresa generalizada. No solo por la magnitud del jugador que salía de Dallas, sino por el impacto inmediato que se preveía en la lucha por el anillo. La franquicia angelina apostaba por presente y futuro al mismo tiempo, sumando a una estrella generacional en plena madurez competitiva.
Doce meses después, el balance individual del esloveno es difícil de cuestionar. Ha mantenido su producción ofensiva, su capacidad para dominar el ritmo de los partidos y su influencia en todas las facetas del juego. Lejos de acusar la presión del mercado angelino, ha asumido el liderazgo con naturalidad.
De hecho, uno de los aspectos más destacados de este primer año ha sido la adaptación de Doncic al nuevo entorno sin necesidad de transformar su esencia como jugador. Él mismo ha explicado que no ha cambiado de forma radical su manera de jugar, aunque sí ha incorporado matices, especialmente en el juego sin balón.
La comunicación con el cuerpo técnico ha sido clave en ese proceso. Ajustes tácticos, nuevos compañeros y un sistema diferente no han reducido su impacto. Al contrario, han ampliado su lectura del juego y su versatilidad dentro de la pista.
Números de superestrella
Las cifras respaldan su rendimiento. Partidos de 30 o más puntos, dobles-dobles frecuentes y presencia constante en las estadísticas avanzadas de la liga confirman que Doncic sigue instalado en la élite absoluta. En Nueva York volvió a demostrarlo, liderando a los Lakers en anotación, rebote y generación de juego.
Sin embargo, el aniversario también invita a mirar más allá de los números. La derrota en el Madison fue la tercera en la gira por el Este y evidenció problemas colectivos en defensa y consistencia, especialmente en tramos decisivos como el tercer cuarto, donde los Knicks rompieron el partido.
Convivencia con LeBron
Este primer año también ha estado marcado por su convivencia con LeBron James. Lejos de chocar protagonismos, ambos han construido una sociedad basada en el respeto y la complementariedad. Doncic ha elogiado públicamente la longevidad competitiva de LeBron, especialmente tras su nueva selección para el All-Star. Además, compartir vestuario con una figura histórica ha supuesto para el esloveno un aprendizaje constante, tanto en liderazgo como en preparación y lectura del juego.
Un año después de su llegada a Los Ángeles, Luka Doncic ha cumplido con lo que se esperaba de él a nivel individual: rendimiento, liderazgo y regularidad. Pero el gran objetivo que justificó su fichaje —convertir a los Lakers en aspirantes indiscutibles al título— sigue en construcción.

