L D (EFE) Los entrenadores Bill Belichick, de los Patriotas, y John Fox, de las Panteras, a través de sendos comunicados de prensa, dijeron que habían realizado un ligero entrenamiento y completaron reuniones de trabajo para luego darle el resto del día libre a los jugadores. Por eso para los entrenadores, el día más peligroso de todos antes del Super Bowl es precisamente el sábado, previo a la gran final, porque algunos jugadores no pueden aguantar la presión y deciden hacer cosas que no siempre son las mejores para sus intereses y la del equipo.
La última experiencia negativa en este sentido se dio el año pasado cuando el central de la línea defensiva de los Raiders de Oakland, Barret Robbins, desapareció de la habitación del hotel, dejó de tomar la medicación antidepresiva que tenía prescrita y viajó desde San Diego a Tijuana y permaneció todo el tiempo bebiendo. La consecuencia fue que tuvo que ser internado en un hospital, no pudo jugar el partido más importante de su vida y los Raiders, su equipo, cayeron derrotados por paliza de 48-21 frente a los Bucaneros de Tampa Bay.
Los Patriotas, a petición de Belichick, utilizaron el derecho que tienen de cambiar de hotel a partir del viernes y dejaron en el que se encontraban en el área del centro comercial de Houston y se han ido a otro desconocido. Fox y las Panteras, que llegan por primera vez al Super Bowl, también son conscientes que para ellos la situación les genera mayor trabajo a la hora de la concentración, pero están listos para el gran reto. Los dos equipos demostraron lo justo de su llegada al Super Bowl con méritos en el campo para superar a rivales, que sobre el papel tenían más estrellas y eran mejores
Lo más irónico para el partido del Super Bowl del domingo es que los aficionados tienen que ir a las fiestas privadas para ver a ex mariscales como Joe Montana, John Elway y Dan Marino, entre otros, para ver de cerca lo que en realidad fueron grandes estrellas. Porque en el campo, ni Tom Brady, el mariscal de los Patriotas, ni mucho menos Jake Delhomme, un completo desconocido hasta esta temporada, tienen la proyección de grandes estrellas.
La última experiencia negativa en este sentido se dio el año pasado cuando el central de la línea defensiva de los Raiders de Oakland, Barret Robbins, desapareció de la habitación del hotel, dejó de tomar la medicación antidepresiva que tenía prescrita y viajó desde San Diego a Tijuana y permaneció todo el tiempo bebiendo. La consecuencia fue que tuvo que ser internado en un hospital, no pudo jugar el partido más importante de su vida y los Raiders, su equipo, cayeron derrotados por paliza de 48-21 frente a los Bucaneros de Tampa Bay.
Los Patriotas, a petición de Belichick, utilizaron el derecho que tienen de cambiar de hotel a partir del viernes y dejaron en el que se encontraban en el área del centro comercial de Houston y se han ido a otro desconocido. Fox y las Panteras, que llegan por primera vez al Super Bowl, también son conscientes que para ellos la situación les genera mayor trabajo a la hora de la concentración, pero están listos para el gran reto. Los dos equipos demostraron lo justo de su llegada al Super Bowl con méritos en el campo para superar a rivales, que sobre el papel tenían más estrellas y eran mejores
Lo más irónico para el partido del Super Bowl del domingo es que los aficionados tienen que ir a las fiestas privadas para ver a ex mariscales como Joe Montana, John Elway y Dan Marino, entre otros, para ver de cerca lo que en realidad fueron grandes estrellas. Porque en el campo, ni Tom Brady, el mariscal de los Patriotas, ni mucho menos Jake Delhomme, un completo desconocido hasta esta temporada, tienen la proyección de grandes estrellas.