Las elecciones presidenciales en Brasil, en las que el candidato del Partido de los Trabajadores, Luis Inacio Lula da Silva, ha logrado casi el 50 por ciento de los votos es, junto a la sospecha de que la explosión del petrolero francés en Yemes obedezca a un atentado de Al Qaeda, la noticia más destacad del día. Las portadas también dan relevancia a la canonización del fundador del Opus Dei, a la que asistieron más de 300.000 fieles, la llegada hoy a España del presidente argelino para firmar un Tratado de Amistad y Cooperación en plena crisis de relaciones con Marruecos, el respaldo de IU a la llamada “Tesis Madrazo” o el apuñalamiento del alcalde París por parte de un hombre de origen argelino que decía odiar “a los políticos y a los homosexuales”.
El Mundo, que publica una entrevista con Cándido Méndez en la que acusa a Aznar de haberse “Felipizado”, da también mucha relevancia en su portada al interesante programa de El Mundo TV para Tele 5, en el que la cámara oculta capta el miedo y la opresión de los no nacionalistas en el País Vasco.
Debido a lo tarde que se dieron a conocer los primeros datos de las elecciones brasileñas, ningún diario dedica editorial alguno a los comicios. No obstante, todos los titulares coinciden en destacar la aplastante victoria de Lula da Silva que no logra, sin embargo, la mayoría absoluta.
La incuestionable superioridad del Partido de los Trabajadores podría, sin embargo, ser cuestionada en la segunda vuelta, una vez desaparecida la característica fragmentación del electorado brasileño y cuando tenga que concentrarse el voto en dos únicas candidaturas. No hay que olvidar que, pese a que muchos no se cansan en asegurar que el candidato izquierdista ha “moderado” su discurso revolucionario, lo cierto es que su partido ocupa la extrema izquierda de una oferta electoral que casi toda ella, en sí misma, está ya centrada en ese campo ideológico. En este sentido, si hay una concentración de voto a la “derecha” de Lula da Silva a favor del candidato socialdemócrata José Serra, a pesar de su aplastante victoria de este domingo, podría ver cómo ésta queda relegada a puro espejismo. En cualquier caso, entre más de lo mismo y un supuesto “cambio”, que no sería más que la radicalización de lo ya conocido hasta ahora, la verdad es que hay que armarse de un injustificado optimismo para esperar algo bueno del futuro brasileño a corto plazo.
Escrivá como excusa del anticlericalismo de El País
Este lunes El País y La Vanguardia dedican un editorial a la canonización del Fundador del Opus Dei, después de que ayer lo hicieran el resto de los diarios.
El País claramente niega a Escrivá de Balaguer los méritos para ser canonizado afirmando que son “muchas las personas que conocieron al fundador del Opus Dei y que, por tanto, fueron testigos directos de que su vida se compuso con los mismos materiales no siempre nobles con los que se construye cualquiera otra”. No obstante, su editorialista dice defender el derecho de la Iglesia “a correr cuantos riesgos desee para exaltar entre sus fieles, que abarrotaban ayer la plaza de San Pedro y sus aledaños, la figura de monseñor Escrivá. No así –continúa El País– el Gobierno de España, obligado a velar por la aconfesionalidad del Estado consagrada en la Constitución”.
El País diga, lo que diga, aprovecha la canonización de Escrivá para dar rienda suelta a su editorial contra dos de sus bestias negras, el Gobierno del PP y la Iglesia Católica. Ya fue patético ver la semana pasada que El País estaba poco familiarizado con el Derecho Canónico cuando confundía la nulidad y la disolución del contrato matrimonial; más grave, sin embargo, es que su editorialista no esté familiarizado con la Constitución, como deja patente hoy en su comentario. La presencia de ministros y representantes públicos en la canonización de Escrivá –como en la de cualquier otro– no supone violación alguna de la indudable y conveniente aconfesionalidad de nuestro Estado. Pero el que “ninguna confesión tendrá carácter estatal” que proclama nuestra Carta Magna no significa en modo alguno que con ella se instaurara un Estado laico –en el sentido francés de la expresión, propia de la III República–, pues en el ordenamiento constitucional español se admite la cooperación del Estado con iglesias y confesiones religiosas.
Si no fuera suficientemente elocuente el artículo 16.3 –que, además de proclamar la no confesionalidad del Estado añade que “los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones con la Iglesia Católica y las demás confesiones”–, el editorialista de El País tendría que conocer la jurisprudencia de nuestro máximo Tribunal al respecto, la cual rechazó incluso la impugnación de la asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas, prestada por sacerdotes con la condición de funcionarios del Estado. O los escritos que sobre esta cuestión ha escrito el jurista Manuel Jiménez de Parga, actual presidente del Tribunal Constitucional...
El País, sin embargo, critica “la más que nutrida delegación oficial enviada en peregrinación a Roma”, además de “la relevante cobertura proporcionada por los medios de comunicación públicos”. Olvida decir el editorialista que la presencia del ministro Federico Trillo fue a título privado y que la delegación española –dada la nacionalidad española del canonizado– era además, menos numerosa, que la italiana, que también acudió “en peregrinaje” junto a la de otros países. Como recuerda oportunamente La Vanguardia, la delegación italiana, presidida por el viceprimer ministro Gianfranco Fini y otros seis ministros, “ha contado incluso con la presencia de dirigentes de la oposición de izquierdas, como el ex primer ministro Massimo D´Allema y de varios presidentes regionales”.
En cuanto a la cobertura informativa, ¿en qué se basa El País para considerar injustificada la transmisión de RTVE de un acto que reunió a más de 300.000 fieles de noventa países de todo el mundo –entre ellos más de 85.000 españoles– y que –como también recuerda La Vanguardia– ha sido transmitida en directo por televisiones de 29 países? El País, que ha tildado de “paletos” a los defensores del homenaje a la bandera, hay que ver de qué forma tan cateta niega el carácter universal y la trascendencia internacional que tiene este acto, evidente incluso para los que no simpatizan con el Opus o ni siquiera profesan la fe católica. ¿También tiene culpa de eso Franco o es la nacionalidad española del canonizado?
Claro que, ante las fobias, el razonamiento está de más y El País concluye que “el asunto se ha conducido como, si al igual que en el pasado, se volviese a reclamar para España la condición de hija predilecta de la Iglesia de Roma”. Su editorialista, así, confunde España y Castilla o, peor, la Iglesia de España con la de Francia, que esa sí fue declarada “hija predilecta” de Roma. Y es que esa es la cuestión de fondo: al anticlericalismo se suma la simple falta de cultura.

La victoria de Lula y la canonización de Escrivá
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