Si la guerra en Irak monopoliza las portadas, otro tanto ocurre con los editoriales. La Razón y La Vanguardia se limitan a describir la contienda y a respaldar al Gobierno en la cuestión de las bases. Estos diarios recuerdan que también el gobierno alemán está cumpliendo ese compromiso con EE UU respecto a las bases. ABC respalda desde la óptica del Gobierno y, esta vez, de una forma un tanto cándida, el intento de la UE de "restaurar el consenso europeo".
El Mundo titula “una locura bélica que debe acabar cuanto antes” su larguísimo comentario editorial sobre Irak. Tras hacer una descripción del inicio y desarrollo de la intervención militar, considera que esta “demuestra que la guerra no tiene como finalidad tan sólo desarmar a Sadam, como especificaba la resolución 1441, sino derrocarle e implantar un protectorado en Irak. Las palabras de Bush de que la intervención pretende devolver a los iraquíes la soberanía perdida —continúa El Mundo— suenan a sarcasmo, máxime cuando el rechazo es abrumador en el mundo árabe”.
Dicen que en la guerra la primera víctima es la verdad. En el caso de El Mundo —y de tantos otros— lo es también la lógica más elemental; sólo alguien que haya renunciado definitivamente a ella puede creer a estas alturas que Sadam podría haber accedido pacíficamente al desarme. Si la amenaza creíble de guerra lanzada por EE UU no ha bastado para lograr que Sadam se plegara a lo que le ha estado exigiendo durante doce años la comunidad internacional, es evidente que no lo conseguiría por otros medios que no fueran la fuerza.
El Mundo habla de las “locuras” bélicas de los aliados, pero ¿cómo habría que calificar a los EE UU si desarmaran por la fuerza a Sadam para dejarlo luego en el poder? ¿No hablaba la 1441 de una “última oportunidad”? ¿Dejar a Sadam Husein en el poder, aun sin armamento de destrucción masiva, no sería una forma de otorgarle, además de una nueva impunidad, una nueva oportunidad para rearmarse? El antiamericanismo de este diario es enfermizo. Dice su editorialista que es un “sarcasmo” que Bush diga que el derrocamiento de Sadam traerá a los iraquíes su soberanía. ¿Es que acaso la dictadura de Sadam es el resultado de la soberanía del pueblo iraquí? ¿Es que los iraquíes no tendrían más soberanía, más libertad y más prosperidad en un protectorado americano que bajo el régimen genocida de Sadam Husein?
El Mundo reitera una vez más que “no estamos ante una guerra justa o inevitable sino ante un ataque unilateral, arbitrario, desproporcionado y al margen de la legalidad internacional, puesto que una gran mayoría de los países del Consejo de Seguridad se han negado a avalarlo”. Lo que ha demostrado ser “desproporcionado” son los escasos medios que se han utilizado hasta ahora para lograr el objetivo de desarmar a Irak. Lo que no es proporcionado es pretender que alguien que, como Sadam, ha sido capaz de exterminar físicamente al que no cumple su voluntad, se vaya a plegar a la voluntad de la comunidad internacional a través de meras sanciones económicas y reprimendas diplomáticas. Eso ha demostrado ser tan desproporcionado como, parafraseando al Tenorio, ir a amenazar a un león con un mal palo.
Aparte de su renuencia a la lógica, El Mundo recurre a la falsedad. Porque simplemente no es cierto que esta guerra sea “ilegal”, incluso desde el punto de vista de la cuestionable y sui generis "legalidad internacional" que emana de la ONU. Aquí el único que está al margen de esa legalidad internacional es Sadam Husein, como demuestran más de una decena de resoluciones. No hay, por el contrario, una sola resolución que dictamine la supuesta ilegalidad de Bush. Además de Kosovo, la intervención americana en Irak tiene tanto amparo legal ahora como la tuvo en 1991, aunque esta gozara de mayor consenso internacional. En cuanto a la referencia explícita a la guerra, tampoco la contenía la resolución de 1991; como tampoco la tenía, dicho sea de paso, el proyecto de resolución británico que Francia amenazó con vetar. El lenguaje diplomático de la ONU nunca recurre a ella abiertamente.
La falsedad la cometieron los países que, como Francia, después de alertar a su ejército a "estar preparado" para intervenir en Irak y suscribir en ese sentido la resolución 1441 que daba una “última oportunidad” al desarme pacífico de Irak, han salido ahora, una vez desaprovechada por Sadam esa oportunidad, diciendo que había que haberle dado nuevas oportunidades al régimen de Bagdad. Una “última” oportunidad no es una oportunidad “ilimitada”. Y pretender que lo sea es la misma falsedad que hubiera cometido Francia si, en lugar de ser consecuente con la resolución que en 1991 advertía a Sadam que la comunidad internacional impediría "por todos los medios" la ocupación iraquí de Kuwait, hubiera salido después con la cantinela de que en esa resolución "no autorizaba de forma expresa la guerra".
El Mundo, sin embargo, lanza —de forma inconsciente— la mayor y más dura crítica que haya dirigido un medio español contra quienes se oponen a la intervención aliada en Irak. Así, en el único rasgo de sensatez de su editorial, El Mundo sostiene que, “dado que la superioridad militar es aplastante, el escenario menos malo sería, pues, una rápida derrota de Sadam. No es este el desenlace —reconoce El Mundo— que tal vez preferiría un sector de los millones de ciudadanos que están contra este ataque, que seguramente desearía que Bush, Blair y Aznar pagaran la factura del desastre que han ocasionado viéndose atrapados en las dunas y callejuelas de una guerra cruenta. No compartimos este sentimiento —continúa el editorial— ya que el daño a estos políticos se produciría a costa de miles de vidas humanas”.
A los opositores al Gobierno, la vida de las víctimas de esta guerra les da tan igual como las que producen otras guerras contra las que jamás se manifiestan. Ese “no a la guerra” solo lo lanzan para desgastar y denunciar la política de Bush y Aznar. Jamás se han movilizado contra las guerras que no libran los Estados Unidos. Cuantos más daños colaterales produzca esta guerra, mejor para su estrategia. Y esa estrategia es a la que estamos asistiendo. Pasa por silenciar sistemáticamente los beneficios que traerá para el pueblo iraquí y para la Comunidad internacional la caída del dictador y por remarcar y, si es necesario, exagerar los costes que ese derrocamiento exige.
A ella se entrega abiertamente El País en uno de sus dos editoriales. Si afortunadamente los daños colaterales están siendo por ahora mínimos, El País no puede esperar para sentenciar en un editorial que lleva por título “lo peor está por llegar”, que no “cabe hacerse ilusiones” pues lo que “todavía es un preaviso con blancos muy concretos, en Bagdad y Basora por el momento, se va a convertir por momentos en un horror diseminado por todas las zonas del país en las que ya hay centenares de objetivos ya designados sobre los que caerá un diluvio de fuego. Sin mover un músculo, Rumsfeld lo ha anticipado con un lacónico algo nunca visto antes”.
A diferencia de lo que insinúa El País, Rumsfeld no hacía con esa afirmación una insensible referencia a un apocalipsis de sangre y fuego como el que nos garantiza El País. El secretario de Estado americano, por el contrario, se refería a una intervención de una rapidez y eficacia sin parangón. Evidentemente, no estamos en condiciones —tampoco El País— de predecir el futuro y saber cuáles van a ser los daños colaterales. Evidentemente, las jornadas venideras provocarán más víctimas que las que han producido los primeros bombardeos; entre otras cosas, porque el primero de ellos sobre Bagdad tuvo un balance —que El País oculta— de cuatro militares y un civil muertos; es decir, un número menor de víctimas que las que produce el tráfico en una “operación salida” en un día de inicio de vacaciones.
Aunque tenemos tan poca capacidad de predecir el futuro como la tiene El País, hay muchos indicios para esperar que pese al incremento futuro de daños, la invasión de Irak y el derrocamiento de Sadam sea el más rápido y menos cruento de cuantos haya conocido la Humanidad. Buena prueba de que, por lo menos, ese y no otro es el objetivo de los EE UU, es la rápida entrada en acción de las fuerzas terrestres a las pocas horas del inicio de los bombardeos.
Las intervenciones bélicas norteamericanas se han caracterizado históricamente por un uso intenso y prolongado de los bombardeos antes de iniciar las movilizaciones terrestres; siempre se han caracterizado por exponer a su infantería a los menores riesgos retrasando lo más posible su entrada en acción. Ahora lo han hecho a escasas horas del primer bombardeo. Seguramente en esta guerra los soldados norteamericanos sufran más bajas que las padecidas en Afganistán, pero también es muy posible que logren reducir el ya histórico y mínimo número de daños colaterales que produjo el derrocamiento del régimen talibán.
Pero esto no le interesa remarcarlo a El País. Este diario ciertamente es el vocero de ese “sector” al que se refería El Mundo —pero al que este diario sirve— que “prefiere asistir a una guerra larga y cruenta” con tal de “pasar factura a Bush, Aznar y Blair”. Y si no asiste a ella, se la inventa.
Sea muy grande o muy pequeña la siempre terrible factura de las víctimas solo la pagará, por el contrario, quien debe hacerlo: Sadam Husein.
Resumen de prensa
La guerra en Irak es el único asunto informativo que llevan las portadas de todos los diarios. Todos los periódicos coinciden en destacar en su principal titular el inicio de la invasión terrestre tras el intento de decapitar el régimen de Sadam a través del bombardeo selectivo de los centros oficiales de Bagdad.
La segunda cuestión más destaca es la oleada de manifestaciones que se produjeron ayer contra la guerra en muchas ciudades españolas.
ABC destaca que “la OPEP autoriza a sus miembros a aumentar la producción, y el crudo vuelve a caer hasta los 25,55 dólares. También que “la UE recuerda, en una declaración conjunta, que el objetivo es “el desarme pleno y efectivo” de Irak.”
El Mundo hace referencia al “factor humano” señalando en un titular que “un civil y cuatro militares muertos en Bagdad, balance del primer bombardeo”.
Un cintillo en El País destaca que “Irak responde a los ataques lanzando 10 misiles contra Kuwait”.
La Vanguardia habla de la “tenue respuesta de los gobiernos árabes; Marruecos reprime la protesta”. También destaca que “Aznar aboga por rehacer el consenso y Zapatero le exige que vuelvan las tropas”. El diario catalán señala que “el Príncipe de Asturias en estado de alerta por si debe acudir al conflicto”.
Contra Aznar, cuanto peor guerra, mejor
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