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Mas se estrella contra la 'voluntat d'un poble'

El mesiánico eslogan de Mas sirve para retratar lo espectacular de su derrota. Se lo jugó todo a una carta y ha cosechado un estrepitoso fracaso.

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Las elecciones catalanas que Mas pretendía convertir en un plebiscito sobre la independencia ha terminado convertido en un abrumador castigo contra el presidente catalán. CiU gana las elecciones, pero pierde 12 escaños respecto a los resultados de 2010, 200.000 votos y ocho puntos.

Su resultado eclipsa otro fracaso, el del PSC, que ya se daba por descontado. Pierde ocho escaños y 75.000 votos, y el discreto resultado del PPC, que aún siendo el mejor resultado cosechado en una autonómicas sólo sube un escaño, pese al desplome de los que son, a priori, sus dos grandes rivales, PSC y CiU. Sólo tienen motivos para alegrarse los independentistas de ERC, que recogen el descontento con CiU y mantienen la mayoría independentista en el Parlamento catalán gracias a sus 21 escaños y, sobre todo, Ciudadanos, que triplica sus escaños respecto a 2010. También son buenos los resultados de ICV, con 13 escaños (tres más que en 2010) y de CUP, que entra en el parlamento con tres diputados. 

El resultado obtenido por Mas supone un rotundo fracaso personal: su electorado ha dado la espalda a su proyecto tras convertir la causa del referéndum sobre la independencia en el eje de su campaña. Prácticamente cada proclama lanzada en estas semanas se vuelve en su contra a la luz de los resultados: su llamamiento a una mayoría amplia para convencer al Gobierno central de las bondades de su proyecto, su eslogan apelando a la voluntad del pueblo e incluso su manera de arroparse en la bandera y en el "catalanismo" ante las críticas de la oposición y las informaciones en prensa. El enfoque personalista que ha dado Mas a la campaña le deja pocas opciones más que la dimisión. Más todavía después de las acusaciones de corrupción que han protagonizado la última parte de la camapaña electoral.

De la diada a la noche amarga del 25-N

El camino hasta esta derrota comenzó en la Diada, con el gobierno de CiU volcado en la manifestación independentista que recorrió el centro de Barcelona el pasado 11 de septiembre. Pocos días después, Artur Mas lanzó el órdago de adelantar las elecciones, alegando el rechazo del Gobierno central al pacto fiscal, que incluía una Hacienda propia en Cataluña. Sus exigencias subieron de nivel: la intención era ahora convocar un referéndum sobre la independencia catalana al margen del Congreso.

A partir de ahí, Mas enfocó toda su estrategia en invocar los "derechos democráticos" del pueblo catalán y defender su derecho a pronunciarse. Continuó adelante pese a no conseguir ningún apoyo dentro de la UE. Pero su intención de que la independencia, y no la crisis, monopolizaran el debate se truncó al final de campaña con la aparición de un borrador policial sobre las corruptelas en su partido que le apuntaban directamente a él. Las encuestas, a final de semana, le situaban ya debajo de la mayoría absoluta que perseguía. El voto escrutado ha terminado de confirmar que se equivocó. 

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