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Luis Roldán, sobre su corrupción: "Hice lo que se hacía"

Extensa entrevista al ex director general de la Guardia Civil. "Es evidente que fui condenado por una serie de delitos. Y sí, delinquí", afirma.

Extensa entrevista al ex director general de la Guardia Civil. "Es evidente que fui condenado por una serie de delitos. Y sí, delinquí", afirma.
Luis Roldán | Archivo

El diario El País entrevista este domingo al exdirector de la Guardia Civil cuando se cumplen 20 años "de los comienzos del desastre". Cuatro páginas de entrevista y recuerdos que retratan a un hombre roto que pasa sus últimos años de vida en Zaragoza, ciudad en la que, por cosas del destino - resalta el entrevistador, Juan José Millás-, viven también el general de la Benemérita Enrique Rodríguez Galindo, condenado en el 2000 a 71 años de prisión por secuestro y asesinato, y el socialista, Juan Alberto Belloch, ministro de Justicia e Interior cuando Roldán fue detenido (previo pago) en el aeropuerto de Bangkok.

Luis Roldán cuenta cómo fueron sus años de prisión, cómo fue su huida y por qué se corrompió. "Es evidente que fui condenado por una serie de delitos. Y sí, delinquí", afirma. Malversación, cohecho, cinco delitos fiscales, fraude a Hacienda, estafa y falsedad documental. Eso sí, niega "absolutamente" que se hubiera llevado también dinero del Colegio de Huérfanos del Instituto Armado. "Fui investigado por ello; abrieron una investigación penal y quedó probado que no faltaba dinero y que yo no tenía participación alguna en la gestión del colegio".

Su vida en prisión

Por todo ello fue condenado a 31 años de prisión, aunque 20 efectivos, de los que cumplió 15 al redimir los 5 restantes por estudios y trabajo. "No tuve tercer grado, ni libertad condicional (…). Cumplí 10 años en régimen cerrado, en régimen de aislamiento. Me aplicaron la normativa FIES (Fichero Interno Especial Seguridad o Seguimiento). Comenzó Ciencias Políticas y de la Administración, pero no la terminó. "Me levantaba, me duchaba, limpiaba todo, fregaba el suelo con una fregona y luego me ponía a estudiar o leer. Tenía un pequeño televisor en la celda, pero no veía mucho la tele. Fundamentalmente, leía y escribía", rememora.

A diario veía "al funcionario de servicio y, hasta 2000 (ingresó en 1995), a los policías que pusieron también para vigilarme. Primero fueron dos y luego uno", señala. "Yo creo que velaban más por mi seguridad que por la de ellos", añade. Podía recibir visitas de "cuarenta minutos los fines de semana: veinte minutos el sábado y otros veinte el domingo, a unos horarios establecidos. Podía tener un vis a vis por mes. Durante los últimos años, dado que me había separado de mi mujer y que mi madre era muy mayor para viajar, casi no disfruté de este privilegio". Los cinco años restantes los cumplió en Zaragoza, donde "ya prácticamente al final me dejaron dormir en casa el viernes y el sábado. Todo esto hasta el 19 de marzo de 2010, en que quedó extinguida la pena".

Roldán se siente abandonado y chivo expiatorio desde el principio. Afirma haber pagado por sus delitos "como no ha pagado ningún otro". Le "cuesta mucho dar nombres" porque, dice, no le desea "mal a nadie", pero subraya que el trato que recibió fue "discriminatorio" y añade que "el que yo haya sido un chivo expiatorio no quiere decir que no hiciera todo lo que hice. Dicho esto, es evidente que fui un objeto, como una pelota de pimpón, entre PP y PSOE".

"La corrupción era y es estructural"

Eso sí, a pesar de arrepentirse de sus delitos "totalmente, totalmente, totalmente. (No me explico cómo rompí con mi manera de entender la vida)", sí recuerda que era el modus operandi de los cargos públicos en aquella época. "No reflexionas, formas parte del paisaje, de lo que ves alrededor. Haces lo que se hacía".

En 1983, siendo delegado del Gobierno en Navarra, cobró por primera vez un sobresueldo en negro. "Seis millones de pesetas". "¿Era una práctica habitual?", le pregunta el entrevistador. "Sí, era una práctica habitual", contesta. "¿Vivían, entonces, en una atmósfera general de corrupción?" "Yo consideraba que ese sobresueldo era normal", dice. Y reitera que "en esos momentos era la práctica habitual".

Que él sepa, asegura, cobraban los jefes de la policía ("tenían 500.000 pesetas de libre disposición"), el gobernador civil de Madrid, el de Barcelona, los tres vascos y él. "Lo sé porque me lo han dicho. No fue probado, pero no tiene sentido que me pagaran a mí y no a los otros". Y afirma tajante: es "imposible" que Felipe González permaneciera al margen. "La corrupción era y es estructural".

Al principio era Rafael Vera el encargado de entregarle el dinero. Luego, Julián Sancristóbal, manifiesta. En total, ese dinero ascendió a "veintisiete millones de pesetas". Luego, ya como director general de la Guardia Civil, obtuvo otro tanto por cobrar comisiones de obras en los cuarteles. Pero no recuerda cuánto. "En la sentencia quedó acreditado que el monto de las comisiones fue de unos setecientos millones de pesetas. Este dinero se dobló al colocarlo en Suiza en moneda extranjera debido a las devaluaciones de la peseta. Hubo cuatro en sólo un año", añade.

Sus propiedades "fueron embargadas todas, unas ejecutadas por los bancos y, otras, subastadas. Las cuentas bancarias también fueron embargadas", asegura. Eso sí, logró salvar "unos diez millones de euros" a través de un abogado suizo al que le hizo un poder y éste "hace las transferencias a las diversas cuentas que le indica Paesa". A partir de ese momento, todo su dinero permanece en las "manos de Francisco Paesa o en las de sus testaferros". Por lo que queda en una situación de "absoluta dependencia" respecto a éste "en todos los sentidos", indica.

Su vida en libertad

Luis Roldán, de 70 años, vive actualmente con Natacha, una mujer rusa de 58 a la que conoció en Internet y con la que se casó. Residen en la que fuera casa de sus padres, que está a su nombre. Cuenta con el dinero de su pensión, 774 euros, y "de las ayudas que ocasionalmente recibo de mis hijos". Lleva una rutina tranquila: "Me levanto, me aseo y salimos a hacer la compra. Antes de comer damos una vuelta por la ciudad o acudimos a visitar una exposición. Por la tarde, si el tiempo es bueno, damos otra vuelta o acudimos a un acto cultural. Los miércoles, que es el día del espectador, vamos al cine. Y leemos mucho los dos".

Dice que está "agotando las últimas vendimias de la vida". Y es que Roldán no sólo tiene 70 años sino que está enfermo: toma medicinas para la próstata, la respiración, la tensión, la artrosis, para combatir los brotes de psoriasis y para la ansiedad. Padece también una presión intraocular. No obstante, ahora se siente "muy acompañado y querido por mi esposa y familia. Espero el final con serenidad".

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