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Cinco preguntas que hay que hacerse antes de decidir qué carrera estudiar

La elección de una universidad es clave en la vida de un joven. ¿Qué estudio? ¿Dónde? ¿Trabajo mientras lo hago? Muchas dudas y pocas certezas.

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Con 18 años no es fácil acumular certezas sobre el futuro. A esa edad, la mayoría de nosotros (el autor de este artículo el primero) no conoce demasiado sobre el mercado laboral, ni ha pensado sobre su vida más allá de la escuela y en muchas ocasiones ni siquiera tiene claro cuál es su vocación, si es que ésta existe. Sin embargo, el diseño del sistema educativo nos empuja a tomar una decisión que puede marcar nuestras vidas.

Ante esta tesitura, estudiantes y familias se encuentran en muchas ocasiones perdidos. Y eso lleva a tomar decisiones equivocadas. Según los datos del Ministerio de Educación, la tasa de abandono en el primer curso es del 19% y la tasa de cambio de carrera es del 7,1%". Hablamos de tiempo perdido, ilusiones frustradas, tensiones en casa, sensación de fracaso...

No hay una receta clara para el éxito. Pero sí hay preguntas que todos deberíamos habernos hecho en su momento y que pueden ayudar a los que se encuentren en ese cruce de caminos. Las siguientes son cinco dudas que todo el mundo ha tenido. Las respuestas son personales e intransferibles. Eso sí, en lo que sirva de ayuda, ahí van también unas cuantas cifras.

1. ¿Vocación o mercado laboral?

Suena muy bruto, poco romántico y más bien frío, pero al final es la pregunta que sobrevuela todo el proceso. Quien más quien menos, todos nos la hemos hecho: ¿escojo la carrera que más me gusta o la que aparenta tener más salidas? ¿Es incompatible una cosa con la otra? ¿Hay que renunciar a la vocación idealista en aras del realismo práctico?

Nieves Segovia, presidenta de la Institución Educativa SEK y de la Universidad Camilo José Cela, apuesta claramente por la vocación: "Cada alumno tiene una pasión. Y sin esa pasión que les ayude a lo largo de toda su carrera, va a ser muy difícil que alcancen el éxito. Eso sí, esa pasión va a ser necesario que la descubran, muchas veces probando con distintos espacios de conocimiento. Por eso es tan importante romper con esa rigidez de la estructura de las carreras universitarias".

No es la única que opina así, según los datos de una encuesta realizada por Círculo Formación entre más de 17.000 jóvenes, "más de la mitad (un 51%) de los estudiantes españoles de Bachillerato asegura que elegirán su carrera por vocación, frente a un 37% que se fijará más en las salidas profesionales".

Para los que quieran más datos, la submuestra anual de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicaba hace unos días los sectores con más y menos paro en 2014. Lideraban la clasificación Matemáticas y Estadística, con una tasa de paro del 5,70%, y los formados en Servicios de Seguridad (un sector mayoritariamente no universitario), con el 7,45%. A estas dos profesiones le siguen los titulados en Derecho (10,63%) y los veterinarios, con una tasa de paro del 10,65%.

Si hablamos sólo de universitarios, las dos siguientes tablas muestran los porcentajes de titulados superiores que tienen un empleo en los siguientes cuatro años a la finalización de su carrera. Medicina y Óptica lideran la clasificación; las filologías, por contra, copan casi todos los últimos puestos.

Las carreras con menos paro
Las carreras con más paro

2. ¿Grado o máster?

Hasta hace unos años, la elección era más o menos sencilla. Uno tenía que decidir entre las titulaciones que estaban a su alcance, sacarse la carrera y buscar un empleo en su sector. Ya no es tan fácil, aunque eso no quiere decir que sea peor. El nuevo mercado laboral demanda más movilidad y flexibilidad. En realidad, es la tendencia que las facultades de los países más avanzados iniciaron hace ya décadas. En España tardamos en subirnos al carro, pero la tendencia parece imparable. Ahora mismo tenemos los llamados formatos de 4+1 (grados de cuatro años y máster de uno) y la nueva ley abre la puerta a los polémicos 3+2, que en realidad son sólo una de las alternativas, puesto que habrá 3+2, pero también 3+1, 4+1, etc...

La idea es que los grados sean más genéricos y que la especialización llegue en los másteres. Es decir, titulaciones que ofrecen más opciones en un primer momento y que luego van encaminando a los alumnos en su trayectoria profesional. La teoría es ofrecer más flexibilidad y posibilidades. Habrá quien haga un máster de un año nada más terminar el grado, habrá quien se decida por el 3+2 y habrá quien comience a trabajar sólo con el grado y deje el postgrado para más adelante, una vez que sepa con más claridad qué va a hacer con su carrera profesional y cómo está el mercado laboral.

La pregunta es si hay que plantearse todo esto desde ya. Es decir, si con 18 años hay que empezar a mirar másteres y a hacerse una idea de cuál es el que se ajusta más a nuestros gustos y qué grado encaja mejor con ese futuro. Y la respuesta es que probablemente no. Excepto en casos de una vocación muy clara, hay que asumir que la mayoría de los estudiantes de bachillerato no saben qué querrán hacer a los 25 años.

Segovia cree que "no sólo no es necesario" empezar a pensar en un máster a los 18 años, sino que ni siquiera es bueno: "Es literalmente imposible que un alumno, cuando empieza el grado, sepa cuáles van a ser las necesidades de formación que tendrá. Lo único que tiene que tener claro es que las tendrá toda la vida. Nuestra sociedad ya no es la del conocimiento, sino la del aprendizaje, un proceso que durará toda la vida".

3. ¿En mi ciudad o fuera de casa?

Quizás haya gente a la que le sorprenda esta pregunta, (¿en mi ciudad o fuera de casa?) pero en otros países es de lo más habitual. La proliferación de universidades, sobre todo públicas, ha generado que no haya prácticamente ningún español que no tenga una facultad a menos de 50-60 kilómetros de su domicilio. Y eso ha provocado que un fenómeno muy nuestro (la emancipación tardía) se generalice aún más. En este sentido, Segovia recuerda que "la universidad no es sólo una forma de adquirir conocimiento" y que "hay entornos que favorecen al alumno, generalmente, no tan familiares y no tan cercanos". Por eso, apuesta por salir de lo que denomina como "zona de confort".

Hay muchas causas para explicar por qué los jóvenes españoles no se van de casa, desde la carestía de viviendas de alquiler a la precariedad del mercado laboral. Pero también hay razones que podríamos considerar culturales. La siguiente tabla es muy significativa. Muestra los datos de toda Europa. Los 28,9 años a los que los españoles se van de casa de sus padres no son el peor dato (los croatas se van tres años después), pero están a años luz de los 19,6 años de los suecos o los 21,6 de los finlandeses.

Edad a la que los jóvenes europeos se 'van' de casa. Eurostat

4. ¿Trabajar o estudiar?

De nuevo, una cuestión muy habitual en los países más ricos de nuestro entorno, que en España muchas veces ni se plantea. Los estudiantes españoles están entre los que menos tiempo acumulan de trabajo durante su carrera. De hecho, la media en nuestro país es de sólo 4,7 años de experiencia laboral al llegar a los 30 años.

Es cierto, en estos datos no hablamos sólo de los universitarios (la estadística es sobre toda la población) y hay otros muchos factores que influyen en la misma, desde la tasa de paro a la falta de flexibilidad del mercado laboral. Pero en cualquier caso, las cifras no dejan de ser llamativas: antes de llegar a los 30 años, la experiencia media en España es de 4,7 años: 4 de trabajo y 0,7 de estudios+trabajo. Por comparar, en Holanda son 5,5 y 4,8 años de media (ver tabla).

Experiencia laboral en los menores de 30 años.

Según la OCDE, de cada cien españoles entre los 15 y los 29 años: 4,6 estudian y trabajan, 4,5 estudian y están activos pero en paro y 37,3 sólo estudian (46,4%); los que no están en el sistema educativo se dividen así: 26,8% tienen un empleo, 20,2% están en paro y 6,6% están inactivos. Es decir, sólo el 31,4% de los menores de 30 años tiene un empleo. Como puede verse en la siguiente tabla, excepto unos pocos casos (Grecia, Portugal, Italia...) los países ricos ofrecen porcentajes muy por encima del 50%.

Empleo y estudios menores de 30 años

Eso sí, a la hora de responder a la pregunta de si es bueno compatibilizar empleos y estudios hay numerosas opciones. No hablamos sólo de prácticas o becas en el sector profesional al que uno se va a dedicar. En el norte de Europa o EEUU es muy común que los universitarios comiencen en empleos que aparentemente no les aportan demasiado de cara a su futuro. También es cierto que la visión que en estos países tienen de este tipo de trabajos es muy diferente a la nuestra. Allí cualquier CV con esta experiencia se valora más, las familias lo incentivan y un joven que estudia ingeniería informática sabe que servir mesas no le dará muchos conocimientos sobre programación, pero sí sobre trabajo en equipo, responsabilidad, gestión de su tiempo e ingresos, habilidades dentro del mercado laboral...

5. ¿Qué quiero ser de mayor?

Al final, casi todo se resume en la pregunta más clásica, podría parecer también que ingenua: ¿qué quiero ser de mayor? Eso sí, hay que tener claro que lo que uno estudie determinará en parte cómo será su futuro, pero ni mucho menos el camino que se comience a andar a los 18 años será una vía muerta, sin salidas. Segovia recuerda que: "No podemos hablar de profesiones, porque sabemos que estamos educando para profesiones que no existen [como ahora vemos decenas de profesiones que no existían hace quince años]. Por eso, hablamos del desarrollo de competencias".

Y dicho esto, ¿qué quieren ser de mayores los jóvenes españoles? Pues depende de la estadística que se mire. En los últimos años hemos visto muchas noticias que aseguraban que para muchos de nuestros universitarios, el sueño era ser funcionario. En parte es cierto, según el informe Young Business Talents 2014, en una encuesta entre griegos, italianos, portugueses y españoles, los jóvenes de nuestro país son los que más quieren ser funcionarios, el 32%. De los italianos sólo quieren ser funcionarios el 17%, de los griegos el 13% y de los portugueses el 11%.

También es verdad que se puede ver el vaso medio lleno. La encuesta Adecco de jóvenes emprendedores asegura que un 33% de los estudiantes apostaba por crear su propia empresa. Y según el estudio de la Comisión Europea sobre valores y actitudes entre los jóvenes, España estaba entre los países en los que más se apostaba por el emprendimiento. También es cierto que el 77% de los que respondieron a Adecco cree "que es muy difícil montar una empresa y 3 de cada 4 encuestados opinan que son necesarias más ayudas económicas por parte del Gobierno" y en el estudio de la Comisión, España destacaba por ser uno de los países en los que la razón para el emprendimiento era la falta de alternativas. Podría decirse que hay un poco de todo, pero que en general los jóvenes actuales son algo más proclives a la aventura de crear su propia empresa de lo que lo eran sus padres.

*El lunes, segunda parte del reportaje: las claves del decreto 3+2 con una entrevista a Eduardo Nolla, rector de la Universidad Camilo José Cela.

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