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Andalucía, entre el Kichi y el Chiqui

Uno gana influencia en Podemos. El otro es el hombre fuerte de Susana Díaz.

(Sevilla)
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Andalucía, entre el Kichi y el Chiqui
Jiménez Barrios y Kichi | Archivo

Esta semana que entra calurosa como pocas del año sube la temperatura política gracias a dos personajes curiosos y atípicos de la política andaluza. Los dos son gaditanos, uno de Rotterdam dode vivió hasta los cuatro años en un hogar de emigrantes españoles, el Kichi, y otro de Chiclana de la Frontera, que nació en Bornos, pero que llegó a ser alcalde de los chiclaneros durante 10 años. Ambos tienen una semana intensa. Uno, porque junto a Teresa Rodríguez, se ha embarcado en la guerra interna que conduce al enfrentamiento con Pablo Iglesias. El otro, porque Susana Díaz se va a dar de baja por maternidad y va a quedar como amo y señor de la política andaluza durante el tiempo que tarde la jefa en parir y seguir andando.

La aportación de Kichín Salvochea, como se le llamó erróneamente puesto que Salvochea no era para nada marxista y Trotsky no existía políticamente todavía, es institucional. Que Teresa Rodríguez se oponga a Pablo Iglesias es ya una tradición. Pero la cara visible de Podemos en Andalucía va siendo cada vez más el alcalde Kichi, de Cádiz nada menos. José María González, junto con los eurodiputados Miguel Urbán y Lola Sánchez, el actor Alberto San Juan y el cantante Nacho Vegas y otros, entre ellos la propia Teresa en el Parlamento andaluz, son algunos de los más de 500 cargos de Podemos que quieren reventar la intentona de Iglesias de dar un nuevo golpe de mano contra los círculos no controlados por la troika ahora compuesto por él mismo, Íñigo Errejón y Sergio Pascual, el hombre de Iglesias en Andalucía.

Aunque Teresa Rodriguez es la secretaria general de Podemos en Andalucía, no logró sacar adelante su crítica al reglamento impuesto por Iglesias. El Consejo Ciudadano que presidió que se dividió en dos mitades. Por eso, Kichi va a ser uno de los personajes de esta semana andaluza. Junto con los cargos institucionales de Aragón, País Vasco, Baleares, Madrid y Asturias, ha firmado un manifiesto que no quiere una circunscripción única para toda España que da poder a Iglesias y lo resta a los territorios autonómicos. O sea, lo que quieren Kichi y los demás es que cada territorio elija a sus candidatos por un sistema proporcional. Y desde luego, un plazo razonable para la celebración de la consulta interna y no los cuatro días, figuradamente, impuestos por Iglesias y su camarilla. Pero el peso institucional de Kichi ya es un grado.

Claro que para ello tendrá que trabajar un poco más que en el Ayuntamiento de Cádiz porque los servicios de vigilancia del PP andan a la caza de sus "tiempos" perdidos en las terracitas de Cádiz, refrigerios compartidos en esas tardes con Teresa, sobre todo, en una de la plaza de Asdrúbal.

El Chiqui de Chiclana

En realidad no se ha visto en otra, porque tras largos años formando parte de la sombra del clan socialista de Alcalá, con nódulo en Chiclana, una ciudad a la que dejó con miles de viviendas ilegales denunciadas incluso por Greenpeace y la Fiscalía de Cádiz, logró su objetivo de hacerse alguien.
El método utilizado fue el de la traición, acusa el clan de Alcalá al que dejó con el culo al aire por dos votos y se pasó a la vera de José Antonio Griñán, y apoyar a la estrella de Triana, Susana Díaz, que, en correspondencia más que justa, le ha nombrado su número dos y vice todo, muy especialmente en el momento del parto. Hay puestos de trabajo que imprimen carácter. Jiménez Barrios entró de pintor de brocha gorda en la Diputación de Cádiz, naturalmente enchufado como denunció IU, y consiguió una plaza de listero del almacén de la institución gaditana. O sea, que pasaba lista, que vigilaba, que controlaba. Y para eso ha sido nombrado listero vicetodo.

Chiclana llegó a tener 40.000 viviendas ilegales en una población costera que no alcanza los 85.000 habitantes. Hasta 2007, todos los alcaldes fueron socialistas y todos ellos son responsables de ese desaguisado sobre el que la Fiscalía pasó de puntillas durante años mientras Marbella y Estepona estallaban en la opinión pública debido a las diligencias policiales y judiciales. Al final, Chiqui fue llamado a declarar por la Guardia Civil a instancias del fiscal, pero no mientras fue alcalde.

Chiqui, que ya no es tan joven como supone su apodo, tuvo que ver con un hotel construido por el otrora famoso empresario Luis Portillo, bien relacionado con el PSOE de Manuel Chaves. Tan bien, que Chaves fue a inaugurar su hotel en Chiclana, un hotel plagado de irregularidades a pesar de sus cinco estrellas y que fue tratado de convertir en colección de apartamentos de venta libre. El propio Portillo, en una carta, reconocía la operación "horizontal" y dijo contar con el beneplácito del entonces alcalde, Manuel Jiménez Barrios, el "Chiqui".

Es más, en la documentación que obra en el sumario del caso de los expedientes de regulación de empleo (ERE) irregulares que instruía la juez Alaya se puede constatar que la Junta concedió en 2003 al Ayuntamiento de Chiclana de la Frontera (Cádiz) una ayuda de 24.000 euros para la promoción de la Feria de Muestra y Turismo "Séptimo Centenario" con cargo a la partida 31L, el denominado "fondo de reptiles". Dinero que se pagó. El alcalde de Chiclana por aquel entonces era el Chiqui.

Por eso, Chiqui de Chiclana, conocedor como pocos del aparato interno del PSOE del que ha recorrido casi todo el escalafón -hasta sucedió a Leonardo Chaves en Deportes de la Junta tras coincidir con él el la empresa pública Estadio Olímpico de Sevilla-, sirve para muchas cosas de las entretelas, por ejemplo, para defender por qué se le quitaba la medalla de Andalucía a Isabel Pantoja y al mismo tiempo, defender que no se le quitara a Baltasar Garzón. El listero perfecto, vamos.

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