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Ciudadanos pide una calle o plaza en Madrid para el anarquista que paró las sacas de Paracuellos

El anarquista sevillano Melchor Rodríguez detuvo las "sacas" en las cárceles republicanas.

(Sevilla)
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Azulejo a Melchor Rodríguez García en la casa de Triana donde nació | Wikipedia

El grupo municipal de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid ha pedido a la alcaldesa Manuela Carmena y su gobierno que dé el nombre de una calle en la capital de España al conocido como el Ángel Rojo, el anarquista sevillano Melchor Rodríguez que, como delegado de Prisiones del gobierno de la República en noviembre de 1936, detuvo las sacas de presos que habían producido las matanzas de Paracuellos del Jarama.

Los concejales de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid, Miguel Ángel Redondo García y Bosco Labrado Prieto, presentaron el pasado 30 de diciembre su petición por concurrir en la persona de Melchor Rodríguez todas las circunstancias que le hacen merecedor de tal distinción. Por ello, solicitaron "se nombre una calle o espacio con el nombre de quien fue alcalde de Madrid en 1939, por generar gran consenso social y político y por su relevancia para la concordia y la reconciliación tras la Guerra Civil".

Melchor Rodríguez, un desconocido

Precisamente, la sección de Cultura de Libertad Digital acaba de publicar dos artículos relacionados con el personaje. Uno de ellos, sobre la investigación del hispanista escocés sobre las matanzas de Paracuellos del Jarama, Julios Ruiz. El otro se refiere singularmente al papel que tuvo el libertario sevillano en la finalización de las sacas de presos de las cárceles de Madrid con destino a los asesinatos masivos consentidos, cuando menos, por el Partido Comunista.

Desde hace tiempo, existe el empeño de dar relieve y dignidad a este anarquista sevillano, exnovillero y citado por Cossío en Los toros, poeta y chapista, que se llamó Melchor Rodríguez García, una persona extraordinaria que tuvo el valor y la humanidad de detener las "sacas" de las cárceles madrileñas que habían dado pie al genocidio de Paracuellos del Jarama. Gracias a este español y andaluz de pro, muchos ilustres apellidos de la derecha española lograron salvar a no pocos miembros de sus familias de los asesinatos masivos. Debido a ello tuvo importantes y peligrosos enfrentamientos con el Partido Comunista.

Un agente de Stalin informó del comportamiento de el Ángel Rojo de este modo:

"¿Por qué Vd., siendo anarquista, salvó la vida a tantos nacionales en el periodo rojo?

-Simplemente era mi deber. Siempre me vi reflejado en cada preso. Cuando me encontraba en la cárcel, pedí protección a los monárquicos, a los derechistas, a los republicanos... a aquellos que se encontraban en el poder; entonces me consideré obligado a hacer lo mismo que había defendido cuando yo mismo estuve recluido en las cárceles, es decir, salvar la vida de estas personas.

-¿Le resultó fácil?

-Ahora puedo decir con satisfacción que a menudo me arriesgué a perder la vida propia por salvar las de otros. Muchas veces en mi propio despacho me apuntaron al pecho con el cañón de un revólver. Salía del problema echándole valor. Cuando regresé a Madrid después de haber salvado de la muerte a 1.532 presos en Alcalá, tuve que escuchar unos tremendos insultos y amenazas de jefes de relevancia que hasta llegaron a acusarme de ser un fascista."

Durante la Guerra, tras ser destituido de su cargo en Prisiones, llegó a ser Alcalde de Madrid durante un tiempo brevísimo y fue él quien ofició el traspaso de poderes del Consistorio a las tropas vencedoras tras haberse negado a huir. Salió de la cárcel en 1944 y siguió participando de las acciones de su organización anarquista.

Su intervención salvó la vida de multitud de presos, contándose entre ellos Muñoz Grandes, Serrano Súñer, Sánchez Mazas, Miguel Primo de Rivera, Margarita Larios, Raimundo Fernández-Cuesta, etc. En marzo de 1937 cesó en su cargo y acusó públicamente a José Cazorla, consejero de orden público de la junta de Defensa de Madrid, de haber utilizado «métodos feroces». En el curso de su consejo de Guerra, el general Muñoz Grandes testificó en su favor. Gracias a esta intervención y a otras, al año y medio de prisión fue puesto en libertad. A su entierro en Madrid acudieron tanto militantes de la CNT como franquistas.

Un funeral asombroso

El funeral y el entierro posterior de Melchor Rodriguez fueron acontecimientos inolvidables para quienes los vivieron. No era frecuente que en el franquista 1972 se oyera el himno de la CNT, "Negras tormentas", un derivado de La Varsoviana (se indica además su estrecha relación con otras canciones como "La Marcha de los Zuavos" o la francesa "Les Hussards de Bercheny". Tampoco lo era que anarquistas y personalidades del régimen franquista coincidieran, ni siquiera en ceremonias luctuosas. Tampoco que se cubriera el féretro con la bandera anarquista y un crucifijo y, según algunos, que se rezara un Padrenuestro.

Como ha contado el periodista segoviano Alfonso Domingo, este Schlinder andaluz, salvó la vida, entre muchos otros, de Martín Artajo, Muñoz Grandes, Valentín Gallarza, Fernández Cuesta, Sánchez Mazas (padre de Rafael Sánchez Ferlosio), Serrano Suñer... También la del doctor Gómez Ulla, del futbolista Ricardo Zamora o del locutor Bobby Deglané, que, décadas después, le entregó una póstuma medalla en su programa de radio, no sin consecuencias. Llegó tarde para salvar las de Pedro Muñoz Seca, Ramiro de Maeztuy tantos otros. También se cree que intervino en la salvación de los hermanos Álvarez Quintero. Por cierto, en el entierro de Serafín en 1938, Melchor Rodríguez exigió la presencia de un crucifijo, última voluntad de su amigo y autor andaluz.

Parece la suya una figura que crece con los años y a la que la democracia española debería rendir un profundo, sentido y oportuno homenaje ahora que nos acercamos al 80 aniversario de aquellos sanguinarios acontecimientos que terminaron, en aquel caso, gracias a la actitud de el Ángel Rojo.

Recuérdese también que no fue el único caso de humanitarismo libertario. Federico Jiménez Losantos ha referido el hecho de que otro anarquista salvó al abuelo de José María Aznar, Manuel Aznar, encarcelado en una checa madrileña (Las Cuatro Fanegas, Cuarenta dicen otros) y condenado a muerte. Aznar fue también a su entierro.

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