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Puigdemont y Enric Millo, los pasteleros del diálogo

El nuevo delegado del Gobierno adopta un perfil mediático y posa vestido de chef con Puigdemont en la gala Michelín

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El nuevo delegado del Gobierno adopta un perfil mediático y posa vestido de chef con Puigdemont en la gala Michelín
Carles Puigdemont y Enric Millo, durante la gala Michelín, este miércoles en Gerona | EFE

Enric Millo, los ojos, oídos y manos del Gobierno en Cataluña, según fue presentado en su toma de posesión por la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, no ha perdido ni un segundo en acometer el encargo de abrir una nueva fase en las relaciones entre el Gobierno y la Generalidad. Millo ha comparecido ya en la radio de La Vanguardia, Rac-1, así como en Catalunya Ràdio y TV3 con una oferta de diálogo al ejecutivo autonómico y una invitación a la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural para mantener un encuentro en la delegación.

El talante negociador de Millo es acogido con recelos. La portavoz del "govern" de Puigdemont, Neus Munté, exige hechos en vez de palabras, pero en menos de una semana se ha instalado en la política catalana la percepción de un cambio de registro por parte del Gobierno. Y Millo, que mantiene excelentes relaciones con representes del arco parlamentario y otros estamentos políticos catalanes, predica sin cesar la buena nueva del diálogo.

En medio de una entrevista en TV3 supo Millo del fallecimiento de Rita Barberá, una noticia que le afectó hasta el punto de tener que abandonar el plató. Horas después tenía su primer acto oficial, la gala de la guía Michelín en Gerona, un evento en el que coincidió con el presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont. Fue una oportunidad para escenificar la nueva etapa.

Millo se congratuló de que su primer acto como delegado del Gobierno fuera en Gerona, de cuya sección del PP es presidente, y de coincidir con Puigdemont, exalcalde de la ciudad, en un acto "fuera de todo tipo de discrepancias". "Los mejores acuerdos se consiguen en torno a una mesa", abundó Millo contagiado del ambiente gastronómico y festivo. Aún así, hubo espacio para la esgrima política. El delegado del Gobierno se felicitó porque Gerona contribuyera a la marca España, pero observó que Cataluña es la comunidad que menos crece en turismo. Puigdemont replicó con una encendida defensa del sector turístico y el liderazgo de Cataluña en la materia.

Sin embargo, la gala Michelín no era un escenario idóneo para entrar en detalles sino para que dos viejos conocidos como Millo y Puigdemont compartieran velada con la flor y nata de la alta cocina española. Al efecto, se enfundaron en unas chaquetillas de chef con las que posaron sonrientes cual pasteleros satisfechos, el oficio familiar del "president", y con las manos en la masa.

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