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Torra y ERC amenazan a los jueces con otra rebelión y atacan al Rey

Nueva sesión de juegos florales sobre el referéndum ilegal de los grupos separatistas en el Parlament.

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Nueva sesión de juegos florales sobre el referéndum ilegal de los grupos separatistas en el Parlament.
Quim Torra, en un momento del debate en el 'Parlament' | EFE

El separatismo sigue en su bucle. El presidente de la Generalidad, Quim Torra, se aferra al discurso mágico del independentismo, como si Cataluña fuera una república en construcción. Los grupos separatistas se niegan a aceptar que no suman mayoría en votos, que más de la mitad de los ciudadanos no comulgan con el supuesto "mandato" derivado del simulacro de referéndum del 1-O. Torra no se mueve un ápice de su "oferta" al Gobierno, el ultimátum para pactar un referéndum de autodeterminación con la fecha límite de noviembre. El separatismo vuelve a marcarse plazos. "Tenemos prisa", reconoce Torra. No encaja los avisos que vienen de ERC, Podemos y hasta Ciudadanos. Ha caído en la misma trampa del calendario que su patrocinador Puigdemont.

La líder de la oposición, Inés Arrimadas, pregunta en vano a Torra qué planes tiene para la sanidad, las guarderías o la fuga de empresas y ciudadanos. También en vano reclama a los separatistas que aterricen y dejen de engañar a sus votantes. Jura bandera en al atril. Muestra la enseña y le dice a Torra que "cuando sus comandos separatistas queman banderas de España a las puertas de este parlamento insultan a millones de catalanes. Y lo hacen porque este es el símbolo de un país de ciudadanos libres e iguales, de 47 millones de personas". "No conseguirán que esta bandera desaparezca de Cataluña", remacha Arrimadas. Es el compromiso de mayor calado de la segunda jornada del pleno en el reabierto Parlament.

En su réplica a los grupos, Torra reivindica la huelga general del 3-O. "Cuando este país quiere dar una respuesta, la da", afirma y pasa a atacar al Rey: "Todavía no se ha disculpado por un discurso que amparaba la violencia contra el que el pueblo de Cataluña se estaba manifestando. Recuerdo las palabras de Puigdemont, que dijo "así no" y añadiría que "así, menos".

Justicia "indecente"

La justicia es otro de sus objetivos. "Hoy hemos tenido otra noticia indecente. La indecente decisión del Tribunal Supremo de no permitir la libertad de los presos. Cada día que nuestros compañeros pasan en prisión es una indecencia. Un día saldrán los presos y yo no tendré ningún problema en mirarles a los ojos, no sé si parte de esta Cámara podrá hacer lo mismo", afirma dirigiéndose al diputado de Ciudadanos Carrizosa.

Iceta sale en auxilio de Torra. El primer secretario del PSC insta a seguir por el sendero de la negociación en el proceso. Los portavoces separatistas le recuerdan que su partido era partidario del "derecho a decidir", concepto que salía en el programa socialista catalán en 2012. Iceta tiene dificultades para explicar ese extremo y ataca a Arrimadas por el gesto de la bandera. Señala la bandera de España que junto a la señera preside el hemiciclo. Podemos censura que el president haya fijado un plazo tan corto para negociar un referéndum. Se necesita más tiempo, afirma la portavoz Jéssica Albiach.

Cataluña no es una colonia

El PP reprocha a Torra su discurso supremacista y sus soflamas a los CDR. El portavoz popular Alejandro Fernández denuncia que los separatistas utilicen el término "colonos" para referirse a los no independentistas y le dice a Torra que Cataluña no es una colonia y que, por tanto, el presidente catalán no deja de ser un "españolazo".

ERC y Junts per Catalunya (JxCat) elevan la voz y compiten en radicalidad independentista. Los portavoces de ambos grupos parlamentarios se han juramentado por enésima vez para hacer efectiva la república. Las dos formaciones atraviesan una aguda crisis de credibilidad. Las bases separatistas exigen que se cumplan las promesas, el "mandato del 1-O". Quieren gestos de desobediencia o la dimisión del Govern. El otoño caliente está achicharrando a los dirigentes separatistas.

El debate de política general del Parlament se está haciendo demasiado largo para Quim Torra. Su ultimátum al Gobierno de Pedro Sánchez es otro conejo en la chistera del entorno de Puigdemont que el independentismo ha sido incapaz de defender en la continuación del debate. Los portavoces de ERC y Junts per Catalunya, Sergi Sabrià y Albert Batet, han abrazado la lírica en los juegos florales sobre el 1-O, el mandato, la república, el pueblo unido y la justicia social.

Más rebelión

Especialmente vibrante se ha mostrado el republicano Sabrià. "No hay marcha atrás. El 1-O es la semilla de la victoria", principió el diputado. Tras la retórica triunfalista, llegó la arenga contra el sistema judicial. "Si hay sentencias injustas, será necesario que nos rebelemos", advirtió. Torra aplaude entusiasmado la alusiones a la movilización permanente y la revuelta. ERC y JxCat amenazan con una rebelión a los jueces que deben juzgar a unos golpistas acusados de rebelión, sedición, malversación y desobediencia. Prosigue la escalada dialéctica mientras Torra no para de improvisar. Un día anima a los CDR a apretar y al siguiente aprieta él a Sánchez. "Está descontrolado", dicen en ERC. Puigdemont y Junqueras siguen sin mantener el más mínimo y colateral contacto.

Ataques a Sánchez

El portavoz convergente Batet ha cargado duramente contra el Gobierno y contra el PSC. Los nacionalistas aseguran que no hay diferencias entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, que la portavoz Isabel Celaá es igual que Méndez de Vigo y que se mantiene la represión, la cárcel y el "exilio". La prueba es que el ministro Grande Marlaska condecorará a Enric Millo, el anterior delegado del Gobierno en Cataluña.

También reprochó al líder del PSC, Miquel Iceta, que diga que los nacionalistas estaban avisados. "¿De qué nos avisó? ¿De la violencia del 1-O, de las citaciones en la Audiencia Nacional, de la cárcel? ¿Dónde queda entonces la división de poderes que ustedes pregonan?", espetó Batet a un Iceta que se removía en el escaño y gesticulaba que el convergente tiene mucha cara.

La CUP se sumó al festival de la división separatista con serias advertencias sobre la estabilidad del Govern, la enésima petición para que dimita el consejero de Interior, Miquel Buch, El portavoz cupero, Carles Riera, advirtió además al ejecutivo de que "ustedes tienen las llaves de las prisiones y el pueblo catalán exigirá que liberen a los presos". La CUP impugna el programa de gobierno presentado el día anterior por el presidente de la Generalidad. La mayoría separatista está en el alero. Torra chantajea a Sánchez y amenaza con dejarle caer si no se aviene al programa de máximos republicano. Los cuatro diputados de la CUP, a su vez, pueden tumbar a Torra. Tambores electorales..

El separatismo no sale del atolladero. Invoca la unidad y se agrandan las grietas. El gobierno catalán es una ficción en la que los consejeros de Junts per Catalunya están divididos entre ellos y los de ERC no reconocen la autoridad de Torra y expanden sospechas sobre su capacidad para presidir la Generalidad. Escuece en ERC que Torra no les informara de su ultimátum al Gobierno. El president suplica a la CUP que no rompa la unidad. Son fundamentales para que continúe la ficción.

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