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Sánchez repudia a Susana Díaz en su libro

Acusa a Susana Díaz de haber perpetrado numerosos desplantes contra su persona, en privado y en público.

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El libro de Pedro Sánchez menciona 21 veces el nombre de Susana Díaz. La primera de las menciones contiene una comparación beneficiosa para Carme Chacón mientras sólo cita a la trianera. En la crisis originada por el liderazgo de Alfredo Pérez Rubalcaba, dice que se barajaban "grandes nombres", pero de los tres que cita, el de Eduardo Madina, el de la misma Susana y el de Chacón, sólo glosa la figura de ésta "cuyo determinación, coraje y capacidad política siempre echaremos de menos los socialistas".

Tras unos elogios de su figura en el pasado, Sánchez desvela que, cuando Susana Díaz se perfilaba como la dirigente con más apoyos para obtener la Secretaría General, fue ella misma la que dio un paso atrás, a pesar de que él mismo se ofreció para retroceder descartándose para el puesto. Susana le dijo que se debía a Andalucía, siendo ya presidenta de la Comunidad. Pero poco más abajo confiesa que la decisión de Díaz fue esperar a la celebración de elecciones en Andalucía para, una vez ganadas, seguir el camino hacia Ferraz.

Es más, cuenta que fue la propia Susana la que forzó a Rubalcaba a apartarse del camino del poder interno del PSOE. "Susana llama a Alfredo por teléfono y lo convence de la necesidad de dar un paso atrás. Rubalcaba ve entonces claro que no va a poder ser el candidato del PSOE en unas elecciones generales y, forzado por esa llamada, toma la decisión de dimitir y convocar un congreso extraordinario para elegir un nuevo secretario general."

En realidad, viene a decir Sánchez, Susana se autoeliminó de la carrera hacia la Secretaría General del PSOE porque el congreso extraordinario del partido se limitaba a elegir a un secretario general y no a un candidato a presidente del gobierno, cosa que él luego no respetó.

"Esto deja fuera de la carrera a Susana doblemente. Si se sentía obligada a renovar su legitimidad al frente de la Junta de Andalucía antes de ser candidata, no tenía sentido que dejara de sentir esa obligación para ser secretaria general primero y, previsiblemente, candidata después."

Pedro Sánchez insiste en desmentir la teoría susanista de que habría sido él mismo el que rompió el pacto interno según el cual su papel se limitaba a la Secretaría General y que ella, posteriormente, sería la candidata a la presidencia del Gobierno. "En contra de lo que se ha contado, yo mantengo entonces distintas conversaciones, entre ellas con la propia Susana, en las que dejo claro que, en mi visión, el liderazgo orgánico va unido a la candidatura a presidente del Gobierno", explica

Y añade: "Por tanto, puesto que ella decide no presentarse, no habría tenido sentido que hubiéramos pactado —como se ha dicho— que ella iba a ser la candidata a presidenta del Gobierno posteriormente. La obligación que ella tenía con Andalucía no se extinguiría en un año: si en 2014 no podía hacerlo, en 2015 tampoco. Susana no se presentó en aquel momento por su razonable compromiso con Andalucía, no por ningún pacto conmigo."

Cuando se adelantaron las elecciones andaluzas en 2015, algo que Susana Díaz no le comunicó según dice, Susana, que ganó, no podía formar gobierno y el se ofreció para allanarle el camino para un pacto con Podemos. "Unos meses después, cuando comenzaron sus dificultades para formar Gobierno en Andalucía, me ofrecí para gestionar con Pablo Iglesias lo que fuera necesario, pero ella prefirió hablarlo personalmente con él."

Si se lee entre líneas, Pedro Sánchez parece acusar a Susana Díaz de haber proyectado nacionalmente a un partido regional en origen, como era Ciudadanos. Lo dice de este modo: "En cuanto a Cs, su principal objetivo pasaba por convertirse en un partido nacional, pues hasta entonces eran un partido autonómico, sobre todo de ámbito catalán, aunque también su apoyo a un Gobierno socialista en Andalucía les daba un papel relevante allí." Pero Ciudadanos en Andalucía "preferían mostrarse mucho más centristas de lo que luego han resultado ser".

Pero luego acusa a Susana Díaz de haber perpetrado numerosos desplantes contra su persona, en privado y en público, "pero que hacían un daño enorme al partido. Hasta tal punto fue así que el propio Felipe González hubo de intervenir. Yo no se lo pedí, pero se lo agradecí mucho".

Reconoce Sánchez que entre Susana Díaz y otros barones, se sobreentiende, y él había problemas personales, pero "también un problema de reparto del poder interno. Nuestro partido se había descentralizado tanto que los líderes territoriales tenían un poder superior al del secretario general nacional y eso no era un problema para mí, sino para la organización. Era necesario fortalecer la dirección federal, algo que no agradaba a todo el mundo".

Luego vino la etapa de "Pedro el guapo", según él mismo, con una perrita y dos tortugas. Dice que fue él mismo quien defendía la estabilidad presupuestaria y se refiere al artículo 135 de la Constitución que obliga a todas las Administraciones Públicas a adecuar sus actuaciones al principio de estabilidad presupuestaria que obliga a no incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos por la Unión Europea para sus Estados Miembros.

Pero acusa a Susana Díaz de querer eliminar este artículo mientras que él, más moderado, sólo quería modificarlo: "Había dos posiciones dentro del partido: una, derogar el artículo 135, defendida por Susana al principio; y otra, modificarlo. Por lo tanto, el moderado era yo."

Ironiza, luego, sobre una supuesta enfermedad de Susana Díaz que le impidió asistir a una importante convención en Valencia. Y dice: "Susana Díaz no asistió porque estaba enferma, y su ausencia se convirtió en la noticia más importante de nuestra convención autonómica. El lunes la vi en un acto público y me alegré mucho de su rápida recuperación".

Se refiere a la federación andaluza del PSOE como un poder fáctico interno que siempre le consideró un intruso. "Me veían como alguien que no pertenecía a su círculo, como a un outsider, alguien ajeno a las élites que tienen todos los partidos, también el mío. Desde el principio tuve esa incómoda sensación de intruso. Mi victoria en las primarias de 2014 se produjo con el apoyo de la federación andaluza, y ya entonces percibí que algunos me respaldaban solo para ganar tiempo hasta que Susana ocupara mi lugar".

Es más, acusa veladamente a Susana Díaz de crear, con otros, "un clima absurdo, invocando un supuesto interés de Estado que pasaba por la continuidad de Rajoy, sin que nadie explicara por qué. Bajo esa coartada se orientaban las informaciones y las opiniones". Lo que no dice es que lo que se pretendía era que no se aliara con separatistas y extremistas podemitas por el riesgo de quiebra o ruptura de la Nación, como la que finalmente casi se produce el 1 de octubre de 2017.

Tras decir que en los medios aparecía como un "Atila", se regodea de forma manifiesta con su victoria sobre Susana Díaz: "Nosotros sabíamos que los 57.000 (avales) constituían nuestro suelo, en cuanto a votos, mientras que, para la candidatura de Susana Díaz, sus 64.000 eran su techo. De hecho, obtuvo finalmente menos votos que avales, mientras que a nosotros nos sucedió lo contrario".

En aquellas primarias, "en el recuento oficial, con el 40% escrutado, mi candidatura aventajaba ya en casi 10 puntos a la de Susana Díaz. Fue precisamente ella quien, poco después, me llama para confirmarme el resultado y felicitarme, mostrando una gran deportividad que le honra. Se lo comuniqué a mi equipo y estallaron de júbilo". O sea, que la operación esperada por Podemos, del apoyo socialista a Rajoy, no les salió y de ahí sus actuaciones posteriores.

De la lectura se desprende nítidamente que Pedro Sánchez y su equipo, al que no deja de tributarle homenajes, son unos maravillosos estrategas y unos políticos de altura mientras que el PSOE andaluz y Susana Díaz son unos pardillos de aparato que habían dejado de confiar en los militantes socialistas de la base por haberse erigido en casta superior.

Eso sí, elogia a Manuel Chaves y a José Antonio Griñán, antecesores de Susana Díaz, a los que forzó a dejar sus cargos públicos en su competencia alocada con el PP por la pureza anticorrupta, explicando que "cuando tuvieron que asumir responsabilidades políticas, lo hicieron. Fue suya la iniciativa, y no tuve que decirles nada. Simplemente me llamaron, me dijeron que renunciaban al acta y lo hicieron, como dos señores. No han vuelto a hacer declaraciones, han protegido al partido y han tratado de mantenerlo al margen". Adivinen quién no hizo lo mismo.

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