
El obispo de Córdoba, Jesús Fernández, denunció el pasado domingo que "la confusión" entre las diversas autoridades impidiera a los sacerdotes, que se desplazaron hasta el lugar del siniestro ferroviario de Adamuz (Córdoba), administrar los últimos sacramentos a los heridos.
En declaraciones a medios de comunicación después de presidir la misa funeral en memoria de las víctimas, el obispo argumentó que cabe la posibilidad de que no se tuviera en cuenta la opción de dejar acceder a los sacerdotes al lugar de los hechos y que atendieran a las víctimas del accidente, porque "pensaban que los muertos ya están todos muertos y que los vivos, se les puede hacer algo por ellos".
A su juicio, esa "falta de entendimiento pudo provocar dicha confusión, que a todos nos pilló un poco desprevenidos. Fue un momento de tanta confusión, al que no estamos acostumbrados, ni tampoco las autoridades", afirmó.
En contraste, el obispo quiso destacar la prontitud de la parroquia y de todos los vecinos del pueblo, subrayando que "han hecho un despliegue impresionante, que también han servido y han ayudado mucho a las personas que no estábamos aquí en ese primer momento para hacernos una idea".
Asimismo, trasladó un mensaje de apoyo a las familias y seres queridos de las víctimas de Adamuz: "Es ahora a abrazar a las familias, a mirar al cielo con la memoria de los fallecidos y de los que murieron en aquel momento; necesitamos fe, comunión y fraternidad para continuar", ha expresado el obispo de Córdoba.
Por otro lado, ha narrado cómo el obispado ha vivido el inicio de la tragedia y cómo gestionó la situación. "Desde el primer momento hemos tratado de estar presentes, sobre todo a través de la figura del párroco y de la parroquia, y luego a primera hora de lunes ya me hice presente aquí, cuando ya se sabía de muchos que habían fallecido, pero había también un buen número de familias que estaban esperando noticias de los suyos; fue un momento realmente duro", relató el obispo, afirmando que pasando las horas, la situación se hizo "más dura, porque "cada vez la esperanza se iba minorizando".
"A la iglesia le toca una tarea muy curiosa, porque los sanitarios se pueden hacer cargo de los heridos, todos intentamos acompañar a los familiares, pero hay que alzar la mirada por los muertos", concluyó.



