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Las dos mujeres de Rajoy y el control del PP

Una gana, otra pierde y la balanza varía. Así lo ven cargos del PP aunque ellas lo nieguen. Andalucía lo ha vuelto a poner en evidencia.

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Una gana, otra pierde y la balanza varía. Así lo ven cargos del PP aunque ellas lo nieguen. Andalucía lo ha vuelto a poner en evidencia.
Cospedal y Sáenz de Santamaría, en una reunión del PP con cargos como Arenas.

En los círculos populares hay una teoría muy extendida: nada se mueve en el partido sin que algo tengan que decir las dos mujeres del presidente. Así lo volvieron a interpretar esta misma semana, con la designación del nuevo líder andaluz tras largos meses de tensión interna. Y hay quienes conjeturan que Mariano Rajoy les da una de cal y otra de arena desde que en el congreso de Valencia de 2008 se convirtieran en su cinturón político más estrecho.

Esas dos mujeres son, por supuesto, María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría. Y, vaya por delante, que ambas niegan con vehemencia disputa alguna. La primera, destaca que ha trabajado sin descanso por ganar las elecciones generales y lograr una vicepresidenta del PP. La segunda, asegura que "ni ha estado, ni está, ni va a estar" en los asuntos de partido porque bastante tiene con lo suyo.

Cuanto más se niega que pase algo, más se especula en el propio partido y se da por hecho que es así. Cada suceso que acontece en el PP ofrece una lectura que las enfrenta: una pierde, otra gana y la balanza varía. "A veces leo cosas que, lisa y llanamente, son mentira", se quejan desde una de las partes. Pero desde el propio partido se alimenta: "Si en una conversación dices algo bueno sobre Soraya de inmediato te catalogan y te llaman sorayista. Y partiendo de esto, piensa lo que quieras y no te equivocarás", en voz de un diputado que se califica como "neutral".

La vicepresidenta es muy fuerte en el Congreso. Alfonso Alonso -portavoz del Grupo y miembro de la dirección nacional y del PP vasco- dijo públicamente que es un "sorayo". José Luis Ayllón, el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, también forma parte de su núcleo duro. Y en las filas de la Cámara Baja, en la que Sáenz de Santamaría se manejaba como pez en el agua en la última legislatura socialista, no pocos admiten su fidelidad total.

En Génova, la secretaria general es quién manda en ausencia de Rajoy. Carlos Floriano -el número 3- y Esteban González Pons le guardan lealtad. Vicente Tirado, su escudero en Castilla-La Mancha, también tiene cargo en la sede nacional y hace todo lo posible por defenderla. Pero esto no significa que la portavoz del Gobierno, que forma parte del Comité Ejecutivo, no tenga peso: en maitines participa Alonso y tiene una buena relación Javier Arenas, muy alejado de Cospedal.

Los equilibrios van más allá de Madrid y se trasladan a las baronías. Muchos presidentes autonómicos, veteranos, rechazan etiquetas. Pero otros sí se pronuncian. En Asturias, el papel de Cospedal ha sido clave. También en Cataluña. Sáenz de Santamaría, aunque se denomina una "militante del PP de Madrid", controla qué ocurre en su tierra -ella es de Valladolid-, tiene buena interlocución, por ejemplo, con el gallego Alberto Núñez Feijóo y ha acudido varias veces a actos de los populares vascos.

La elección de Moreno Bonilla

Lo ocurrido en Andalucía ha vuelto a poner encima de la mesa esta supuesta rivalidad. Juan Manuel Moreno Bonilla es "hombre de Javier" pero trabajó codo con codo con Sáenz de Santamaría y actualmente se veían semanalmente en la comisión de secretarios de Estado y subsecretarios: "Es muy capaz y, si me permite decirlo así, nos hace un boquete", dijo con una sonrisa este viernes, ante su inminente salida del gabinete para centrarse en la comunidad.

Mientras la vicepresidenta ha elogiado su labor, Cospedal ha mantenido un llamativo silencio. Ella quería que el elegido fuera José Luis Sanz -el pupilo de Juan Ignacio Zoido, con quien ha establecido una sólida alianza- pero Rajoy se decantó por el malagueño. La número dos ni tan siquiera le llamó para comunicárselo: fue Floriano el que le dio la noticia y el propio Moreno admitió que la conversación aún no se había producido 24 horas después.

En las altas esferas entienden que Arenas –con un gran poder en el que por tantos años ha sido su territorio- ha influido mucho más que la vicepresidenta. Incluso se han conocido algunos vínculos de Jorge Moragas con Moreno que le convertirían en actor clave. Pero el nombre de Soraya de inmediato saltó a los titulares y en los círculos políticos y mediáticos le anotaron un tanto.

Ha sido una semana dura para Cospedal, pero no faltan quienes creen que Rajoy le ofrecerá pronto una carantoña pública. El último retiro de la cúpula fue en Toledo, en la convención de Valladolid -tierra de la vicepresidenta- ella tuvo un papel primordial. Un ministro comenta: "No creo que la vaya a dar de lado. Desde luego, no ahora. Sería un roto muy grande de cara a las elecciones en Castilla-La Mancha". En el Gobierno, por cierto, la número dos también ha tenido algún encontronazo, por ejemplo con Alberto Ruiz Gallardón.

El presidente nunca ha mediado públicamente sobre la polémica. Pero ha tenido gestos para ambas. Incluso de cariño y cercanía. La misma noche de la victoria electoral, en el balcón y ante la petición de las bases de que "botaran", Rajoy matizó: "Soraya no", que acababa de dar a luz a su hijo Iván.

El control del PP

En el fondo de la cuestión, parlamentarios y cargos del partido ven una lucha lenta y continua para posicionarse lo mejor posible de cara al control del PP. Sáenz de Santamaría es la poderosa vicepresidenta que incluso controla la Inteligencia del país pero Cospedal, a pesar del revés andaluz, tiene más peso en Génova y el resto de las estructuras.

Si Rajoy gana las elecciones de 2015, distarían otros cuatro años para que la formación se tuviera que enfrentar a un debate sucesorio. Pero, si no logra seguir en la Moncloa, todo podría precipitarse. En el PP deslizan que si Cospedal quiere tener una oportunidad real tendría que volver a ganar los comicios castellano-manchegos. En el caso de Sáenz de Santamaría, debería conseguir "no quemarse" políticamente a pesar del desgaste de la crisis, cosa que hasta la fecha está consiguiendo. Y, si ambas logran llegar con plenas facultades, otros actores podrían aparecer en la pugna, como el gallego Feijóo. ¿Ciencia ficción? Algunos cargos del partido se muestran convencidos de que ya están en ello.

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