El cardenal Omella cierra otra iglesia católica en Barcelona: adiós a la parroquia de la Villa Olímpica
Cede la parroquia a la Fundación Mémora por 300.000 euros al año para ser un "espacio de reflexión y acompañamiento en el proceso final de la vida".
El arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, ha cerrado otra parroquia. Se trata de la iglesia del Patriarca Abraham, construida para los Juegos Olímpicos de 1992 y que daba servicio al barrio de la Villa Olímpica, en el frente marítimo de la capital catalana. La próxima desacralización de la iglesia se suma al derribo de la parroquia de Espíritu Santo en la Travesera de Gracia para construir una facultad de enfermería y a la venta de la parroquia de San Fernando, al lado de la plaza de España, a una empresa de residencias para la tercera edad.
La cuarta parroquia cerrada durante el periodo de Omella es la de San Isidoro, en la calle Urgell, cuya cesión al Hospital Clínico para la construcción de un centro de investigación finalmente se frustró por parte de las autoridades sanitarias. Sin embargo, la parroquia ya no opera como centro de culto católico. Se utiliza como punto de recogida de alimentos que distribuye Cáritas.
En el caso de la iglesia del Espíritu Santo, su demolición se llevó por delante el mayor vitral moderno de Cataluña, factor que no arredró en absoluto al cardenal Omella, empeñado en "optimizar" los recursos de la Iglesia, agrupar parroquias y vender solares. El último caso es el de la iglesia de la Villa Olímpica, que se inauguró como templo para las cinco religiones reconocidas por el Comité Olímpico Internacional (COI) y que tras la celebración de los Juegos pasó a convertirse en la parroquia del barrio de la Villa Olímpica.
"Diálogo interreligioso"
El cardenal Omella ha llegado ahora a un acuerdo con la Fundación Mémora, de la principal funeraria de España, para cederles la parroquia a fin de que se cree "un espacio dedicado a la reflexión, al apoyo emocional, educativo y comunitario para las personas que atraviesan esta etapa, sus familias y los profesionales que los atienden. Además, la iniciativa quiere ser un punto de promoción del diálogo interreligioso en la ciudad de Barcelona", según el comunicado hecho público por el arzobispado.
En la misma nota se detalla que "el espacio será cedido a la Fundación Mémora durante 50 años a cambio de un canon anual, lo que permitirá al arzobispado mantener el patrimonio histórico y dotar a las parroquias de recursos para continuar con sus actividades".
La operación, cifrada en torno a los 300.000 euros anuales según fuentes del propio arzobispado, requiere de la aprobación de un Plan Especial Urbanístico, tras lo cual y según el arzobispado, "se procederá a desacralizar el edificio y a su rehabilitación".
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