
Aún sin asumir una autocrítica profunda más allá de culpar a su propio electorado de "pereza" y de no movilizarse en las elecciones autonómicas, el PSOE intenta mostrar una imagen de fortaleza de cara a la próxima cita electoral. "En Castilla y León va a ganar el PSOE", aseguran con confianza miembros del Comité Ejecutivo Federal, pese a los recientes batacazos sufridos en Extremadura y Aragón.
"Vamos a ser primera fuerza", auguran desde Ferraz, mientras el partido trata de recuperar el terreno perdido y aún sin que el presidente del Gobierno haya emitido reacción alguna ante el reciente fracaso electoral socialista.
Mientras las federaciones autonómicas encienden las alarmas y reclaman una "reflexión" para evitar que los últimos comicios se conviertan en la tónica general, en la sede nacional del PSOE brilla por su ausencia la autocrítica. En su lugar, se multiplican los mensajes esperanzadores sobre el futuro, con especial atención al secretario general de Castilla y León, Carlos Martínez, quien será el candidato socialista en las elecciones del próximo 15 de marzo.
En Ferraz reconocen, en privado, que buena parte de los votantes se ha quedado en casa, un fenómeno que atribuyen más al "desinterés" por la política autonómica que a un rechazo directo al proyecto socialista. Sin embargo, esta explicación no oculta la realidad. Los resultados evidencian un desgaste en la base del partido y, según admiten incluso dentro del PSOE, ha habido un trasvase de votos hacia Vox.
La campaña electoral comenzará el viernes 27 de febrero, y por ahora Ferraz no ha revelado cuál será su estrategia para estas elecciones. El propio candidato socialista ha insistido en centralizar el discurso en "hablar de Castilla y León", un planteamiento que cuenta con el respaldo de la dirección nacional.
El PSOE denuncia que la estrategia de centrar la campaña en lo autonómico, reclamada para Castilla y León, no se aplicó en las elecciones de Aragón ni Extremadura, aunque las candidaturas socialistas tampoco consiguieron mantener el foco del debate en lo regional. Pilar Alegría se convirtió en la prueba de la estrategia de Moncloa de colocar a ministros como candidatos, mientras que Miguel Ángel Gallardo, exlíder del PSOE en Extremadura, afronta un juicio por la presunta contratación irregular del hermano de Pedro Sánchez.

