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Yolanda Díaz pierde el control cuando le recuerdan los escándalos sexuales en su partido

Yolanda Díaz se ha revuelto después de que le recuerden todos los escándalos sexuales que salpican a su partido.

En una sesión parlamentaria marcada por la tensión y el reproche, el diputado del Partido Popular, Jaime de Olano, ha puesto contra las cuerdas a la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, denunciando lo que calificó como un feminismo cínico.

Durante su intervención, Olano no dudó en recordar los recientes y escandalosos episodios de violencia sexual que salpican al entorno de la extrema izquierda, mencionando explícitamente las denuncias contra Errejón. El diputado popular criticó la doble vara de medir de una ministra que, mientras se envuelve en la bandera de la protección a la mujer, guarda un silencio clamoroso ante los depredadores sexuales que han habitado en el seno de su propia coalición política.

La respuesta de Yolanda Díaz, lejos de aportar claridad o asumir responsabilidades por los escándalos de Sumar, consistió en una huida hacia adelante cargada de demagogia. Díaz intentó desviar la atención recurriendo a cifras de empleo en Lugo, comparando la gestión del Partido Popular con la situación actual. Sin embargo, este movimiento fue percibido como una táctica desesperada para evitar hablar de la crisis ética que atraviesa su partido. La vicepresidenta, visiblemente alterada, comenzó a elevar el tono de voz en un intento de reafirmar su autoridad como representante de los españoles, aunque sin responder a las graves acusaciones de hipocresía política vertidas por la oposición.

Jaime de Olano retomó la palabra para incidir en la desconexión total entre la retórica comunista de Díaz y su realidad personal. El diputado la definió como una comunista rica que vive rodeada de privilegios mientras las familias españolas sufren una ansiedad asfixiante por no llegar a fin de mes. Para ilustrar la deriva del Gobierno, Olano recurrió a una cita de Karl Marx, afirmando que la historia se repite primero como tragedia y después como una farsa política, englobando bajo este concepto a las distintas marcas electorales de la izquierda radical como Podemos o Sumar.

El clímax de la intervención llegó con una Yolanda Díaz totalmente fuera de sí, perdiendo los papeles ante la mención de la casta sindical. En un discurso más propio de un mitin que de una sede parlamentaria, la ministra comenzó a gritar una letanía de colectivos que, según ella, representa en exclusiva: desde pensionistas hasta inmigrantes. Díaz acusó al Partido Popular de ser los representantes de los fondos buitre y de los evasores de impuestos, recurriendo a un ataque personal constante para tapar las vergüenzas de un ejecutivo acorralado por los escándalos judiciales y sexuales.

La pérdida de control de la vicepresidenta fue evidente cuando exigió al diputado del PP que retirara sus palabras sobre los sindicatos, apelando a una supuesta dignidad que Olano considera inexistente dada la complicidad silenciosa del Gobierno con figuras señaladas por abusos: "Pida perdón". Este enfrentamiento deja patente la fragilidad de una Yolanda Díaz que, incapaz de defender con argumentos la integridad de su formación, opta por la agresividad verbal y el victimismo como última línea de defensa ante una realidad que la desborda por completo.

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