
El estadounidense James Gracey tenía 20 años y había pasado una noche de fiesta en una famosa discoteca del Puerto Olímpico de Barcelona, la sala de fiestas "Shôko". Sus amigos denunciaron su desaparición, la madre alertó a todo el mundo a través de las redes sociales y el padre, abogado de profesión, se desplazó hasta la capital catalana para tratar de encontrar a su hijo con vida pero fue en vano.
James, originario de Chicago, disfrutaba de sus vacaciones de primavera y había acudido a Barcelona con unos amigos a visitar a otros amigos. El típico plan de fiesta. Su rastro se perdió el martes pasado y su cadáver se ha encontrado este jueves a cuatro metros de profundidad en las aguas de la playa del Somorrostro, en la Barceloneta.
Los Mossos dicen: no hay crimen
Los Mossos descartan a priori que se trate de un crimen. El muchacho habría salido de la discoteca a las tres de la madrugada del martes y en vez de dirigirse al apartamento turístico que compartía con sus amigos en la Ronda de San Pedro se fue hacia la playa, a escasos metros del local. Los Mossos encontraron su teléfono móvil en posesión de un ladrón fichado que alegó que se lo había encontrado. Sin embargo, los agentes no creen que Gracey fuera víctima de un crimen. Como se suele decir cuando no se sabe nada o casi nada, todas las hipótesis están abiertas y no hay una sola línea de investigación.
Buzos de los Mossos encontraron primero la cartera del finado. Estaba en el agua, como el cuerpo, hallado sobre las seis de la tarde de este jueves. La muerte del joven ha desatado una oleada de indignación en las redes sociales.
La reputación de Barcelona está por los suelos, cientos de usuarios refieren en primera persona atracos, tirones, robos, intimidaciones, vejaciones y una sensación de inseguridad total en las zonas más turísticas de la Ciudad Condal.
Continuos casos
Entre tanto, se suceden las especulaciones. Se asegura que las cámaras de la discoteca registraron la salida de James acompañado por otra persona de la que se ignora su identidad. En los últimos años otros dos jóvenes extranjeros han acabado muertos en Barcelona en extrañas circunstancias. En mayo de 2023 fueron detenidos cuatro jóvenes por el asalto para robarle el móvil a un joven canadiense de 25 años que cayó al vacío desde un puente de la Ronda Litoral, también en la Villa Olímpica.
La víctima se llamaba Christopher Donoso y había viajado a Barcelona para asistir a un Barça-Real Madrid de marzo de aquel año. Donoso huía de los ladrones. Y en octubre de 2022 fue visto por última vez un jugador de rugby británico, Levi Davis, que según la policía catalana también habría caído al mar. Su cuerpo no ha sido encontrado. Por las mismas fechas un crucero avisó del avistamiento de un cadáver en el litoral barcelonés.El caso tuvo gran repercusión porque se trataba de un joven que había participado en programas de televisión.
James Gracey, el último joven turista extranjero encontrado muerto en Barcelona por causas no naturales, estudiaba contabilidad en la Universidad de Alabama.



