Extrañas simetrías
Sánchez igual va a perder por persona interpuesta. Y el elegido por el destino para inmolarse al simbólico modo resulta que será el propio Zapatero.
Hay extrañas simetrías en la política que, den tan inopinadas, rozan la genialidad del absurdo. Cuando el 2011, el presunto inocente José Luís Rodríguez Zapatero contemplaba el apocalípsis civil derivado de la peor crisis económica de la eternamente joven democracia española. Sabiéndose un apestado para las urnas, ejecutó entonces el clásico ardid bajuno de la persona interpuesta. Envió a la primera línea de fuego a un un probo funcionario de Ferraz, el difunto Rubalcaba, para recibir en algún culo ajeno las patadas que el pueblo soberano le había reservado. Zapatero se las ingenió para perder por delegación.
La diferencia entre ser inteligente, categoría poco habitual entre los profesionales de la política, y ser listo, algo mucho más común dentro de ese gremio, pasa por concebir argucias pícaras de ese tenor. Ironías de la pequeña historia del PSOE, ahora Pedro Sánchez se encamina hacia el mismo precipicio, pero a la inversa. Insisten los contables miopes del FMI en que el Reino de España exhibe la mejor coyuntura macroeconómica de los últimos milenios, un prodigioso milagro obtenido a base de legiones de fijos discontinuos, amén de millones de brazos oriundos del Tercer Mundo, todos arrendados a precios de saldo en nuestro mercado laboral doméstico para sostener bandejas con refrescos, sellar ladrillos con cemento, y otras labores vinculadas también a la alta tecnología.
Pero he aquí la suprema paradoja: Sánchez igual va a perder por persona interpuesta. Y el elegido por el destino para inmolarse al simbólico modo resulta que será el propio Zapatero. Por lo demás, el PSOE no va a perder las elecciones por culpa de la corrupción. La corrupción es un asunto habitual y rutinario que no importa a nadie en España, ni a la derecha ni a la izquierda. El PSOE va a perder las elecciones, y por goleada, por culpa de esa suprema mentira académica, ese engañabobos institucionalizado que responde por indicadores macroeconómicos. Porque si el crecimiento del PIB se hubiera notado en la vida cotidiana de la gente, Zapatero podría birlar todos los cuadros del Museo del Prado, incluidas las meninas, que Sánchez ganaría igual. Pero no.
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