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Por qué nunca seremos como Dinamarca

Quieren el sueño danés, pero no la contabilidad danesa, que es la que lo sostiene. El buenismo, sí, se paga. Y la ceguera histórica también.

Quieren el sueño danés, pero no la contabilidad danesa, que es la que lo sostiene. El buenismo, sí, se paga. Y la ceguera histórica también.
Mette Frederiksen en la cumbre de la OTAN en Ankara (Turquía), a 8 de julio de 2026. | EUROPA PRESS

Mette Frederiksen acaba de firmar junto a Giorgia Meloni una carta-manifiesto donde reclaman confinar a los inmigrantes ilegales fuera de la Unión Europea, mientras la izquierda hispana, que lleva décadas señalando a Dinamarca como su modelo ideal, prefiere mirar hacia otro lado. Porque aquí ni siquiera Vox se atrevería a proponer lo que el Ministerio de Finanzas danés airea cada año: un informe que certifica que autóctonos e inmigrantes occidentales contribuyen en positivo al presupuesto público, mientras el bloque MOMTP —Oriente Medio, Magreb, Turquía y Pakistán— arroja un acusado déficit agregado a lo largo de su ciclo vital.

La comprensión profunda de esa contabilidad estratificada es lo que sostiene en pie el modelo social de Dinamarca, como también es lo que hoy empuja a Frederiksen a blindar sus fronteras. Porque no hay Estado del bienestar con un ADN auténticamente socialista capaz de sobrevivir a la inmigración masiva. Procede elegir, o socialismo o buenismo multiculti. Una inmigración cuya aportación fiscal resulta, en términos diacrónicos, exageradamente inferior al gasto que genera es la factura impagable del buenismo. Porque el hecho de que los mileuristas no cubran, ni de lejos, el coste de lo que reciben del Estado es algo normal en cualquier sistema redistributivo. Lo anormal –y suicida– es que España alumbre cifras tan astronómicas de mileuristas. Al punto de que ya más de la mitad de los asalariados lo son ahora mismo.

Y por eso no podremos ser nunca Dinamarca, por mucho que lo prediquen Sánchez y Díaz. El impedimento no es ese 56% de presión fiscal que Dinamarca acepta sin rechistar; el impedimento es el tamaño menguante de nuestra clase media, grupo que aporta el grueso de los impuestos. Cada nuevo inmigrante sin cualificación reduce su peso relativo, y con él la base que financia cualquier Estado del bienestar viable. Inmigración tercermundista masiva y Estado del bienestar resultan incompatibles: procede optar. Dinamarca ha elegido el socialismo. Los socialistas españoles prefieren el buenismo. Quieren el sueño danés, pero no la contabilidad danesa, que es la que lo sostiene. El buenismo, sí, se paga. Y la ceguera histórica también.

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