
Hay verdades obvias que el establishment académico y mediático, tanto el que se hace llamar progresista como el que se dice conservador, trata de sepultar bajo toneladas de hipocresía biempensante. Una de ellas, elemental, explica por qué Estados Unidos nunca ha conocido un Estado del bienestar homologable al europeo. Algo que tiene mucho más que ver con la profunda fractura racial de ese país que con divisiones ideológicas convencionales entre la izquierda y la derecha. Allí, los fundamentos filosóficos de la justicia redistributiva colapsan frente a los muros de una sociedad fragmentada étnica y espacialmente, donde resulta muy habitual no relacionarse jamás con quienes no compartan raza, credo religioso y clase social.
En cuanto el welfare se intenta universalizar en un mosaico humano así de compartimentalizado, la ficción de la convivencia armónica se rompe. ¿Por qué pagar impuestos para auxiliar al extraño que vive en el otro extremo de mi ciudad si no reconozco en él a mi semejante? Ese precedente norteamericano es el espejo donde Europa se niega hoy a ver su porvenir. Al respecto, Francia es un ejemplo de libro del fracaso del multiculturalismo apoyado en un Estado del bienestar con vocación universalista. El continente camina hacia ese abismo por la vía rápida del buenismo migratorio. La llegada masiva de inmigración extraeuropea, abocada a la guetificación, que no a la integración, está dinamitando ya la sanidad y educación públicas.
A mayor asimetría etno-sociocultural, menor capital social y cohesión cívica; a menor pegamento comunitario, más resistencia fiscal de las clases medias y trabajadoras autóctonas a mantener un modelo estatal de protección que degrada cuantitativa y cualitativamente los servicios públicos esenciales. La oposición efectiva al Estado del bienestar no nacerá del doctrinarismo capitalista, sino de la polarización etno-identitaria. Y el PSOE, en su deriva autodestructiva, se ha consolidado como el principal enemigo objetivo del sistema. La realidad demuestra que cuando la sociedad pierde su naturaleza de unidad orgánica y se transforma en compartimentos estancos, el contrato social implícito se volatiliza. Cada mena importado de Ceuta serán 10.000 votos más contra el Estado del bienestar en las próximas elecciones generales.
