A cualquier precio, ¡no!
Feijóo compareció ante el Círculo de Economía de Barcelona sin pedir favores ni concesiones, en un giro inédito del PP en Cataluña.
La trepidante sucesión de tramas delictivas del Gobierno amenaza con desdibujar un hecho inédito en la historia del PP nacional en Cataluña. Por primera vez abandona la sumisión frente al nacionalismo catalán con palabras medidas, calculadas y diáfanas: "No busco atajos porque lo que conviene atajar es la situación del país. Y no vengo a pedir favores, ni tampoco a regalarlos. A lo que vengo es a defender la necesidad de un proyecto limpio. Y a garantizar que devolveré la decencia a mi país con ayuda o sin ella".
Lo importante de la intervención de Alberto Núñez Feijóo el martes ante el Círculo de Economía de Barcelona no fue sólo lo que dijo. Fue dónde lo dijo, ante quién lo dijo y, sobre todo, lo que enmendaba al decirlo.
Un PP que no pide perdón por existir
Por primera vez en la history del PP, su líder nacional no fue a Cataluña a pedir perdón por existir. No fue a tranquilizar al catalanismo de moqueta, ni a guiñarle el ojo a ese empresariado paniaguado que lleva décadas confundiendo estabilidad con privilegio, moderación con chantaje y seny con caja registradora. No fue a rendir pleitesía a los administradores de la masía. Fue a decirles que no todo se compra, que no todo se negocia y que no todo se sacrifica en nombre de una investidura. "Con ayuda o sin ella". Ahí está la novedad, no en descubrir ahora que Puigdemont –Junts– es tan odiosamente xenófobo como Silvia Orriols –AC–, ni que el PNV jamás ha creído en España, salvo como granero para vivir con el doble de presupuesto que el resto de españoles. Eso ya lo sabíamos. Lo nuevo es que Feijóo pareció asumir, al fin, que al nacionalcatalanismo no se le ríen las gracias. Se le combate. No se le corteja. Se le desenmascara. No se le pregunta cuánto cuesta su apoyo. Se le recuerda cuánto ha costado ya su chantaje. Y a continuación se le disputa el espacio electoral.
Las lecciones de una estrategia fallida
Eso ya lo demostró en 1996 Alejo Vidal-Quadras con el mayor éxito obtenido por el PP. Porque el nacionalismo no premia la sumisión; la administra. No agradece las cesiones; las convierte en precedente. No se sacia; aprende a pedir más. Y cuando se le descubre el truco, exige cabezas. Aznar, necesitado de Pujol, eligió sacrificar aquella dignidad. Y con aquel sacrificio no sólo decapitó a un líder incómodo: envió un mensaje devastador a miles de catalanes constitucionalistas. Les dijo que su coraje molestaba. Que su resistencia era inoportuna. Que su defensa de España debía subordinarse a las necesidades aritméticas de Madrid.
De aquella humillación nació Ciudadanos. Y de la traición posterior de Ciudadanos a su causa original nació buena parte del trasvase emocional hacia Vox. Porque en Cataluña mucha gente no ha votado sólo ideología; ha votado amparo. Ha votado contra la intemperie. Ha votado contra la sensación de que has de pedir permiso por ser español, de que ser castellanohablante te pone bajo sospecha, y que al final, acabas siendo un ciudadano de segunda en tu propio país.
Jordi Pujol fundó esa relación mafiosa con el Estado, y el empresariado vivió de ese chantaje. Hasta Junqueras, Puigdemont y Salvador Illa, que lo han explotado hasta la náusea, a partir de exportar el procés a España entera.
¿Le sirvió alguna vez al PP abanicar a los amos de la masía para aumentar su electorado? ¡Nunca!
Alberto Núñez Feijóo no puede malograr el impulso que ha logrado transmitir con tres frases transparentes y una rúbrica final como aviso a navegantes. Por dos motivos:
- El primero ya lo ha dicho: "A lo que vengo es a defender la necesidad de un proyecto limpio. Y a garantizar que devolveré la decencia a mi país con ayuda o sin ella".
La degradación democrática del sanchismo, vendiendo a trozos la soberanía y la igualdad de España a sus enemigos, nunca puede ser la justificación para que Feijóo negocie con sus adversarios de clase –PNV-Junts– por muy cerca que estén ideológicamente. ¿De qué se diferenciaría entonces de Pedro Sánchez? Perdida toda superioridad moral sobre la ruina institucional en que ha dejado Pedro Sánchez a España, ¿cómo defendería un proyecto limpio y garantizaría la decencia en nuestro país?.
- El segundo: la batalla contra la corrupción empieza por disputarle el centro derecha al PNV y a Junts en "sus" territorios. El PP ha vivido demasiadas veces pendiente de no incomodar a quienes jamás le votarían, mientras desatendía a quienes sí lo harían si sintieran su amparo.
Ya somos políticamente adultos. Hay una generación entera que sufrimos el franquismo, nos emancipamos con la Transición del 78, y sufrimos el chantaje de los nacionalistas por miedo a que nos satanizaran. Se acabó el cuento del franquismo agitado por los nacionalistas, y de la fachosfera de la izquierda sanchista. Nos han timado económicamente, dividido territorialmente, y humillado en lo más íntimo de nuestras emociones: en la lengua que compartimos con más de 600 millones y en nuestro derecho a amar a nuestra nación sin su permiso.
Alberto Núñez Feijóo sólo tiene que seguir los pasos que pisa con personalidad su líder en Cataluña: Alejandro Fernández. Y no flaquear nunca.
A Puigdemont no se le corteja, se le combate. Con el PNV no se negocia, se le disputa el espacio ideológico. Son ellos los que han de justificar la traición a su electorado conservador, son ellos los que deben justificar por qué apoyan a un Gobierno corrupto a sabiendas de que lo es, y son ellos los que deben explicar por qué han prostituido a su electorado en nombre del odio a España.
Por todo eso, "a cualquier precio, no" debe ser mucho más que un imperativo moral. Debe ser una rectificación histórica.
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