
El papa León XIV ha tenido ocasión de comprobar de primeras lo maleducados e impertinentes que pueden resultar algunos políticos independentistas. En concreto, la portavoz del partido de Puigdemont en el Congreso, Míriam Nogueras y su homólogo en el Senado, Eduard Pujol. Esa forma de asir la mano tendida de Prevost agarrándole la muñeca con la izquierda en lo que es un exceso de confianza intolerable. Se trata de un gesto casi violento, impropio de una persona educada, indigno en alguien con un mínimo sentido del respeto. Pobre Prevost. Qué paciencia debe tener ese hombre. La pasmosa ausencia de un ápice de urbanidad define a Nogueras y Pujol, cuya actuación pasará a los anales de la brutalidad. Los australopitecos se regían por códigos de comportamiento en público mucho más refinados.
Como cabía esperar de semejantes políticos, el motivo de retener con fuerza al Papa era darle la turra con el catalán, exigirle de hecho que hable catalán en Barcelona y hacérselo saber en cualquier idioma menos en español. Así, la señora Nogueras se ha dirigido a León XIV en inglés y Eduard Pujol, en italiano. Según Nogueras, ella le ha dicho las siguientes palabras: "Su Santidad, como Gaudí, soy catalana. Hablar el idioma de la tierra que te acoge es un maravilloso acto de amor y respeto. Espero que disfrute de su visita a Cataluña, mi nación". Eduard Pujol, por su parte, dice que le ha dicho: "Santidad, como Antonio Gaudí y Pablo Casals, soy catalán. Hablar la lengua de la tierra que le acoge es un bellísimo acto de respeto y amor".
📹Portaveu @PujolBonell al @Pontifex Lleó XIV:
"Santità,
come Antoni Gaudí e Pau Casals, sono catalano.Parlare la lingua della terra che vi accoglie è un bellissimo atto di rispetto e amore." pic.twitter.com/TnPWpOpQmv
— Junts per Catalunya🎗 (@JuntsXCat) June 8, 2026
He ahí dos independentistas catalanes orgullosos de su pasado. Tan orgullosos que se declaran herederos directos de figuras universales. Dos catalanes sin vergüenza ninguna con claros síntomas de nacionalitis y supremacitis. Y no contentos con informar al Papa de su origen, van y le imparten una especie de lección moral, algo así como que no se espera de él otra cosa que hablar en catalán cuando esté en Cataluña. Cuidado, lo que no le dijeron nunca a Messi. Y hablarle al Papa de "amor" y "respeto". Es que hay que ser casi más intrépido que memo para darle consejos a todo un obispo de Roma. Un senador y una diputada de Junts per Catalunya. Olé.
Habrá que ver si el Papa se somete al dictado de la inmersión lingüística o se limita como Bruce Springsteen a soltar un "bona nit, Barcelona". Es de temer que sucumba a las presiones y tenga un detalle con los obispos indepes y con la hermana Caram. Pero quién sabe, a lo mejor pregona en catalán que está mal discriminar por razones lingüísticas, que los niños de familias hispanohablantes también tienen lengua materna y que hablar español no es pecado.
De momento ya conoce Su Santidad cómo se las gastan tan distinguidos representantes del independentismo como la señora Nogueras y ese señor Pujol que no le dejaba ir. Soltarle una monserga al mismísimo Papa. Es que es de no creer. Han quedado tan absolutamente retratados que ni sus más acérrimos adversarios podrían haber maquinado una situación tan definitoria de los catastróficos efectos del catalanismo sobre la educación. Esa prepotencia, ese cuajo y esa sensación de ser el centro del mundo. "Come Gaudí, sono catalano"... Hombre, Pujol, como Gaudí igual es exagerar. Claro que estamos hablando de esa clase de catalanistas que se creen tan por encima del resto del mundo que no tienen reparos en decirle al Papa en qué idioma tiene que hablar cuando vaya a Cataluña. Así son. No tienen límites. Les das la mano y te cogen el brazo.
