L. D. / EFE.-
El personal de la Casa Blanca, abrumado por la emergencia que le sobresaltó durante la visita a una escuela de Florida, decidió poner al presidente a salvo, mientras trataba de determinar el alcance de los atentados. Al tiempo que los centros de poder de EEUU quedaban sacudidos por el impacto de los atentados, la decisión de los responsables de la seguridad presidencial dejó al país sin su cabeza visible.
Aviones de caza y personal militar fuertemente armados protegieron a Bush y al avión presidencial, en una atropellada serie de desplazamientos que le llevó, rodeos incluidos, desde Florida a una base aérea de Luisiana, y desde allí a otra en Nebraska, antes de volver a Washington.
La primera alerta que recibió el personal de la Casa Blanca llegó mediante una comunicación de radio recibida cuando el presidente y el grupo de periodistas que le acompañaba se encontraban en una escuela de Sarasota (Florida). En esa comunicación, que fue oída de forma casual por un fotógrafo de prensa, se pedía que se comunicara a Bush que su consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, quería hablarle sobre un "accidente". Era poco antes de las 09.00 horas.
Tras hablar con Rice en una habitación privada, Bush inició el acto con una maestra y 16 niños, hasta que su jefe de gabinete, Andrew Card, entró y le susurró al oído que un segundo avión se había estrellado contra las torres gemelas. Según oía a su principal colaborador, la cara de Bush devino progresivamente tensa y seria. El presidente hizo pocos minutos después una breve declaración pública, en la que citaba el "aparente atentado terrorista".
A continuación, Bush, los funcionarios y los periodistas fueron trasladados de forma apresurada al aeropuerto. Tras un registro de seguridad más estricto de lo habitual, el avión "Air Force One" despegó. Una visible escolta de cazas de la Fuerza Aérea, algunos de los cuales volaban muy cerca del avión presidencial, escoltó a Bush durante su trayecto a la base de Barksdale, en Luisiana. A los periodistas del "pool" que viajaron en el avión presidencial no se les comunicó a dónde iban por motivos de seguridad.
Debido a los giros que realizó el aparato, a la señal de las televisiones locales que captaron y a la escasa información oficial que recibieron, dedujeron que el "Air Force One" realizó numerosos rodeos y desvíos. En ese vuelo, el personal oficial y los reporteros conocieron el atentado contra el Pentágono y la catástrofe de otro avión secuestrado que se estrelló en Pensilvania, así como el desplome de las dos Torres Gemelas.
En medio de un ambiente cada vez más sombrío, en el que ni siquiera se sirvió el almuerzo, el avión voló a 40.000 pies, bastante más de lo habitual en las aeronaves comerciales, cuyo techo máximo en rutas normales es de algo más de 30.000 pies. En Barksdale, unas medidas de seguridad impresionantes aguardaban a Bush y su comitiva. Visiblemente nerviosos, los militares trataron a gritos al personal civil y a los periodistas.
Militares desplegados en equipo de combate y un vehículo artillado escoltaron al presidente hasta el edificio en el que anunció que "Estados Unidos buscará, encontrará y castigará a los responsables de estos actos cobardes". En Barksdale, los carteles avisaban al personal militar de que las fuerzas armadas habían sido puestas en el máximo estado de alerta, cuyo código es "Def Con Delta".
La Casa Blanca redujo de forma drástica el número de ocupantes que emprendió vuelo después "con destino desconocido", y que resultó ser la base aérea de Offutt (Nebraska), donde está el cuartel general del Mando Aéreo Estratégico. El vuelo fue tenso, y los agentes del Servicio Secreto llevaban sus armas reglamentarias a la vista del personal, algo muy poco frecuente. En Offutt, el avión fue vigilado por una guardia de militares con ametralladoras. Bush, estuvo allí poco más de una hora, el tiempo justo para una conferencia telefónica con su Consejo de Seguridad Nacional reunido en un búnker subterráneo de la Casa Blanca.
Finalmente, el presidente emprendió el regreso a la Casa Blanca, a donde llegó con gesto serio y andar resuelto, diez horas después de conocer la primera de las tragedias.
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Aviones de caza y personal militar fuertemente armados protegieron a Bush y al avión presidencial, en una atropellada serie de desplazamientos que le llevó, rodeos incluidos, desde Florida a una base aérea de Luisiana, y desde allí a otra en Nebraska, antes de volver a Washington.
La primera alerta que recibió el personal de la Casa Blanca llegó mediante una comunicación de radio recibida cuando el presidente y el grupo de periodistas que le acompañaba se encontraban en una escuela de Sarasota (Florida). En esa comunicación, que fue oída de forma casual por un fotógrafo de prensa, se pedía que se comunicara a Bush que su consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, quería hablarle sobre un "accidente". Era poco antes de las 09.00 horas.
Tras hablar con Rice en una habitación privada, Bush inició el acto con una maestra y 16 niños, hasta que su jefe de gabinete, Andrew Card, entró y le susurró al oído que un segundo avión se había estrellado contra las torres gemelas. Según oía a su principal colaborador, la cara de Bush devino progresivamente tensa y seria. El presidente hizo pocos minutos después una breve declaración pública, en la que citaba el "aparente atentado terrorista".
A continuación, Bush, los funcionarios y los periodistas fueron trasladados de forma apresurada al aeropuerto. Tras un registro de seguridad más estricto de lo habitual, el avión "Air Force One" despegó. Una visible escolta de cazas de la Fuerza Aérea, algunos de los cuales volaban muy cerca del avión presidencial, escoltó a Bush durante su trayecto a la base de Barksdale, en Luisiana. A los periodistas del "pool" que viajaron en el avión presidencial no se les comunicó a dónde iban por motivos de seguridad.
Debido a los giros que realizó el aparato, a la señal de las televisiones locales que captaron y a la escasa información oficial que recibieron, dedujeron que el "Air Force One" realizó numerosos rodeos y desvíos. En ese vuelo, el personal oficial y los reporteros conocieron el atentado contra el Pentágono y la catástrofe de otro avión secuestrado que se estrelló en Pensilvania, así como el desplome de las dos Torres Gemelas.
En medio de un ambiente cada vez más sombrío, en el que ni siquiera se sirvió el almuerzo, el avión voló a 40.000 pies, bastante más de lo habitual en las aeronaves comerciales, cuyo techo máximo en rutas normales es de algo más de 30.000 pies. En Barksdale, unas medidas de seguridad impresionantes aguardaban a Bush y su comitiva. Visiblemente nerviosos, los militares trataron a gritos al personal civil y a los periodistas.
Militares desplegados en equipo de combate y un vehículo artillado escoltaron al presidente hasta el edificio en el que anunció que "Estados Unidos buscará, encontrará y castigará a los responsables de estos actos cobardes". En Barksdale, los carteles avisaban al personal militar de que las fuerzas armadas habían sido puestas en el máximo estado de alerta, cuyo código es "Def Con Delta".
La Casa Blanca redujo de forma drástica el número de ocupantes que emprendió vuelo después "con destino desconocido", y que resultó ser la base aérea de Offutt (Nebraska), donde está el cuartel general del Mando Aéreo Estratégico. El vuelo fue tenso, y los agentes del Servicio Secreto llevaban sus armas reglamentarias a la vista del personal, algo muy poco frecuente. En Offutt, el avión fue vigilado por una guardia de militares con ametralladoras. Bush, estuvo allí poco más de una hora, el tiempo justo para una conferencia telefónica con su Consejo de Seguridad Nacional reunido en un búnker subterráneo de la Casa Blanca.
Finalmente, el presidente emprendió el regreso a la Casa Blanca, a donde llegó con gesto serio y andar resuelto, diez horas después de conocer la primera de las tragedias.
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