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Cómo Orbán exporta su sistema "orgullosamente iliberal" fuera de Hungría

El férreo control mediático en Hungría y el apoyo de Putin y Trump podrían no ser suficientes para que Orbán gane el próximo 12 de abril.

Orbán a su llegada a la reunión del Consejo Europeo celebrada el pasado 19 de marzo. | EFE/ Olivier Matthys

El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, ha consolidado a lo largo de los últimos años una férrea estructura para asegurar la hegemonía de su visión política en todos los ámbitos. Según informa el diario ABC, seleccionando un artículo de The Economist, el mandatario ha tejido un complejo e influyente sistema de clientelismo intelectual que riega con cuantiosos fondos públicos a diversas fundaciones, institutos de investigación y centros académicos. El objetivo principal de esta red es dotar de un supuesto prestigio teórico e ideológico a las políticas antiliberales promovidas por su Ejecutivo, marginando sistemáticamente a los pensadores críticos.

Esta poderosa maquinaria ideológica no opera en el vacío, sino que se complementa y amplifica mediante un estricto control de los medios de comunicación. Durante su prolongado mandato, el Gobierno húngaro ha propiciado la concentración de cabeceras de prensa, emisoras de radio y cadenas de televisión en manos de aliados empresariales de su estricta confianza. Esta maniobra ha reducido drásticamente el espacio para el periodismo verdaderamente independiente, asegurando que el mensaje oficialista llegue sin apenas interferencias ni voces discordantes a la gran mayoría de la población del país centroeuropeo.

Sin embargo, esta enorme arquitectura de poder mediático y cultural se enfrenta ahora a un desafío electoral de una magnitud inédita. La inminente llamada a las urnas ha revelado un notable desgaste en los niveles de popularidad del partido oficialista. De hecho, las principales encuestas electorales de carácter independiente apuntan a un inminente cambio de ciclo político y otorgan, por primera vez en muchos años, la victoria al líder opositor Péter Magyar. Este dirigente, que en el pasado formó parte de las filas del propio partido gobernante, ha logrado aglutinar el creciente descontento ciudadano, amenazando seriamente la mayoría absoluta que ha sostenido al actual régimen durante más de una década.

En el ámbito internacional, la diplomacia de Budapest se ha caracterizado por la constante búsqueda de aliados conservadores y populistas que legitimen su modelo más allá de sus fronteras. Esta estrategia le ha llevado a estrechar lazos con dirigentes de la derecha europea como Santiago Abascal, líder de Vox. Ambas formaciones han mostrado una evidente sintonía en sus discursos sobre la defensa estricta de la soberanía nacional frente a Bruselas, compartiendo espacio, iniciativas y estrategias en diversos foros continentales para frenar las políticas de la Unión Europea.

A esta red de afinidades políticas se suman unas relaciones exteriores que han generado un profundo recelo en el seno de la OTAN y de las instituciones comunitarias. En medio del conflicto bélico en el este de Europa, destacan especialmente sus continuos lazos con Vladimir Putin, manteniendo abierto un canal de diálogo y cooperación energética con Moscú que contrasta fuertemente con la postura firme de las democracias occidentales frente a la invasión de Ucrania. Asimismo, el mandatario húngaro cultiva de forma abierta una estrecha alianza con Donald Trump, apostando por el regreso del exmandatario a la Casa Blanca como pieza clave para reconfigurar el equilibrio de fuerzas internacionales y promover su peculiar modelo de Estado a escala global.

Pese a que las encuestadoras independientes colocan a Magyar por delante de Orbán, señala The Economist que "sería imprudente apostar en contra de que el grupo de Orbán se imponga en las elecciones del 12 de abril, aunque vayan por detrás en las encuestas", porque "desde que recuperó el cargo de primer ministro en 2010, Viktor Orbán ha manipulado metódicamente los medios de comunicación y la vida intelectual del país para alinearlos perfectamente con su partido, el Fidesz".

Aunque lo más preocupante es que la propaganda orbanita "orgullosamente iliberal" se ha exportado a toda la Unión Europea a través de multitud de sitios web, revistas, institutos, think tanks, conferencias y entidades educativas. Brussels Signal, Remix News, The European Conservative, el think tank MCC Brussels, la Hungary House de Bruselas... son algunas de las citadas en el artículo de The Economist. "Muchas de las conferencias y publicaciones que promueven el credo conservador húngaro están discretamente financiadas por entidades cuasiestatales que desembolsan decenas de millones de dólares al año".

La justificación de este auténtico "ministerio de propaganda no oficial" en Bruselas es que "Orbán es perseguido por la eurocracia atea (...) debido a sus posturas conservadoras y a favor de la familia".

Si finalmente, como pronostican las encuestas, el 12 de abril Magyar se impone a Orbán, se pondrá fin a la "red ideológica orbanita" en la Unión Europea, como ha prometido el líder del partido opositor Tisza.

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