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La "prensa chicha", al servicio de Fujimori

El régimen de Fujimori tuvo entre sus estrategias la compra de líneas editoriales de medios de comunicación, en particular la prensa sensacionalista.

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La "prensa chicha", al servicio de Fujimori

En el Perú, a la prensa sensacionalista –aquella que se especializa en noticias catastróficas y fotografías de mal gusto–, se le llama también "prensa chicha". El nombre vuelve a la actualidad por la nueva novela de Mario Vargas Llosa titulada Las cinco esquinas, en la que Rolando Garro, director de un semanario sensacionalista, ataca en su publicación a un ingeniero con el fin de afectar su reputación.

Este tema podría parecer de ficción pero lo cierto es que Vargas Llosa se basa en una triste época que vivió el Perú a finales de los años 90. Además, el término "prensa chicha" también apareció en medios serios a raíz del juicio seguido contra Alberto Fujimori por la compra de algunos de estos diarios sensacionalistas para difamar, atacar e insultar a miembros de la oposición o incluso a periodistas incómodos para un régimen que buscaba un total control de la información.

Este juicio se llevó a cabo cuando el expresidente ya estaba en la cárcel por crímenes de lesa humanidad. Durante las vistas del caso, se supo que se habían destinado varios millones de dólares para "comprar" estos diarios y así comenzar una estrategia para las elecciones de 2000. La Procuraduría Anticorrupción señaló en un informe de 2014 que se habían gastado 122 millones de soles (unos 32 millones de euros). El propio Vladimiro Montesinos confesó que "el ingeniero Fujimori era consciente de que la prensa escrita, particularmente aquellos diarios que por su bajo precio llegaban a la opinión pública en forma masiva, producía el efecto de orientar la corriente de opinión". Varios de los directores de estos diarios fueron condenados a penas de cárcel.

A finales de los años 90, Fujimori tenía entre sus principales amenazas a Alberto Andrade (1943-2009), en aquella época alcalde de Lima (1996-2003) que gozaba de un enorme índice de popularidad. Aún no había aparecido en escena Alejandro Toledo que finalmente se presentaría como principal opositor en las elecciones de 2000.

Andrade fue un político con mucho carisma que realizó numerosas mejoras en la capital peruana, entre ellas, el reordenamiento y mejora del Centro Histórico de Lima. Fue justamente eso lo que lo hizo crecer en la intención de voto y lo que comenzó a hacer temblar a Fujimori. Por esa razón Andrade fue el principal objetivo de esta prensa que se había vendido al régimen y cuyos titulares eran prácticamente dictados desde Palacio de Gobierno o desde el sótano del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) con Montesinos a la cabeza.

El plan fue sencillo: compra de diarios y creación de nuevos. Entre estos últimos llegaron a aparecer nombres como "Repúdica" y "Repudio", destinados a atacar al diario La República, muy crítico con Fujimori. Los captados por el régimen fueron otros como El Mañanero, La Chuchi, Diario Más, El Chato, Conclusión, El Tío y La Yuca. Según la procuradora Rocío Armas, "se pagaba entre 2.000 y 3.000 dólares diarios por cada titular de portada de cada periódico. Fueron entre 900.000 dólares y un millón de soles mensuales lo que se desembolsó en algunos casos".

Mientras que estos diarios siguieron atacando e insultando a Andrade –lo llamaban en titulares "chancho" (cerdo) o gordo en tono despectivo–, también comenzaron a concentrarse en Toledo, un candidato que comenzó a subir en las encuestas y que se convirtió en la principal figura de la oposición.

Pero no se trató sólo de políticos. Fujimori también tuvo entre sus objetivos desprestigiar a periodistas. El diario El Chino, uno de los diarios "comprados", publicó en marzo de 1998 un suplemento que tituló "Los Rabiosos de la prensa antiperuana, Rospigliosi, Arrieta y Páez" en el que acusaban a estos periodistas de ser espías de países vecinos a los que vendían secretos militares y hasta de ser cómplices del terrorismo y estar detrás de un intento de golpe militar, tal y como lo recuerda el diario La República, cuyo director Gustavo Mohme también fue constantemente atacado y acosado.

Otros objetivos fueron César Hildebrandt, Cecilia Valenzuela y Luis Iberico. Este último es hoy presidente del Congreso y fue quien reveló –junto al congresista Fernando Olivera– el primer vídeo que mostró el pago por parte de Montesinos a un congresista opositor para lograr su voto en diversos asuntos. Estas imágenes fueron el inicio del fin del régimen de Fujimori.

Lo cierto es que este episodio de la reciente historia peruana no sólo representa uno de los momentos más críticos y vergonzosos a nivel moral para el gobierno de Fujimori sino también para ciertos medios de comunicación, entre ellos los diarios considerados "chicha", además de cadenas de televisión que prefirieron venderse en lugar de mantener el propósito de informar de manera independiente.

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