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El balance del 11-J de la disidencia: Cuba está militarizada y Nicaragua es la válvula de escape

LD recoge el testimonio de Coco Fariñas, Berta Soler y Rosa María Payá coincidiendo con el primer aniversario de las protestas masivas en la isla.

LD recoge el testimonio de Coco Fariñas, Berta Soler y Rosa María Payá coincidiendo con el primer aniversario de las protestas masivas en la isla.
EP/EFE

"La orden de combate está dada, a la calle los revolucionarios", dijo el dictador Miguel Díaz-Canel animando a sus acólitos a luchar contra sus propios hermanos, aquellos que se manifestaban pacíficamente por las calles de Cuba el 11 de julio de 2021. El objetivo de la arenga del líder comunista era frenar la sed de libertad de un pueblo que vive oprimido y en la miseria desde hace más de 60 años. Los siervos de la revolución obedecieron y salieron, armados con palos y acompañados por el ejército, a silenciar el grito desesperado de quienes proclamaban que ‘Patria y vida’ son compatibles.

El día de las protestas ha quedado grabado a fuego en la historia de la dictadura cubana. El pueblo se unió y reclamó la dignidad que le ha sido arrebatada, desafiando al propio régimen comunista y a sabiendas de que sería considerado un acto de rebeldía. Todos aquellos que participaron en las distintas convocatorias han sido duramente castigados. Las condenas de cárcel a manifestantes del 11J se cuentan por centenares. Y a sus familiares intentan amedrentarlos con continuas citaciones, multas y hostigamientos.

Aquel día la dictadura fue consciente de que nada es para siempre. La fuerza de un pueblo unido puede hacer caer a un régimen tirano. La historia ha demostrado que es posible. Y el régimen comunista teme que le llegue su hora, ese momento en que el pueblo cubano emprenda una verdadera revolución contra el poder opresor. Tanto es así, que en los días previos al mayor estallido social de las últimas décadas, ha lanzado una auténtica campaña intimidatoria para disuadir a los que tuvieran pensado salir a manifestarse con motivo de la celebración del primer aniversario.

Coco Fariñas, de nuevo secuestrado

La campaña para evitar protestas antigubernamentales este 11 de julio en las calles de Cuba empezó con el anunció el reparto de alimentos en básicos en algunas de las zonas más deprimidas del país. Arroz, pasta, azúcar o sardinas para comprar la libertad de un pueblo que vive en la más absoluta de las miserias. Hay quien piensa que incluso la oleada de apagones y la falta de gasolina forma parte de la estrategia del régimen para contener la convocatoria de nuevas manifestaciones. Lo interpretan como una demostración de poder por parte del Gobierno de Díaz-Canel.

En los últimos días, la campaña se ha recrudecido con citaciones masivas, amenazas y vigilancia constante a los familiares de los condenados por el 11J y los líderes de la disidencia cubana. Muchos de ellos, que han padecido este último año las consecuencias de la mayor ola de represión que se recuerda en la isla, han sido arrestados en las horas previas a la conmemoración de este primer aniversario. Ejemplo de ello es el tratamiento que ha recibido Coco Fariñas, secuestrado el pasado 9 de julio, cuando se encontraba en su domicilio. Hasta 24 horas después, su familia no supo dónde se encontraba: la Unidad Provincial de Operaciones del Departamento de Seguridad del Estado.

No obstante, él sabía que esto podía ocurrir. Casi contaba con ello. Ha perdido la cuenta de la cantidad de veces que la seguridad del estado se lo ha llevado de su casa, de la misma manera. El pasado 24 de junio, LD se puso en contacto con él para hablar de su participación en un artículo especial con motivo del primer aniversario del 11J. Él accedió encantado, pero no ha sido posible. Poco a poco le han ido cortando las vías de comunicación para impedir que liderara ninguna iniciativa en contra del Gobierno. Desde el día 5, no tiene posibilidad de acceder a internet y -por ende- a sus redes sociales o las distintas plataformas de mensajería instantánea.

No se equivocaba. Durante la conversación con este periódico, el disidente vaticinó que "la Junta Militar NeoRaulista" -como él la llama- iba a "militarizar toda Cuba, a medida que se vaya acercando el 11J", para que el pueblo no saliera a calle. Aunque él no descartaba que aún así hubiera nuevas protestas. "La tensión social por la carencia de alimentos y lo apagones eléctricos, sube más cada día", aseveró. Sólo cinco después fue detenido por solidarizarse con la familia del preso político Andy García Lorenzo y la policía le amenazó con acusarle de "incitación a la guerra" si continuaba alentando otro estallido social.

Otra de las herramientas que utiliza el régimen comunista para contener al pueblo es la violencia. Esa brutalidad policial ha contribuido a que se los ánimos se hayan caldeado en los últimos tiempos. Pocos días después de que nos pusiéramos en contacto con Fariñas, él condenaba en su perfil de Twitter el asesinato de un menor por parte de la Policía Nacional Revolucionaria, disparándole cuando ya se encontraba esposado e inmovilizado en el suelo. Su denuncia le costó un nuevo arresto. Pero -como advirtió en la entrevista que le realizamos en mes de marzo- no tiene miedo. En cuanto le soltaron, volvió a la carga en sus redes. A la dictadura, sólo le quedaba la opción de incomunicarle para lograr silenciarle. Y eso hizo.

Berta Soler y las Damas de Blanco

A esa misma presión son sometidas las Damas de Blanco, cada domingo. Según denuncia su líder, Berta Soler, ha habido un "recrudecimiento del hostigamiento contra el pueblo cubano y los activistas de derechos humanos" desde que se produjeron las protestas del 11J. En particular, los miembros de su organización han sido sometidos a vigilancia policial constante. "Ellos nos siguen allá donde vamos", asegura en declaraciones a LD.

"No permiten que nadie entre a la sede", añade, "y los que logran entrar, al salir son detenidos y llevados a la unidad policial Aguilera, donde son advertidos, amenazados y multados". En concreto, a las damas de blanco además "les roban el dinero que llevan en sus carteras". Berta ya tiene asumido que una vez a la semana pasa por los calabozos. "Todos los domingos nos detienen, nos multan y nos mantienen en celdas por mas de 18 horas", señala con cierta naturalidad.

Pero no todo el mundo se enfrenta a esta situación de la misma manera. Prueba de ello es el éxodo masivo que se está produciendo a través de Nicaragua. "Se ha convertido en un instrumento del régimen cubano para aliviar la situación de inestabilidad política, social y economía", explica Soler. La dictadura de Daniel Ortega, conchabada con la de Díaz-Canel, permite esa vía de escape para que los más descontentos puedan salir de la isla y llegar a la frontera de México con Estados Unidos.

Se calcula que alrededor de 140.000 cubanos se han marchado de Cuba desde octubre de 2021, produciéndose el mayor éxodo de la historia del país, al superar los 125.000 que salieron por el Puerto del Mariel en 1980. Para la líder de las Damas de Blanco, "Nicaragua y Venezuela son una dictadura como Cuba". Prueba de ello es que "hay presos políticos y persecución política". En su opinión, "esos gobiernos son asesorados y entrenados por el régimen comunista de Cuba". "Los tres regímenes han establecido una alianza con el imperialismo ruso contra los EEUU", asevera.

Rosa María Payá y el exilio forzado

Para la hija de Oswaldo Payá, Rosa María, "el 11 de julio de 2021 marcó un antes y un después para el pueblo cubano". Supuso "el principio de una nueva etapa a favor del cambio de sistema en nuestro país, tal y como lo coreaba el pueblo en las calles hace hace un año", señala ala activista en su análisis para LD. "Esa determinación ha venido acompañada de la represión más brutal de las últimas décadas. Mientras hablamos, hay más de 1200 presos políticos", destaca, "y muchos de ellos han sido torturados en prisión".

Payá habla de una "militarización del país" que se ha visto acuciada a medida que el aniversario de las manifestaciones del 11J se iba acercando. "En este momento es milimétrica", advierte, "precisamente para prevenir nuevas protestas". De ahí también lo que Rosa María llama la "estrategia de exilio forzado" puesta en marcha por el régimen comunista, "empujando a decenas de miles de cubanos a cruzar la frontera sur de los Estados Unidos de manera irregular".

"Es el resultado de una operación entre la dictadura nicaragüense y la dictadura cubana", asegura. "Todos sabemos que la dictadura de Nicaragua es una alumna y un brazo más de la dictadura cubana, como lo es también la dictadura venezolana", afirma en línea con lo expuesto por Berta Soler unas líneas más arriba. No obstante, Rosa María sigue confiando en la fuerza de la unión de su pueblo y el clamor popular que ya no se puede silenciar.

"Las protestas públicas dentro de la isla continúan ocurriendo", señala. De hecho "han ido creciendo en los últimos meses", lo que le lleva a pesar que -a pesar de padecer una terrible ola de represión por parte del régimen- "definitivamente es un pueblo que nunca renunció a su libertad y ahora está determinado a conquistarla". "Por eso es tan importante el apoyo de la comunidad internacional", advierte, "un factor que no se está cumpliendo".

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