¿Tú con quién vas en Venezuela?
María Corina Machado no es como aquel alcalde franquista de Alcobendas. Ni como Santiago Carrillo. Ni siquiera como Felipe González.
A principios de los 70 España era un hervidero de gente que aspiraba a todo cuando Franco se muriera. Que otro tránsito a la alternancia política ya estaba claro que no iba a haber. En los años 50 algunos incautos del PNV todavía soñaban con un gesto de Estados Unidos parecido a la extracción de Nicolás Maduro de Venezuela... pero su gozo se hundió en un negro pozo tan pronto el Tío Sam firmó los primeros tratados de defensa con la España franquista, aliviando su ostracismo internacional. A cambio de las bases, sí, pero también de la firme e inteligente promesa del dictador de que, si le dejaban morirse en la cama, tras él no vendría el diluvio sino la democracia.
Como en dictadura no se suelen convocar elecciones ni sale el CIS, el suspense era máximo: ¿quién se llevaría el gato al agua en cuanto se pudiera votar? Quien más quien menos intentaba poner en valor lo que tenía: por supuesto socialistas y comunistas, pero también la derecha democrática –que la había– y hombres de dentro del régimen que se consideraban los más idóneos para mantener el orden... dentro de un orden. Por ejemplo, a un alcalde franquista de Alcobendas se le ocurrió escribir a la Casa Blanca presumiendo de que todo el mundo le elogiaba su gran parecido físico con Richard Nixon. En Washington le contestaron con una notita de cortesía que inflamó la ambición del señor alcalde, lanzado a pedir una reunión con Nixon al grito de "¡Todos juntos por Vietnam!". Hubo que pararle los pies en seco. Otros, más sutiles, se hacían los interesantes con los diplomáticos norteamericanos de la época con diversas mañas y desigual fortuna.
Vamos, que lo que pasa ahora mismo en Venezuela no es nada nuevo, está inventado desde hace décadas y además casi, casi que lo inventamos aquí: un ni tú ni yo, un "de la ley a la ley", un transicionar del chavismo a la democracia a cámara lenta y pactada –no olvidemos que en España pasaron años enteros entre la muerte de Franco y la primera llamada a las urnas–, con todos los aspirantes a capitanear el futuro en lógica y comprensible tensión.
María Corina Machado no es como aquel alcalde franquista de Alcobendas. Ni como Santiago Carrillo. Ni siquiera como Felipe González, que tan gallardamente la arropó en Madrid, mientras al ministro Albares poco le faltaba para llamarla "gusana", en el mejor estilo Antonio Maestre. Habrá quien piense que a ella también le faltó cierta cintura institucional al negarse a reunirse con Pedro Sánchez. Pero yo me pregunto: ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Cuando vi la reciente y súbita concesión de la nacionalidad española a Leopoldo López –de la cual me alegro–, no pude dejar de pensar que la Moncloa sanchista y zapaterista estaba moviendo ficha. Para ir difuminando como quien no quiere la cosa la ventaja con que Edmundo González y María Corina Machado deberían partir en una eventual contienda electoral venezolana. Que su preferencia de futuro caballo ganador es otro.
Claro, así las cosas, y mientras dure la excepcionalidad política de Venezuela, mientras esperamos que el chavismo se muera, no exactamente en la cama, pero sí en el sofá, si los mismos que desde Madrid acusan a Washington de pastelear a favor de unos o de otros, pastelean a su vez a placer, ¿no es normal que los afectados tomen nota y pongan pie en pared, o lo intenten? Es que esto ya parece una Champions: ¿tú con quién vas en Venezuela? ¿Quién quieres que gane o que pierda... y por qué? ¿Nos lo confesarán algún día?
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