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Pedro Gil Ruiz

Pues sí, Irán ha perdido la guerra

Se está urdiendo un episodio de desinformación de los muchos que hemos visto desde que el 7 de octubre los terroristas de Hamás masacraron a miles.

Donald Trump en una ceremonia en la Casa Blanca. | Cordon Press/AP Photo/Jacquelyn Martin

Gracias a esos analistas y tertulianos que opinan con facundia de lo divino y lo humano –de la encíclica pasan a Ormuz en un santiamén– hemos sabido que el pérfido Netanyahu controló la voluntad del bocazas de Trump gracias a unos polvitos que el Mossad deslizó en la bebida del americano. Tras lo cual, pidió la guía mágica que el rabino Judah Loew escribió en el siglo XVI. En ella se detalla cómo dar vida al Golem. Cuenta la leyenda que Loew lo creó para proteger a los judíos de Praga. A principios del pasado año, en la Casa Blanca, una figura de arcilla –indetectable– recorre las estancias privadas del matrimonio Trump hasta encontrar al presidente. Este cabecea. La pócima israelí provoca visiones. Le susurra: "Tienes que hacerle la guerra a Irán. Mata a Alí Jamenei. Bibi es tu colega". Lo repitió tres veces y desapareció. Era el Golem de Netanyahu.

Dueño de su mente, el Gobierno de Israel engañó a los EEUU, que se enzarzaron en una guerra con un propósito incierto. Del judío es la culpa de que Trump haya salido trasquilado –según unos– y el Ejército estadounidense humillado –para otros–. Una derrota histórica de la que se alegran muchos... porque, además, aísla y debilita a Israel. Esto que les acabo de contar no es más que una adaptación de Los protocolos de los sabios de Sion. El problema es que algunos se lo creen. Se está urdiendo un episodio de desinformación, de los muchos que hemos visto desde que el 7 de octubre de 2023 los terroristas de Hamás, a las órdenes de Irán, masacraran a miles. Estamos ante un nuevo intento de convertir a Israel en el chivo expiatorio. ¡Genocidio!, exclaman en los platós. Ahora toca el Líbano.

¿Qué sucedió a mediados del año pasado? En 2015, los ayatolás firmaron un acuerdo que limitaba su programa nuclear, el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC). El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas lo ratificó mediante la Resolución 2231/2015 y levantó un paquete de sanciones. La resolución incluía un mecanismo de reimposición automática en caso de incumplimiento. En agosto de 2025, Alemania, Francia y el Reino Unido lo invocaron. En el comunicado conjunto se lee: "Actualmente, las reservas de Irán están completamente fuera del control del OIEA. Esto incluye 10 'cantidades significativas' de uranio altamente enriquecido, 10 veces la cantidad aproximada de material nuclear para el que no se puede descartar la posibilidad de fabricar un dispositivo explosivo nuclear. Ningún otro país sin un programa de armas nucleares enriquece uranio a tales niveles y a esta escala". La vigencia del Plan que Irán incumplió finalizaba el 18 de octubre de 2025. Se sabía que los ayatolás no lo prorrogarían. No negociarían un nuevo acuerdo. La acción diplomática de los gobiernos europeos estuvo precedida –junio de 2025– de una más contundente: los EEUU, coordinados con Israel, bombardearon las instalaciones nucleares de Fordo, Natanz e Isfahán.

Meses antes del ataque, según un informe publicado por el Congreso americano (Iran and Nuclear Weapons Production) la "Oficina del Director de Inteligencia Nacional alertaba –noviembre de 2024– de que las reservas de material fisible de Irán, de haberse enriquecido aún más, habrían sido suficientes para fabricar más de una docena de armas nucleares". Por su parte –mayo de 2025– la Agencia de Inteligencia de la Defensa "evaluó que Irán habría necesitado probablemente menos de una semana para producir esta cantidad de uranio altamente enriquecido".

Para evaluar el éxito o no de la campaña militar de los EEUU e Israel solo hay que responder una pregunta: ¿Es hoy Irán una amenaza nuclear? Según la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 en junio de ese año se "degradó significativamente" el programa nuclear. La Estrategia de 2026 afirma que los bombardeos de febrero lo "aniquilaron". En julio de 2025, un estudio del INSS, un instituto dependiente de la Universidad de Tel Aviv, estimaba que el ataque del mes anterior había dañado gravemente las tres principales instalaciones asociadas al programa de enriquecimiento de uranio, "hasta el punto de que su rehabilitación resulta improbable". El documento afirma que la Operación León Ascendente había reducido sustancialmente las capacidades nucleares de Irán, al que ya no se consideraría un Estado umbral, es decir, "capaz de enriquecer uranio al 90% para la producción de armas nucleares en un plazo de dos semanas tras una decisión política".

Lo anterior es información. Ahora, especulemos un poco. En plan tertuliano. Quizá, durante estos meses de guerra, la Administración estadounidense ha comprobado que el coste militar de acabar con los ayatolás mediante la fuerza –recuerden ese objetivo de cambio de régimen con el apoyo kurdo– era inasumible. La estrategia política ha evolucionado. Se diferencia entre las amenazas que pueden gestionarse y aquella –en singular– que es inadmisible. La influencia regional y el arsenal de misiles de Irán pertenecen a la primera categoría; un Irán con armas nucleares a la segunda. Inadmisible. Dentro de 60 días veremos.

Que unos fanáticos puedan borrar a Israel del mapa es una amenaza existencial. Hoy esa amenaza es menor. Mientras, nuestros furibundos ilustrados seguirán exigiendo a los judíos que cesen en su empeño de defenderse. ¿Acaso desconocen que han venido a este mundo para dejarse matar? Recordando a Golda Meir: "Podría entender que quisieran borrarnos del mapa. Pero ¿es que realmente pretenden que cooperemos con ellos en eso?".

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