El campo está en pie de guerra contra el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y Mercosur. Las tractoradas convocadas este jueves por varias asociaciones agrarias han ido ganando fuerza conforme avanzaba la mañana, con especial incidencia en Cataluña, donde se han producido cortes de tráfico en hasta diez puntos de la red viaria, incluido el acceso al puerto de Tarragona.
Los primeros cortes han comenzado a las 3.00 de la madrugada y entre los puntos más afectados destacan varios tramos de la AP-7 en la provincia de Gerona; la A-2 a la altura de Golmés y Bell-lloc d'Urgell (Lérida); la N-230 en Les Bordes (Lérida) y los accesos al puerto de Tarragona. Además, se han registrado problemas de circulación en la A-2 a la altura de Guadalajara, los accesos a Zamora, Pamplona, Soria y en las provincias de Burgos, Segovia o Valencia.
Las movilizaciones también se han producido en Francia, donde un grupo de agricultores ha colocado un tractor frente a la Asamblea Nacional; en Grecia, los agricultores han intensificado los bloqueos de carreteras y fronteras que ya se estaban produciendo desde hace un mes como protesta por el retraso en el cobro de subvenciones; en Alemania, diversos grupos de agricultores han bloqueado autovías en el norte y el este del país, incluidos algunos accesos a Berlín; y también en Bélgica se han registrado incidencias.
Qué es Mercosur y qué implica el acuerdo
Mercosur es un bloque comercial integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay (fundadores), Bolivia (en proceso de adhesión plena) y otros estados asociados como Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Panamá. Este bloque negocia desde hace dos décadas un acuerdo de libre comercio con la UE para reducir aranceles y facilitar el intercambio de bienes y servicios entre ambos mercados.
El pacto permitiría una mayor entrada en Europa de productos agroalimentarios sudamericanos —carne, cereales, azúcar, frutas o soja— a precios potencialmente más bajos, al tiempo que abriría esos mercados a exportaciones industriales y de servicios de las empresas europeas.
La firma del acuerdo entre la UE y Mercosur estaba prevista inicialmente antes de Navidad, según el calendario que manejaban Bruselas y varios gobiernos favorables al pacto. Sin embargo, la oposición frontal de países como Francia e Italia obligó a aplazar la decisión.
Por qué se opone el campo europeo
La principal queja de los agricultores europeos es el aumento de la competencia de países que no están sujetos a las mismas exigencias medioambientales, laborales y sanitarias que impone la Comisión Europea. En la UE, el uso de fitosanitarios, fertilizantes, antibióticos en ganadería, requisitos de bienestar animal o restricciones climáticas eleva considerablemente los costes de producción.
Desde el punto de vista del sector, competir con importaciones procedentes de países donde esas normas son menos estrictas —y por tanto más baratas de cumplir— supone una desventaja estructural que amenaza la viabilidad de muchas explotaciones.
A esto se suma el temor a que el incremento de importaciones presione aún más los precios en origen reduciendo los márgenes de los agricultores y acelerando el abandono de tierras y explotaciones familiares.
¿Alimentos más baratos para el consumidor?
Desde la perspectiva del consumidor, la entrada de productos más baratos puede traducirse en una moderación de los precios de algunos alimentos, algo especialmente relevante en un contexto de inflación acumulada en la cesta de la compra. Una mayor competencia y apertura comercial siempre tiende a beneficiar al consumidor final.
Sin embargo, el sector agrario advierte de que esa rebaja puede ser la soga con la que nos ahorcaríamos. Aseguran que cultivar no tendría sentido y esa merma de nuestra soberanía alimentaria acabaría suponiendo una mayor dependencia de terceros países, con el consiguiente riesgo ante crisis logísticas, conflictos o decisiones políticas externas.
Mientras las tractoradas continúan extendiéndose por toda Europa, muchos omiten que el problema no es el libre comercio, sino la apertura comercial a terceros países mientras nuestros agricultores siguen jugando con unas reglas restrictivas y costosas. El tablero se complica si a esto le sumamos el hecho de que gran parte de la actividad agrícola de la UE se sostiene gracias a un sistema totalmente distorsionado que sólo es viable gracias a subvenciones de la Política Agraria Común (PAC).



