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¿Mercosur nos dará de comer cuando vayamos a la guerra?

La agricultura es un arma de guerra. Lo ha sido a lo largo de toda la historia humana. Y siempre lo será.

La agricultura es un arma de guerra. Lo ha sido a lo largo de toda la historia humana. Y siempre lo será.
Centenares de tractores y personas protestan ante la sede de las Cortes por el tratado de Mercosur. | Europa Press

Se ha repetido un millón de veces que la genialidad de Estados Unidos para forzar el derrumbe económico de la Unión Soviética fue aquel proyecto de guerra de las galaxias con el que Ronald Reagan les obligó a desviar recursos destinados al consumo para la fabricación de armamento. Pero eso solo constituye una verdad a medias. Y es que otro factor clave en el colapso del socialismo real, pero que nunca se menciona en los análisis, fue el desabastecimiento agrícola.

En gran medida, la URSS cayó no porque unos sofisticadísimos misiles nucleares norteamericanos de última generación establecieran la superioridad militar definitiva de la OTAN sobre el Pacto de Varsovia, sino porque hubo una escasez dramática de trigo en Rusia, desabastecimiento que se tornó crítico a medida que avanzaba la década de los ochenta. Tampoco se dice nunca, pero la gran arma de Ronald Reagan para la derrota del comunismo fue ordenar la prohibición de todas las exportaciones cerealeras norteamericanas con destino a la Unión Soviética durante aquel periodo; y no sólo las norteamericanas, pues también extendió la misma prohibición a sus "aliados". Al punto de que incluso llegó a producirse un muy agrio enfrentamiento por ese asunto entre la dictadura militar de Argentina, que vendía trigo y carne a Rusia, y Estados Unidos.

La agricultura es un arma de guerra. Lo ha sido a lo largo de toda la historia humana. Y siempre lo será. He ahí una verdad de Perogrullo que nuestra muy anestesiada e idiotizada Europa posmoderna, la misma Europa anestesiada e idiotizada que descubrió en medio de una pandemia apocalíptica que ni simples mascarillas de tela era ya capaz de producir por sí misma, se empeña ahora en olvidar. Postular los añejos principios doctrinales del libre comercio como horizonte ideal para el funcionamiento del sector agrícola, esa necedad que se apresta a cometer la Unión Europea tras su acuerdo con Mercosur, no solo es ir contra nuestra economía, es ir contra la dirección de la Historia. Y ahí están los tres imperios de Trump, Putin y Xi para demostrarlo.

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