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La reforma Sánchez-Escrivá dinamita el sistema de pensiones

El actual modelo de cotizaciones está mal diseñado por una razón fundamental: penaliza la creación de empleo y la competitividad empresarial.

La sostenibilidad del sistema público de pensiones en España se encuentra en un punto de no retorno donde la aritmética choca frontalmente con la ideología. A pesar de los triunfalistas mensajes gubernamentales, la realidad de las cuentas de la Seguridad Social dibuja un escenario de vulnerabilidad extrema. La estrategia de elevar las cotizaciones sociales no es una solución de largo plazo, sino un paliativo que mantiene al sistema "moribundo" mientras asfixia el tejido productivo.

El actual modelo de cotizaciones está mal diseñado por una razón fundamental: penaliza la creación de empleo y la competitividad empresarial. En lugar de fomentar una base de cotizantes amplia y productiva, el Gobierno ha optado por un incremento de los costes laborales que actúa como un impuesto al trabajo. Lo cierto es que el aumento de la presión fiscal sobre las nóminas desincentiva la contratación, limitando la capacidad de ingresos genuinos del sistema. Además, se intenta cubrir el déficit estructural mediante transferencias directas del Estado y el mecanismo de equidad intergeneracional, ocultando la quiebra técnica de la Seguridad Social.

La subida de cotizaciones aprobada es insuficiente para compensar el gasto creciente derivado del retiro de la generación del baby boom. Al indexar las pensiones al IPC sin una reforma que incentive la productividad o ajuste la edad real de jubilación a la esperanza de vida, el sistema se condena a un déficit perpetuo. Cabe recordar que se han evitado las reformas estructurales necesarias, optando por parches que solo ganan tiempo a costa de las generaciones futuras. En consecuencia, la dependencia de la deuda pública para pagar las pensiones presentes hipoteca la viabilidad de las pensiones del mañana.

Por tanto, mantener el sistema bajo respiración asistida mediante subidas de impuestos al trabajo es una irresponsabilidad económica. Sin una reforma que reduzca la presión sobre las cotizaciones y aborde el gasto de forma realista, el sistema no solo seguirá moribundo, sino que terminará arrastrando consigo la prosperidad de todo el país.

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