
"Hoy es la primera vez que se asiste a este Ministerio de Trabajo, encabezado además por el presidente del Gobierno (...) Viene el presidente del Gobierno al Ministerio de Trabajo y no al revés" presumió ayer lunes, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en el acto de la firma de la subida del SMI en 2026.
Pedro Sánchez, que acaparó el protagonismo del acto desluciendo el papel de Yolanda Díaz, aprovechó para cargar contra la CEOE, que se ha negado a firmar la nueva subida de este sueldo artificial.
Nuevo golpe a las empresas con el SMI
En concreto, el último golpe a los empresarios consistirá en una subida del SMI del 3,1%, lo que elevaría el salario mínimo hasta los 1.221 euros mensuales en catorce pagas. Para el empleado, la subida de este sueldo artificial será de otros 37 euros más al mes, aunque el coste para el empresario será mayor debido a las cotizaciones sociales.
Subir el SMI cada año es una de las medidas estrella de Yolanda Díaz en esta legislatura, aunque no es la única. La ministra de Trabajo seguirá intentando reducir la jornada laboral (a pesar de haber fracasado por la negativa de Junts), las empresas tendrán que asumir también la entrada en vigor del registro horario en tiempo real, seguirá intentando aplicar el despido disuasorio y también planea imponer la presencia de los sindicatos en los consejos de administración de las compañías privadas y la cesión de parte del capital.
Más ideas que abandera Yolanda Díaz
Este último plan está dentro del informe que su "Comisión de Expertos sobre Democracia en el Trabajo" presentó a principios de mes y que, este martes, Yolanda Díaz ha trasladado al Consejo de Ministros. El extenso documento también analiza y propone numerosas medidas en el ámbito empresarial y económico. **También utiliza** una particular terminología en estas áreas. Una de las más llamativas es lo que han llamado "la economía del dónut".
Los "expertos" de Yolanda Díaz defienden lo que ellos llaman la "economía del dónut" porque tiene como punto de partida "cambiar el objetivo del crecimiento infinito del PIB por el de prosperar en el marco de este modelo de economía regenerativa".
"La economía del dónut reconoce que el comportamiento humano puede fomentarse para que sea cooperativo y solidario, al igual que puede ser competitivo e individualista" señalan los autores del documento, que Yolanda Díaz luego pretende poner en práctica. La tendencia liberticida y decrecentista de estos planteamientos es clara.
Los autores señalan que "en la línea de las obras de Tim Jackson (2016), es mejor replantear el crecimiento desde la perspectiva de la búsqueda de la prosperidad compartida, alejándose de la priorización de las ganancias de capital, los beneficios, el aumento de las cuotas de mercado y las ventas, y buscando la prosperidad de todos y del planeta. Esto tiene profundas implicaciones para los negocios y las finanzas".
Como era de esperar, el documento también mezcla el crecimiento económico con el medioambiente. "La rosquilla o dónut de los límites sociales y planetarios (a menudo denominada simplemente la rosquilla) es un marco visual que combina estos dos conceptos fundamentales: un techo ecológico de límites planetarios y una base social de bienestar humano (Raworth, 2017)" señalan en una confusa explicación.
El objetivo es lograr un espacio seguro y justo para la humanidad, una zona con forma de dónut en la que el uso de los recursos esté por encima del nivel necesario para satisfacer las necesidades básicas de las personas (evitando el agujero en el centro, que representa el déficit social), pero por debajo del nivel que conlleva un riesgo sustancial de sobrepasar los nueve límites planetarios (evitando sobrepasar el techo ecológico) (Raworth, 2017). Este marco prevé una economía regenerativa y distributiva que funcione dentro de estos límites (Raworth, 2017)".

"Superar las dependencias actuales del crecimiento (es decir, las consecuencias negativas para el bienestar de la ausencia de crecimiento, véase Keyßer et al., 2025) y acelerar la transición requiere cambios sistémicos. Las empresas sostenibles necesitan condiciones favorables, como mecanismos de mercado (por ejemplo, la fijación de precios del carbono), una regulación eficaz (por ejemplo, normas y prohibiciones), infraestructuras habilitadoras (por ejemplo, para la circularidad) y redes informativas (por ejemplo, que promuevan modelos de negocio sostenibles)" consideran.
Además, "al dar a los trabajadores —junto con otras partes interesadas, como la naturaleza o las comunidades— una voz significativa y participación en la toma de decisiones corporativas, las empresas pueden alinearse con el bienestar a largo plazo tanto de las personas como del planeta" añaden ignorando pilares tan básicos como que los beneficios empresariales son imprescindibles para la generación de riqueza de cualquier país.




