
En cuestión de apenas seis semanas desde la toma de posesión del nuevo alcalde de Nueva York, el socialista Zohran Mamdani, el Ayuntamiento ha pasado del discurso de expansión del gasto social a reconocer la necesidad de subir impuestos y recurrir incluso a reservas extraordinarias para cuadrar las cuentas municipales.
Mamdani llegó a la alcaldía a comienzos de 2026 con un programa explícito de rechazo a la austeridad, defendiendo que los problemas de la ciudad no debían abordarse mediante recortes de servicios, sino a través de una mayor contribución fiscal de las rentas altas y una expansión del gasto público orientada al bienestar. En declaraciones públicas al inicio de su mandato, subrayó que su administración no repetiría "las políticas de austeridad del pasado" y que la ciudad debía "invertir más, no menos, en servicios esenciales".
No obstante, su planteamiento político se ha encontrado rápidamente con las cifras del presupuesto, cuyo planteamiento preliminar para el ejercicio fiscal 2027 asciende a unos 127.000 millones de dólares. A pesar de la retórica expansiva que planteó el nuevo regidor, los documentos municipales reconocen que, con los ingresos previstos y el gasto ya comprometido, el desfase fiscal será de aproximadamente 5.400 millones de dólares.
Subida de impuestos y uso de reservas extraordinarias
Esta cifra no corresponde a deuda acumulada, sino a un déficit previsto para un solo ejercicio: es la diferencia entre lo que la ciudad espera recaudar y lo que planea gastar si no se adoptan medidas adicionales. Para cubrir el agujero, el equipo de Mamdani ha planteado una combinación de dos instrumentos:
1. En primer lugar, una subida del impuesto a la propiedad cercana al 9,5%, con una recaudación adicional estimada en torno a 3.700 millones de dólares anuales. Este impuesto grava viviendas y locales comerciales y constituye una de las principales fuentes de financiación municipal.
2. En segundo lugar, el uso de reservas extraordinarias. En concreto, se prevé retirar cerca de 1.000 millones de dólares del fondo de emergencia, diseñado para afrontar recesiones o crisis imprevistas, y unos 230 millones del fondo fiduciario destinado a cubrir los gastos sanitarios de los empleados municipales jubilados. Este último fondo fue creado para hacer frente a una obligación futura concreta y creciente. Su utilización permite cerrar el presupuesto a corto plazo, pero no elimina la obligación subyacente, que deberá afrontarse en ejercicios posteriores.
Con la subida propuesta del impuesto a la propiedad, un propietario medio, que actualmente paga entre 6.000 y 8.000 dólares anuales para cumplir con sus obligaciones fiscales en el ámbito de la tributación inmobiliaria pasará a soportar una factura adicional de entre 600 y 800 dólares. Se estima que la renta de los hogares se reducirá entre un 2% y un 3%, como resultado de esta subida de impuestos. Huelga decir que, en el caso de los inmuebles que estén dedicados al arriendo, serán los inquilinos quienes terminen pagando el gravamen, en forma de alquileres más caros.
Desafíos estructurales y límites del gasto
Más allá del ajuste inmediato, las proyecciones a medio plazo muestran desequilibrios recurrentes que Mamdani tendrá que abordar. Si para el ejercicio 2027 se anticipa un desfase del orden de 4.700 millones de dólares, la previsión de 2028 apunta a una brecha de 6.300 millones, lo que anticipa nuevas medidas fiscales de ajuste, esas que fueron radicalmente vilipendiadas por el actual alcalde, cuyo discurso se ha topado de bruces con la realidad tras menos de dos meses de gestión.
Las cifras de NYC reflejan un patrón de gasto estructural superior a los ingresos ordinarios. Peor aún, los informes del interventor municipal señalan que determinados gastos recurrentes suelen presupuestarse por debajo de su coste real, lo que tiende a ampliar el desequilibrio conforme avanza la ejecución del presupuesto, apuntando así a nuevos ajustes en 2026, 2027 y 2028.
En paralelo a la presentación de estas cifras, Mamdani ha reiterado públicamente su rechazo a la austeridad como herramienta de ajuste y ha insistido en que su prioridad es evitar recortes directos en servicios públicos. Asimismo, ha atribuido parte del desequilibrio a decisiones presupuestarias heredadas de la administración anterior, que no obstante formaba parte del mismo Partido Demócrata por el que concurrió a la alcaldía.
El episodio pone de manifiesto la rapidez con la que el debate político sobre el gasto público se enfrenta a restricciones presupuestarias concretas. En cuestión de unas pocas semanas, una administración que había construido su legitimidad con un discurso que iba hablando de una alternativa contra la austeridad ha tenido que reconocer la necesidad de subidas fiscales y de decisiones extraordinarias para cumplir con el equilibrio presupuestario. Los datos muestran que incluso una ciudad con una base fiscal amplia y un presupuesto récord se encuentra con límites claros cuando el crecimiento del gasto supera al de los ingresos recurrentes.
El ajuste no desaparece: se materializa en impuestos más altos, uso de reservas y compromisos trasladados al futuro. Y, por este camino, la retórica de Mamdani termina alineada con los más firmes partidarios de la "austeridad" que tanto dijo rechazar.


