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Sabadell

Baterías de silicio 'made in Madrid' para acabar con el monopolio chino

Floatech desarrolla baterías que prometen mil kilómetros de autonomía y cargas completas en diez minutos.

En la nave de Floatech en Getafe, Madrid, no hay prototipos de coches ni pantallas futuristas. Hay un reactor, bobinas de material y un equipo pequeño concentrado en resolver un problema muy concreto de las baterías actuales.

Desde allí, su consejero delegado, Fernando Celaya, trata de explicarlo sin tecnicismos: "Floatech fabrica un componente para todo tipo de baterías, las del coche eléctrico sobre todo, que mejora las condiciones actuales. Es la nueva generación de baterías".

El problema que quieren resolver está en el ánodo, la zona de la batería donde se almacenan los iones durante la carga. Hoy, casi todos los ánodos del mundo dependen del grafito, un material caro, contaminante y, según Celaya, "controlado en un 90% por China", lo que tensiona la cadena de suministro y limita la capacidad de producir sistemas más potentes. "Es como el corazón de la batería y ha llegado a su límite: está cansado y ya no puede bombear más energía", explica.

Floatech propone sustituir el grafito por silicio puro, que puede almacenar mucha más energía. En su planta madrileña, el proceso parte de un gas del que se obtiene "una especie de papel de silicio puro que se emplea en esas baterías de nueva generación". El resultado es "una bobina de material que se integra directamente en las gigafactorías, en las fábricas actuales de automóvil, para producir las nuevas baterías de estado sólido".

¿En qué se traduce esto? "En eliminar totalmente la ansiedad del conductor", responde Celaya. Y es que estas baterías podrán cargarse en 10 minutos y ofrecer "más de 1.000 kilómetros de autonomía" con el tamaño actual. "La experiencia del conductor será la de un coche de combustión; cargará en el mismo tiempo y tendrá incluso más rango", afirma.

Antes de llegar al coche —su "destino final"—, aterrizarán primero en la electrónica. La razón, admite el CEO, es que resulta más viable escalar primero en dispositivos que requieren menos superficie y menos material. Si esta tecnología se aplicara hoy a un teléfono, asegura, "el proceso de carga completa duraría 15 minutos y la batería podría aguantar siete días con un uso habitual".

El calendario que manejan sitúa la llegada de estas baterías a nuestros móviles en 2027-2028 y a la automoción en 2029-2030. El reto ahora es productivo: fabricar suficiente material para un mercado masivo.

En la actualidad, la tecnológica trabaja con un "gemelo digital" del reactor, que simula el comportamiento del gas. El uso de esta inteligencia artificial ha permitido que, si antes un proceso así requería diez años, ahora pueda completarse en "tres años y medio o cuatro". "Es menos de la mitad de tiempo y estamos empezando", destaca.

Detrás de Floatech hay un equipo de nueve personas —cuatro de ellas doctores especializados en Deep Tech— y casi una década de trabajo. El proyecto nació en 2016 y, tras años de I+D, en 2021 se constituyó la empresa y se instaló el reactor de demostración que hoy permite enviar muestras a cliente, vender y avanzar en la cualificación del material.

"Somos capaces de hacer kilotoneladas de nanomateriales", explica Celaya, lo que significa producir grandes volúmenes de un material extremadamente ligero.

Es por ello que Floatech supone, en palabras del CEO, "una tremenda oportunidad para empezar a tener capacidad de producción y soberanía en la tecnología; que no dependamos de China". Más aún en un contexto en el que Europa busca reforzar su autonomía industrial y dejar de ser "simplemente un mercado de consumo". Como ocurre en la mayoría de los proyectos industriales de largo recorrido, el respaldo financiero ha sido determinante. "En el 2025 hicimos otra ronda de un millón de euros, en la que, además de los socios que ya nos acompañaban, entró también Banco Sabadell", responde.

Al final de la conversación, Celaya insiste en poner el foco en "la importancia de los nuevos materiales". Y, en paralelo, en la necesidad de apoyar a las deep tech de hardware. "Son fundamentales. Necesitan apoyo, impulso y desarrollo para que podamos ofrecer estos resultados", reivindica.

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