Según los datos del INE, España presenta una serie de desequilibrios terribles. Unos desequilibrios que han empeorado por la acción del Gobierno. Podemos empezar comentando que, mientras entre 250.000 y 300.000 personas en España cobran más de 100.000 euros al año, según el INE, el número de personas que tienen que cobrar el Ingreso Mínimo Vital supera los 2,4 millones de personas.
Más desequilibrios: Tenemos los salarios reales estancados durante los últimos 30 años, mientras que en los últimos 8, durante el Gobierno de Sánchez, hemos perdido prácticamente un cuarto de nuestro poder adquisitivo vía inflación. Y con todos estos datos, tenemos que aguantar que nuestros políticos quieran darnos lecciones de cómo se debe solucionar el problema:
Han escuchado a Yolanda Díaz y a Unai Sordo afirmar muy campanudos que primero son los salarios y luego la productividad. Y es que en esto, el Gobierno tiene un cacao enorme. Al profesor Bastos, el gran Miguel Anxo Bastos Boubeta, para hablar de capitalismo y productividad le gusta comparar a los agricultores españoles con los de las regiones más pobres de África o Asia, donde se necesitarían ingentes cantidades de mano de obra y extensiones de terreno para poder producir lo mismo que un agricultor español con la ayuda de un tractor y una cosechadora.
Y aquí está la clave. Cuando la productividad permite acumular capital y este se va invirtiendo para mejorar la productividad, la evolución misma hace que cada vez sea necesario el empleo de menor carga de trabajo para obtener mejores resultados. Pero la condición previa es la de mejorar la productividad, reinvertir los ingresos en bienes de capital, como las cosechadoras o los tractores, y así incrementar de nuevo la productividad en un círculo virtuoso que permite a un solo hombre en España producir muchísimo más que cientos de hombres y animales en las zonas más pobres de África.
El problema que tienen nuestros políticos de izquierdas es que se hacen trampas al solitario a la hora de resolver la ecuación: si el incremento de productividad entraña menos horas de trabajo y mayores beneficios, su solución es sencilla: obliguemos por ley a subir los salarios y reducir las horas de trabajo y entonces llegará el incremento de productividad. Sí. Esto es lo que está proponiendo la izquierda.
Mientras tenemos problemas de muy difícil solución, como la relación entre la subida meteórica del SMI y la productividad, como dice hoy Juan Manuel López Zafra, en un artículo muy interesante. Zafra hace los cálculos y concluye que, con datos oficiales en la mano, el salario por hora implícito se ha disparado cerca del 70% desde 2018, mientras las horas trabajadas efectivas medias por ocupado han caído en torno al 6%. Es decir, que mientras sube con intensidad el SMI baja el promedio de horas trabajadas.
Y, de nuevo, esto tiene implicaciones concretas sobre la productividad, el gran talón de Aquiles español. La productividad por puesto de trabajo se mantiene estancada desde 2018, mientras que el gasto público ha crecido en más de 250.000 millones de euros más desde que gobierna. Solo en deuda pública ha incrementado hasta los 540.000 millones de euros. Y la subida de impuestos ha sido real. En total 130.000 millones de euros más al año que en 2018. En definitiva, con estos desequilibrios no es de extrañar que la situación económica de muchas familias sea crítica y además se han cronificado.

