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Un experto revela cómo las leyes de Sánchez castigan a los que menos tienen para acceder a una vivienda

El diagnóstico es claro: la vivienda en España se ha convertido en un "gasto rígido" que castiga la movilidad social y el ahorro.

España atraviesa una crisis habitacional que ya no es coyuntural, sino sistémica y cuyo origen trasciende unos hipotéticos errores de mercado. Todo lo contrario, la intervención sistemática del Estado, del Gobierno de Pedro Sánchez, está detrás de las dificultades que hoy tenemos para poder adquirir una vivienda. Los datos son demoledores: el gasto residencial medio ha escalado un 13% en el último lustro, situándose en los 690 euros. Sin embargo, tras estas cifras no solo reside un problema de precios, sino una profunda erosión de la libertad económica y una asfixiante falta de oportunidades para las nuevas generaciones.

El diagnóstico es claro: la vivienda en España se ha convertido en un "gasto rígido" que castiga la movilidad social y el ahorro. Resulta alarmante que el primer quintil de renta deba destinar el 36,2% de sus ingresos al hogar, mientras que los nuevos propietarios, aquellos que han intentado construir un patrimonio entre 2019 y 2024, ya sufren un esfuerzo financiero del 34,1%. Estamos ante un sistema que, lejos de incentivar la propiedad, levanta muros burocráticos y fiscales.

La vulnerabilidad se ceba con los jóvenes y los hogares unipersonales. La incapacidad de generar economías de escala no es un fallo del mercado, sino la consecuencia de una oferta estrangulada. Durante décadas, la inseguridad jurídica —agravada por leyes que protegen la okupación y limitan los precios— ha espantado la inversión y ha reducido el parque de alquiler disponible. El resultado es que los inquilinos soportan hoy un esfuerzo del 33,5%, superior incluso a quienes tienen una hipoteca.

Las brechas territoriales en Cataluña, Madrid y Baleares no son casuales; son el reflejo de zonas donde la actividad económica es vibrante pero la gestión del suelo es prehistórica. No falta suelo en España; falta libertad para transformarlo. La rigidez administrativa convierte la obtención de licencias en una carrera de obstáculos que encarece el producto final antes de que se ponga el primer ladrillo.

No saldremos de esta crisis con más subsidios que solo inflan los precios, ni con controles de renta que destruyen la oferta. La solución exige una liberalización real del suelo para que la oferta responda a la demanda, seguridad jurídica total para que los propietarios se atrevan a alquilar y una reducción de la carga fiscal (IVA, ITP, AJD) que penaliza a quienes buscan su primera oportunidad. Si seguimos tratando la vivienda como un sector tutelado y sobrerregulado, seguiremos condenando a los jóvenes al sobreesfuerzo y a la dependencia. Es hora de dejar de ver al mercado como el problema y empezar a entender que el intervencionismo es el verdadero techo de cristal de nuestra sociedad.

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