
El Mobile World Congress (MWC) de Barcelona se ha convertido en el escenario de un experimento de control social disfrazado de 'hackeo creativo'. Bajo el sello de @misogynyworldcongress, los publicistas Mireia Amorós y Óscar Hernández han desplegado una infraestructura de engaño que utiliza la inteligencia artificial para generar perfiles de mujeres ficticias. El objetivo no es otro que interceptar a los congresistas interesados en servicios de acompañamiento para someterlos a un 'baño de realidad' y reproche moral.
Engaño digital y señalamiento físico
La campaña opera como un 'caballo de Troya'. Los activistas han inundado los parabrisas de vehículos y las inmediaciones de la Feria de Gran Vía con tarjetas que imitan la estética de las agencias de escorts de lujo. Al escanear el código QR, el usuario —que cree acceder a un catálogo de servicios— es redirigido a una cuenta de Instagram donde, tras unos segundos de vídeo, el contenido se corta para mostrar mensajes abolicionistas. Según los creadores, buscan generar un 'segundo de confusión' que fuerce la reflexión del usuario.
Vigilancia telefónica y 'reeducación'
La ofensiva incluye un número de teléfono real destinado a captar llamadas de potenciales clientes. En lugar de una interlocutora, los usuarios se encuentran con un contestador automático que emite sermones en inglés sobre la supuesta 'explotación sexual' vinculada al éxito empresarial. Los promotores de la iniciativa incluso han llegado a grabar conversaciones con taxistas mediante cámaras ocultas, intentando demostrar la existencia de redes de comisiones por traslados, una práctica que criminaliza la actividad de los profesionales del transporte y el ocio nocturno en la ciudad.
El uso de la IA como blindaje moral
Para evitar conflictos legales o éticos directos con mujeres reales, los activistas han recurrido a la generación de modelos por IA. Estos algoritmos replican el lenguaje corporativo del sector, utilizando conceptos como 'celebración tras el networking' para atraer a un perfil ejecutivo. Los autores de la campaña justifican este hostigamiento basándose en un supuesto aumento del 30% en la demanda de prostitución durante la feria, un dato que utilizan para cuestionar un sector que, si bien ha visto reducido el uso de tarjetas corporativas, sigue siendo una opción de libertad privada para miles de visitantes.


