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El euro digital como herramienta de opresión

Del papel moneda que financiaba guerras al euro digital: la misma lógica de confiscación y control se repite tres siglos y medio después.

Del papel moneda que financiaba guerras al euro digital: la misma lógica de confiscación y control se repite tres siglos y medio después.
Euro digital. | Unsplash/Jakub Żerdzicki

El Banco de Estocolmo fue el primero en Europa que emitió papel moneda. Lo hizo en 1661 como medida de "emergencia". Es decir que, antes de ese año, durante toda la antigüedad, el Medioevo y hasta bien entrada la Edad Moderna, solo circularon en Europa monedas metálicas.

En Inglaterra, la emisión de papel moneda recién comenzó en 1694. El motivo fue también la necesidad de financiar gastos del Gobierno, que en ese momento estaba en guerra contra Francia –se estaba combatiendo la Guerra de los Nueve Años en la que, básicamente, Inglaterra y España luchaban contra el "Rey Sol"–.

Estos casos muestran que el papel moneda oficial –no las letras de cambio que usaban los mercaderes en el Medioevo– no surgió por una necesidad de "servicio", para dar mayor comodidad a la gente, sino todo lo contrario: su origen es una forma encubierta y mucho más rápida de cobrar impuestos, normalmente para financiar alguna guerra. En lugar de todas las dificultades y el tiempo que se necesitaba para recaudar tributos, simplemente se imprimía papel moneda, que era presentado como algo "equivalente" a la moneda metálica, solo que su entrega se postergaba para algún momento futuro.

Las formas cambian, el fondo no

Han pasado los siglos y las formas han cambiado, pero el fondo es el mismo. La emisión descontrolada del Banco Central Europeo para comprar títulos públicos y financiar el gasto de los Gobiernos llevó a que el euro –del cual, en teoría, es su "custodio"– perdiera el 21% de su valor desde diciembre de 2020 hasta aquí, con una inflación media anual durante ese período de 4,3% –¡el doble de su meta de inflación!–. Más claramente: el BCE hizo que el dinero que la gente tiene en su bolsillo y sus saldos en cuentas corrientes puedan comprar ahora un 21% menos de mercancías y servicios de los que compraban en diciembre de 2020.

Según la época, el papel moneda fue una herramienta de opresión –porque sin moneda metálica, por ejemplo, no se podía viajar al exterior ni importar mercancías– o de confiscación –por la pérdida de poder adquisitivo–, siempre en contra del interés del hombre común.

Confirmando que las formas cambiaron, pero el fondo no, una tragedia viene evolucionando en nuestros días: el intento del Banco Central Europeo de que el euro pase de ser una herramienta de confiscación a una de opresión. Ese es el riesgo último del "euro digital".

Un dinero programable desde Fráncfort

El "euro digital" no nace como una demanda de los usuarios del euro; de hecho, no ofrece ninguna ventaja porque, aunque con limitaciones, ya podemos disponer de nuestro dinero, sea en efectivo, sea pagando con tarjetas o haciendo transferencias.

El "euro digital" no tiene ventajas, pero sí muchos inconvenientes. Como será programable, un clic en Fráncfort podría acortar su vida útil –para obligarte a gastarlo–, limitar la posibilidad de comprar ciertos productos –¿carne vacuna, gasolina, tabaco?– o incluso restringir su alcance geográfico –para que, por ejemplo, solo puedas gastarlo en tu provincia o que no puedas usarlo en ciertos países–.

Además, cada transacción quedará registrada, con precisión de céntimos, al alcance de los Gobiernos.

El "euro digital" es, potencialmente, la herramienta de control social con la que hubieran soñado Hitler o Stalin. Sin embargo, pocos días atrás, este proyecto liberticida se aprobó en una Comisión del Parlamento Europeo. El último paso para hacerlo realidad será la votación del proyecto en el pleno del Parlamento.

Te dirán que será más práctico y que todos los riesgos que señalamos son mentiras, invenciones de los "ultras". Te recuerdo que los que defienden el "euro digital" son los mismos que apoyaron todo tipo de medidas liberticidas durante la pandemia, por lo que los antecedentes son inquietantes.

Querrán más: tan pronto aprueben –ojalá no lo logren– el "euro digital", buscarán limitar aún más el uso del efectivo hasta eliminarlo, alegando "modernidad", "practicidad" y "ahorro de costes".

Ya sabes qué hacer: usar el efectivo todo lo que puedas –para no darles argumentos– y deshacerte de todos los "euros digitales" que algún día puedan llegarte, cambiándolos por stablecoins u otros activos.

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