
La capital de España se prepara para vivir uno de los momentos más arraigados y esperados de la Semana Santa. Este sábado, las calles del centro histórico de la ciudad acogerán la tradicional procesión que protagoniza la Real e Ilustre Congregación de Nuestra Señora de la Soledad y Desamparo. Este desfile penitencial, que destaca por su recogimiento y solemnidad, culminará con el emotivo momento en el que la figura mariana se cruce con su hijo, conformando una estampa imborrable para los fieles y visitantes que se congregan en el corazón de Madrid.
El solemne cortejo tiene previsto iniciar su recorrido a las 16:00 horas desde su sede canónica, la iglesia de la Concepción Real de Calatrava, situada en el número 25 de la céntrica calle Alcalá. Sobre los hombros de sus portadores procesionarán dos obras de indudable valor artístico y devocional. Por un lado, la imagen de Nuestra Señora de la Soledad y Desamparo, una bella talla anónima del siglo XVIII atribuida al escultor Juan Pascual de Mena. Esta pieza representa a la Virgen María con la cabeza delicadamente inclinada, sumida en el llanto y con las manos unidas en una profunda actitud orante.
Acompañando a su madre, procesionará también la sobrecogedora imagen del Cristo Yacente. Esta escultura, elaborada en los prestigiosos Talleres de Olot durante el siglo XX y que alcanza una envergadura de 1,80 metros, destaca por su crudo realismo anatómico. Los artistas plasmaron con meticulosidad los estragos del martirio, mostrando detalles desgarradores como el severo hematoma del hombro ocasionado por el peso del madero, las manos inflamadas por la herida de los clavos, así como las profundas señales en la frente donde llevó ceñida la corona de espinas. La expresión final se completa con la boca y los ojos entreabiertos, reflejo del último aliento.
En este contexto de duelo, el hábito de los nazarenos refleja el luto propio de esta solemne jornada litúrgica. Los hermanos que acompañan a las imágenes visten un austero hábito negro complementado con el tradicional tercerol del mismo tono. Para diferenciar los tramos, aquellos que integran el cortejo de la Virgen añaden a su indumentaria una capa, un cíngulo y unos guantes de inmaculado color blanco, simbolizando la pureza mariana, mientras que el paso del Cristo Yacente mantiene la estricta uniformidad oscura en señal de máximo respeto.
El itinerario previsto transformará las principales arterias de la ciudad en un templo al aire libre. La imagen mariana avanzará por la calle Alcalá hacia la emblemática Puerta del Sol, discurriendo posteriormente por la calle Mayor, la travesía de Bringas y las plazas de San Miguel y del Conde de Miranda. Por su parte, la talla cristífera compartirá el tramo inicial, pero al alcanzar la calle Mayor continuará de frente hasta llegar a la plaza de la Villa. Será en este histórico emplazamiento donde, en torno a las 18:30 horas, se produzca el esperado encuentro, uniendo ambos séquitos para el camino de regreso.
Tras este momento cumbre, la procesión unificada emprenderá el retorno hacia su templo atravesando enclaves señeros como la calle Arenal y la carrera de San Jerónimo. Esta manifestación pública de fe cuenta con el respaldo de una historia centenaria. De hecho, la congregación que la organiza atesora más de trescientos años de vida, tal y como acreditan sus primeros estatutos. Aquellos documentos fundacionales fueron aprobados en su día por el arzobispo de Toledo, máxima autoridad religiosa de la diócesis a la que la capital pertenecía en aquel lejano periodo histórico.