LD (Agencias)
Las barricadas levantadas por el Ejército filipino en el centro comercial “Glorieta” del distrito financiero de Makati fueron desmanteladas, mientras que varios barrenderos limpiaron las calles varias horas antes de que abrieran las oficinas y los establecimientos de la zona. Mientras, los analistas locales advirtieron de las posibles graves repercusiones de la intentona golpista sobre la economía filipina y pronosticaron que el valor del peso filipino caerá al inicio de la actividad financiera de este inicio de semana.
Las autoridades locales reconocieron que lo ocurrido tendrá un efecto profundo sobre la economía filipina en su totalidad. “Es cierto que este incidente tendrá un efecto negativo sobre nuestra economía”, afirmó el ministro filipino de Comercio e Industria, Manuel Roxas, quien agregó que “el sector empresarial queda afectado”. Los sublevados se atrincheraron en la madrugada del domingo en el edificio de “Oakwood” y exigieron la dimisión de la presidenta Gloria Macapagal Arroyo; del ministro de Defensa, Angelo Reyes; del responsable de la Inteligencia Militar, Víctor Corpus; y del jefe de la Policía Nacional, Hermógenes Ebdane.
Los amotinados les acusaron de corruptos, de orquestar los atentados que los pasados meses de marzo y abril dejaron 35 muertos en la sureña ciudad de Davao, de los que se culpó oficialmente al Frente Moro de Liberación Islámica; y de vender armas a los grupos insurgentes filipinos. Pero tras varias horas de negociaciones con representantes de la Administración de Macapagal Arroyo, los sublevados se rindieron y desactivaron los explosivos que habían colocado en el centro comercial. La presidenta aseguró que los 296 militares sublevados, de ellos setenta oficiales, no recibirán ningún tratamiento especial y serán investigados.
Las autoridades locales reconocieron que lo ocurrido tendrá un efecto profundo sobre la economía filipina en su totalidad. “Es cierto que este incidente tendrá un efecto negativo sobre nuestra economía”, afirmó el ministro filipino de Comercio e Industria, Manuel Roxas, quien agregó que “el sector empresarial queda afectado”. Los sublevados se atrincheraron en la madrugada del domingo en el edificio de “Oakwood” y exigieron la dimisión de la presidenta Gloria Macapagal Arroyo; del ministro de Defensa, Angelo Reyes; del responsable de la Inteligencia Militar, Víctor Corpus; y del jefe de la Policía Nacional, Hermógenes Ebdane.
Los amotinados les acusaron de corruptos, de orquestar los atentados que los pasados meses de marzo y abril dejaron 35 muertos en la sureña ciudad de Davao, de los que se culpó oficialmente al Frente Moro de Liberación Islámica; y de vender armas a los grupos insurgentes filipinos. Pero tras varias horas de negociaciones con representantes de la Administración de Macapagal Arroyo, los sublevados se rindieron y desactivaron los explosivos que habían colocado en el centro comercial. La presidenta aseguró que los 296 militares sublevados, de ellos setenta oficiales, no recibirán ningún tratamiento especial y serán investigados.